COMPLICADO. Claudio Úbeda camina por la cornisa por el mal rendimiento de su equipo.

Boca vuelve a jugar bajo presión. Ya no como una frase hecha ni como un recurso discursivo habitual en el mundo “xeneize”, sino como una realidad que empieza a condicionar su presente inmediato. Desde las 21, visitará a Lanús en “La Fortaleza” por el partido pendiente de la fecha 7 del Apertura, en un duelo que adquiere una dimensión determinante para el equipo de Claudio Úbeda.
Porque más allá del calendario, de las matemáticas o del contexto del rival, el partido aparece atravesado por una necesidad concreta: ganar para sostener el rumbo.
Boca llega golpeado tras el empate con Gimnasia de Mendoza en La Bombonera, resultado que desató el clásico reclamo de los hinchas y volvió a instalar dudas sobre el funcionamiento colectivo y el futuro del DT.
El propio Úbeda lo reconoce sin dramatizar. “La exigencia acá es todos los días”, explicó en conferencia, intentando sostener una mirada hacia adelante pese a que los resultados todavía no acompañan. El técnico insiste en que aún resta la mitad del torneo y que el equipo tiene margen para mejorar en este sprint final de la fase regular. Sin embargo, la percepción externa marca otra cosa: Boca sigue fuera de la zona de clasificación a los octavos de final y cada fecha empieza a pesar más.
Por eso, el duelo con Lanús vuelve a presentarse como una final anticipada. No sólo porque completará exactamente la mitad del campeonato, sino porque un nuevo tropiezo podría consolidar al “Xeneize” lejos de los puestos de playoffs y aumentar la distancia con los equipos que hoy definirían de local las series eliminatorias.
En ese escenario, el respaldo dirigencial aparece como un factor clave. Juan Román Riquelme y el Consejo de Fútbol mantienen su apoyo al cuerpo técnico, convencidos de sostener el proceso ante la dificultad de encontrar un reemplazo que genere consenso. Puertas adentro el mensaje es claro: el ciclo se defiende con resultados. Y ahí está el límite.
Mientras tanto, Boca intentará apoyarse en algunas buenas noticias futbolísticas. La principal sería el regreso de Leandro Paredes, recuperado del esguince en su tobillo derecho, quien volvería al equipo en lugar de Milton Delgado. Además, Tomás Aranda podría meterse entre los titulares tras su buen ingreso en el último partido, buscando darle mayor dinámica a un medio campo que todavía no logra consolidarse.
Del otro lado estará un Lanús atravesando el momento opuesto. El “Granate” llega eufórico tras conquistar la Recopa Sudamericana luego de vencer a Flamengo en el Maracaná y disputará su primer partido como local después del título internacional. El estadio promete un clima festivo que elevará aún más la dificultad para un Boca urgido.
El antecedente más cercano entre ambos también suma tensión: en mayo del año pasado, Boca eliminó a Lanús por penales en los octavos del Apertura tras un empate sin goles.
Ahora el contexto cambió. Boca ya no juega sólo contra un rival fuerte ni en una cancha complicada. Juega contra su propio momento. Y en ese terreno, la consigna parece sencilla, aunque implacable: ganar o volver a quedar atrapado en la incertidumbre.







