El costo de no hacer nada

“El invierno de la literatura” en la Alemania de 1933.

El costo de no hacer nada
Hace 7 Hs

ENSAYO

FEBRERO DE 1933

UWE WITTSTOCK

(Ladera Norte - Madrid)

Estoy leyendo con gran interés el libro de Uwe Wittstock Febrero de 1933. El invierno de la literatura (Ladera Norte, 2025), centrado en las reacciones de los literatos y artistas alemanes ante el ascenso de Hitler a la cancillería el 30 de enero de 1933. Algunos pudieron huir; muchos no podían imaginar lo que iba a ocurrir. En cuatro semanas y dos días, un Estado de derecho se transformó en una dictadura sin escrúpulos. «Hemos logrado que gobierne la barbarie. No se haga ilusiones. Gobierna el infierno», escribe Joseph Roth desde París a Stefan Zweig (p. 36).

Pero quería fijarme en otra referencia. El 26 de febrero, el ya premio Nobel de Literatura Thomas Mann escribe a un colega, a propósito de los ataques a la Academia Prusiana de Escritores, diciéndole que «en su opinión, la mejor estrategia en estos momentos es no hacer nada. En el caso de que los nazis desarticulen la Academia, una vez más pondrán de manifiesto, a la vista de todos, su intolerancia y su arbitrariedad» (p. 194).

Me ha impresionado esta prudente recomendación de no hacer nada. Es muy frecuente que quienes tienen algún tipo de autoridad se empeñen en tomar medidas, elaborando nuevas normativas que a menudo no solucionan nada y que incluso dificultan la vida de los demás. Pienso que hay que dar siempre prioridad a la libertad de las personas y a su responsabilidad, en lugar de ahogarlas en estrecheces administrativas o fiscales, como suele pasar en España.

Así como el primer mandamiento del médico es no hacer daño, el primer mandamiento del gobernante ha de ser favorecer la libertad de las personas. Muchas veces eso se logra precisamente no haciendo nada, dejando que la gente haga lo que quiera.

© LA GACETA

Jaime Nubiola

Perfil
Uwe Wittstock
(Leipzig, 1955), escritor y periodista alemán, ganó en 1989 el prestigioso premio Theodor Wolff. Redactor y crítico literario del Frankfurter Allgemeine Zeitung, Entre 2000 y 2010 fue jefe adjunto de la sección de reportajes y corresponsal cultural del diario Die Welt. Su libro Febrero de 1933 estuvo durante muchas semanas en la lista de los libros más vendidos de la revista Der Spiegel y ha sido traducido a trece idiomas.

Al borde del precipicio*
Por Uwe Wittstock

Cualquiera que hoy en día hojee los libros de Historia puede decir que fueron unos necios al no darse cuenta en 1933 de lo que Hitler significaba para ellos. Pero ése sería un pensamiento ahistórico. Si la afirmación según la cual los crímenes de Hitler eran inimaginables tiene un sentido, debe aplicarse por encima de todo a sus con temporáneos. No podían imaginar -en el mejor de los casos pudieron intuir- de lo que eran capaces él y su gente. Probablemente forma parte de la esencia de una fractura en la civilización el hecho de que resulte difícil de imaginar.

Ocurrió con una rapidez vertiginosa. Entre la llegada al poder de Hitler y el Decreto de Emergencia para la Protección del Pueblo y del Estado, que suspendió todos los derechos civiles fundamentales, transcurrieron cuatro semanas y dos días. Sólo hizo falta ese mes para transformar un Estado de derecho en una dictadura sin escrúpulos. Los asesinatos en masa comenzaron más tarde. Pero en febrero de 1933 quedó claro a quién afectaría: quién debía temer por su vida y huir y quién dio un paso al frente para hacer carrera al amparo de los criminales. Jamás tantos escritores y tantos artistas han abandonado en tan breve espacio de tiempo su país. También hablaremos aquí de esa oleada de huidas hasta mediados de marzo. 

La situación política que hizo posible la subida al poder de Hitler ha sido descrita desde ángulos diferentes por historiadores de diversas tendencias. Todos los análisis coinciden en unos cuantos factores. La creciente influencia de los partidos extremistas, que dividieron al país. Una propaganda exacerbada, que ahondó cada vez más la brecha y bloqueó cualquier posibilidad de compromiso. La indecisión y la debilidad del centro político. El terror guerracivilista de la derecha y de la izquierda. El odio desenfrenado a los judíos. La miseria de la crisis económica mundial. El ascenso de regímenes nacionalistas en otros países.

Hoy día las circunstancias son distintas, por fortuna. Aunque hay paralelismos en muchos aspectos. La creciente división de la sociedad. La indignación permanente en las redes, que hace que la brecha sea cada vez más profunda. El desconcierto del centro burgués a la hora de frenar el ansia de extremismo. El creciente número de actos terroristas de la derecha y a veces de la izquierda. El aumento del odio a los judíos. Los riesgos para la economía mundial derivados de las crisis financieras y del coronavirus. El ascenso de regímenes nacionalistas en otros países. Tal vez no sea un mal momento para tener presente lo que puede ocurrir con una democracia tras un error político fatal.

Fragmento de Febrero de 1933.

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