
CUENTOS
QUERER ES PERDER
SALOMÉ ESPER
(Sigilo - Buenos Aires)
Con un título tan sugestivo como lírico, esta narradora y poeta jujeña acaba de publicar un excelente conjunto de cuentos en los que el realismo de sus atmósferas provincianas se enturbia hasta metamorfosearse y pasar al otro lado de la realidad.
Como el relato de un pescador que descubre, en la rutina semanal de una cosecha gris y anodina, la aparición de un pez dorado que, como el mito que enloqueciera a los conquistadores, lo arrebata. O el de la empleada de un club de barrio, hija de un futbolista fracasado, a la que el brillo que irradia la blonda cabellera de la esposa del Diez la deslumbra hasta perderse en ella.
El amor por el hijo recién nacido, de todo menos natural y sencillo, pone a una pareja frente a la experiencia de lo inexplicable, como la de la aparición de los hijos, esa “gente rara que encontrás por ahí”. Y es en esa distancia, como una perimetral, donde se pone en juego todo lo que no sabemos sobre el amor, cuando una anciana jubilada descubre el don de leer los pensamientos de cualquiera que esté a menos de dos metros de ella. O como la que une y tensa, en un equilibrio inestable, a una familia ensamblada alrededor de un secreto y de la cruda certeza de que “una madre no está obligada a querer”.
Muchas mujeres pueblan estos cuentos, soñadoras de una vida más plena y glamorosa, pequeñas madame Bovary detrás de su propio “dorado”: un collar, un peinado o un cartel con su nombre que brillará iluminando el gris de una vida igual a cualquier otra.
© LA GACETA
María Eugenia Villalonga






