Recuerdos fotográficos: 1980. El actor de “Expreso de medianoche” visita Tucumán

En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

Recuerdos fotográficos: 1980. El actor de “Expreso de medianoche” visita Tucumán
Por Roberto Delgado y Jorge Olmos Sgrosso 12 Marzo 2026

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El periodista Marcelo Aguaysol recordó ayer que Brad Davis, el actor de la película “Expreso de medianoche”, de Alan Parker, había estado en Tucumán en 1980.

Fue el 21 de diciembre, cuando fue recibido en el aeropuerto por una multitud que logró vencer el cerco policial para entrar a la pista a saludarlo apenas bajado del avión y pedirle autógrafos, situación que se repitió cuando llegó al hotel céntrico donde se hospedó. Allí, sobre el techo de un auto, recibió nuevas muestras de simpatía. Venía por un día, como parte de la gira de promoción de su nueva película, “Rumor de guerra”. Dijo a LA GACETA que estaba “muy sorprendido por este hermoso país, por la manera en que la gente exterioriza su alegría y especialmente por la belleza de las mujeres”. Agregó que no tenía idea de su enorme fama en Tucumán, “pero ahora me estoy dando cuenta de ello”. En las fotos se lo ve en el acceso al hotel y en la Casa Histórica.

Recuerdos fotográficos: 1980. El actor de “Expreso de medianoche” visita Tucumán

El filme “Expreso de medianoche”, de 1978,  tuvo gran impacto. Trataba sobre un joven norteamericano apresado por tráfico de droga y enviado durante cinco años a una prisión turca.

Davis, que fallecería en 1991 a causa de sus adicciones, según diría su esposa Susan, tenía 30 años en 1980 y estaba empezando a acomodarse a la fama. Habló de sus películas y del impacto que tenían en su vida, y dijo que él trataba de convertirse “en lo más cercano posible a un ser humano normal”.

Contó que era hijo de un dentista de un pequeño pueblo al norte de Florida y que desde muy chico “tenía la certeza de que algún día abandonaría ese lugar. Luego de rodar por pequeñas compañías teatrales llegué a Nueva York a tentar suerte. Comencé a trabajar, gratis primero, sobreviviendo junto a mi perro con un poco de dinero que hacía por las mañanas como mozo. Vivía en un sexto piso y mi perro y yo comíamos las pastas que yo preparaba, sin salsa, porque no alcanzaba el dinero. Y yo tenía hecha una promesa a mi perro: la de darle algún día carne. Afortunadamente la cumplí. Y si hubiera sabido de toda la carne que hay en Argentina, lo habría traído conmigo”.

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