Tres distintas crisis, una misma escena: las veces que el fútbol argentino se detuvo en el siglo XXI

Las huelgas de 2001 y 2017 nacieron por deudas con los jugadores. El conflicto de 2026, en cambio, tiene otro origen: una investigación judicial contra la conducción de la AFA. Similitudes, diferencias y un patrón que se repite en cada crisis.

POLÉMCA. Claudio Tapia y Pablo Toviggino, quienes aparecen sentados, son los principales apuntados por las investigaciones del ARCA. POLÉMCA. Claudio Tapia y Pablo Toviggino, quienes aparecen sentados, son los principales apuntados por las investigaciones del ARCA.
08 Marzo 2026

El fútbol argentino volvió a detenerse este año. Pero esta vez el motivo no responde al patrón histórico que había marcado los conflictos anteriores. A diferencia de las huelgas de 2001 y 2017, impulsadas por Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) ante el incumplimiento salarial de los clubes, la medida de fuerza actual fue promovida por los propios dirigentes en respaldo a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en medio de una investigación judicial.

El paro de este año suspendió por completo la fecha 9 del Torneo Apertura y paralizó todas las categorías del fútbol argentino, desde la Primera División hasta el ascenso, el fútbol femenino y las divisiones juveniles. El argumento oficial de la dirigencia fue denunciar una supuesta “persecución política y judicial” contra la institución, luego de que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) iniciara una causa por presunta evasión fiscal y retención indebida de aportes previsionales.

La investigación apunta a un monto superior a los $19.000 millones y tiene como principales involucrados al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, al tesorero Pablo Toviggino y al vicepresidente Cristian Malaspina, quienes fueron citados a declaración indagatoria por el juez federal Diego Amarante.

REGISTRO AUDIOVISUAL. Una investigación de La Nación mostró el funcionamiento de una REGISTRO AUDIOVISUAL. Una investigación de La Nación mostró el funcionamiento de una

En términos históricos, la diferencia más evidente con los paros anteriores radica en quién impulsó la medida. En 2001 y en 2017, los futbolistas fueron los protagonistas del reclamo. En 2026, en cambio, los jugadores no fueron quienes detuvieron la actividad.

El conflicto de 2001 se produjo en uno de los momentos más delicados de la historia económica del país. Los clubes acumulaban deudas millonarias con sus planteles y Futbolistas Argentinos Agremiados decidió avanzar con una huelga que puso en jaque el inicio del torneo Apertura. En ese momento, la AFA se comprometió a pagar parte de los salarios adeudados mediante un crédito internacional para cubrir aproximadamente el 35% de los casi 50 millones de dólares que se les debían a los futbolistas.

La situación reflejaba el contexto nacional: instituciones endeudadas, presupuestos recortados y dirigentes que seguían incorporando refuerzos mientras no podían cumplir con los compromisos salariales. El conflicto terminó demorando el inicio del campeonato y evidenció una crisis estructural que ya atravesaba al fútbol argentino.

PARO. Sergio Marchi durante el conflicto del año 2001. PARO. Sergio Marchi durante el conflicto del año 2001.

Dieciséis años más tarde, en 2017, la historia volvió a repetirse, aunque en un contexto institucional distinto. En ese momento, la AFA estaba intervenida por una Comisión Normalizadora designada por la FIFA tras la muerte de Julio Humberto Grondona y la posterior crisis dirigencial. A la vez, el fin del programa estatal “Fútbol para Todos” dejó a los clubes sin una de sus principales fuentes de financiamiento.

La combinación de ambos factores generó un escenario explosivo. Muchos equipos acumulaban hasta cinco meses de sueldos impagos, además de primas y aguinaldos. Frente a ese panorama, Agremiados, encabezado por Sergio Marchi, declaró un paro que mantuvo la actividad detenida durante 80 días.

Recién después de intensas negociaciones en el Ministerio de Trabajo y de un aporte estatal de 350 millones de pesos para cubrir parte de las deudas, el conflicto logró destrabarse y el fútbol volvió a disputarse en marzo de ese año.

NEGOCIACIÓN. Armando Pérez y Sergio Marchi durante la reunión en el Ministerio de Trabajo donde se selló el acuerdo para levantar el paro. NEGOCIACIÓN. Armando Pérez y Sergio Marchi durante la reunión en el Ministerio de Trabajo donde se selló el acuerdo para levantar el paro.

El paro de 2026, sin embargo, introduce un elemento nuevo en la historia reciente del fútbol argentino: el conflicto ya no gira únicamente en torno a las deudas salariales, sino que se inscribe dentro de una disputa política e institucional más amplia.

Por un lado, la investigación judicial por presuntas irregularidades fiscales. Por el otro, el enfrentamiento entre el Gobierno nacional y la conducción de la AFA por la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), una reforma que permitiría el ingreso de capitales privados a los clubes y que la dirigencia actual rechaza de manera tajante.

La suspensión del torneo también dejó al descubierto tensiones internas dentro del propio sistema. Aunque el paro fue aprobado por unanimidad en el Comité Ejecutivo, algunos clubes comenzaron a marcar diferencias. River Plate, por ejemplo, anunció que dejaría de participar en las reuniones del organismo al considerar que los problemas judiciales de los dirigentes no deberían afectar el calendario deportivo.

A lo largo de este siglo, cada paro del fútbol argentino respondió a un contexto distinto. En 2001, la crisis económica del país golpeó de lleno a los clubes. En 2017, el vacío institucional y la transición en el modelo de financiamiento generaron un nuevo colapso. En 2026, en cambio, el conflicto parece trasladarse al terreno político y judicial.

Las formas cambian, pero el síntoma se repite: cuando el fútbol argentino entra en crisis, la pelota deja de rodar.

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