Los amistosos contra Mauritania y Zambia no importan pero definen todo en la Selección

Argentina enfrentará rivales menores, pero la verdadera competencia no estará en la cancha. En Ezeiza, Scaloni empieza a decidir la lista del Mundial en un partido silencioso y determinante.

DÍAS DETERMINANTES. Scaloni tiene encaminada la lista de jugadores que llevará al Mundial, aunque varios se juegan su lugar en esta ventana. DÍAS DETERMINANTES. Scaloni tiene encaminada la lista de jugadores que llevará al Mundial, aunque varios se juegan su lugar en esta ventana.
Bruno Farano
Por Bruno Farano Hace 2 Hs

Mientras el calendario marca dos amistosos contra Mauritania y Zambia, que generaron más críticas que otra cosa, la Selección Argentina empieza a jugar algo mucho más importante que esos 180 minutos. Porque, aunque a muchos les cueste decirlo en voz alta, estos partidos sirven de poco hacia afuera. Sin embargo, lo son todo hacia adentro.

Para el hincha, el análisis es inmediato. Son rivales menores que darán poca exigencia y una oportunidad desperdiciada en la previa del Mundial. Más todavía después de la caída de la Finalissima contra España, ese duelo que sí prometía una medida real. Como contrapartida, lo que se viene parece ser una escala innecesaria. Pero para Lionel Scaloni la lógica parece ser otra.

El DT no mira a Mauritania ni a Zambia, sino que mira a los suyos. Los observa en cada entrenamiento y en cada movimiento porque la verdadera competencia no está enfrente, sino al lado. La lucha es interna, silenciosa, y mucho más exigente de lo que cualquier rival podría proponer.

Sí; en cada entrenamiento en el predio de Ezeiza se juega el partido principal. No hay puntos en juego, pero sí cupos para viajar a la máxima cita. No hay tabla de posiciones, pero sí una lista que todavía no está cerrada. Por ese motivo, para varios futbolistas esta ventana internacional no es un trámite, sino la última oportunidad de subirse al avión de los que intentarán defender la corona en Estados Unido, México y Canadá.

En ese escenario, los nombres propios tienen peso diferente. Está el núcleo duro (los campeones del mundo) que llega para reafirmarse. Pero detrás hay una segunda línea que empuja, que incomoda y que pide a grito una chance. Jugadores que saben que necesitan días perfectos para convencer a Scaloni, un DT que no decide sólo con mirar un partido.

Ese es el método que usó siempre el nacido en Pujato y que sostendrá a cualquier precio. Y si afuera se discute el nivel de los rivales, puertas adentro el mensaje es otro. “Antes de Qatar tampoco hubo amistosos exigentes”, defendió Enzo Fernández. “El foco está en otro lado”, lanzó Alexis Mac Allister.

La Selección no está buscando medirse, la idea pasa por construirse. Y ese contexto, incluso Lionel Messi queda envuelto en una lógica diferente. Estos podrían ser sus últimos partidos en el país con la camiseta argentina, un dato que en otro momento lo abarcaría todo. Pero ahora no, porque ni siquiera eso logra correr el eje de la cuestión.

Quién entra en la nómina a último momento, quién retiene su lugar o quien se baja en el último suspiro. Ahí aparece otra capa del análisis. En estos dos juegos todos competirán por algo.

La Selección se enfrenta a un filtro, antes del corte definitivo

Y en ese juego, los rivales pierden importancia, indiferentemente de su nombre. Porque no hay exigencia externa que supere la presión interna de saberse evaluado en cada detalle y porque no hay resultado que pese más que una decisión técnica.

Lo que se le viene a la Selección no debe leerse como una preparación convencional, porque no lo es. Es una especie de filtro final antes del corte definitivo.

Mientras el resto del mundo aprovecha para medirse entre potencias, Argentina se mide a sí misma. Y eso, lejos de ser una desventaja, es una elección.

O, en todo caso, una adaptación inteligente a las circunstancias. Porque la imposibilidad de jugar contra España o de conseguir rivales de mayor jerarquía no modificó el plan de fondo. Apenas cambió el contexto. El objetivo sigue siendo el mismo: llegar al Mundial con un grupo sólido, definido y convencido. Lo demás es parte del cotillón.

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