
En relación a la carta del lector Oscar Beltrán: “Energúmeno” (07/03) quisiera agregar una información adicional para enriquecer el debate. La apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación debería ser un acto solemne: históricamente la inaugura el presidente con un discurso que menciona los logros y los objetivos que persigue en su mandato. El resto de los presentes, sobre todo los legisladores, deben escuchar con respetuoso silencio. Es una ceremonia fundamental de las instituciones democráticas. No ocurre así en la República Argentina desde hace décadas; en el año 2019 el presidente Macri trató de decir su discurso y fue interrumpido permanentemente por los desaforados gritos de los “energúmenos” de la bancada del partido justicialista; el entonces jefe de estado intentó respetuosamente calmarlos: “los gritos, los insultos, no hablan de mí, hablan de ustedes señores”, todo fue en vano, los gritos continuaron. El domingo 1 de marzo, en la asamblea legislativa sucedió lo mismo: los “energúmenos” Grabois, Martínez, Bregman, etc. gritaban desaforadamente y fueron respondidos por el “energúmeno” presidente de la Nación con el aplauso de la parte “energúmena” de su público. En realidad, la degradación institucional de la asamblea legislativa empezó antes, cuando la presidenta Cristina Fernández llenaba el recinto de “energúmenos” que convertían el Congreso de la Nación en una unidad básica arrojando panfletos con la leyenda “Clarín miente” en el histórico recinto. Es importante la memoria completa para identificar a los “energúmenos”.
Luis Ovidio Perez Cleip
luisperezcleip@gmail.com






