EN VIAJE. Las unidades que partieron con ayuda humanitaria.

El 42º Corredor Humanitario “Caravana de la Bondad”, impulsado por la Fundación Santa Clara y liderado por la religiosa tucumana Lucía Caram, partió ayer desde la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona rumbo a Ucrania, a pocos días de cumplirse cuatro años del inicio de la invasión rusa ordenada por Vladímir Putin el 24 de febrero de 2022.
La despedida tuvo un fuerte tono simbólico. Tras una misa en la cripta del templo, presidida por el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, los 21 vehículos del convoy -ambulancias, pick-ups y todoterrenos- se alinearon frente a la fachada de la Pasión, sobre la calle Sardenya, antes de iniciar el viaje hacia la frontera ucraniana.
En total, unas 50 personas integran la caravana, entre voluntarios, conductores solidarios, miembros de Fidem y representantes de asociaciones humanitarias. Hay cuatro tucumanos en la misión.
Las ambulancias fueron donadas por empresas privadas que decidieron involucrarse para garantizar que la ayuda llegue de manera directa a hospitales y unidades de emergencia, en un contexto marcado por los bombardeos constantes con drones rusos y el desgaste extremo de la población civil.
El Papa
Durante la celebración, Omella leyó el mensaje enviado por la Nunciatura Apostólica en España en nombre del papa León XIV. En el texto, el pontífice encomienda al Señor la iniciativa “Caravana de la Bondad”, pide “el don de la paz” y anima a sus impulsores a ser “testigos de la luz de Cristo, ofreciendo a todos una paz desarmada”.
El mensaje concluyó con una invocación a la Virgen María y la bendición apostólica para los participantes y sus familias.
Los representantes institucionales que participaron de la partida coincidieron en remarcar la necesidad de articular esfuerzos entre el sector público, el entramado empresarial y la sociedad civil para sostener iniciativas humanitarias de largo alcance.
Todos los participantes subrayaron que la donación de ambulancias y vehículos demuestra que la solidaridad puede traducirse en acciones concretas capaces de salvar vidas en medio de la guerra.







