EN ASCENSO. Los dos fenómenos siguen sumando adeptos. IMAGEN CREADA POR IA

Más allá de la conexión animal, los dos casos se vinculan por lo que los especialistas definen como una insatisfacción con el rol humano tradicional. Un therian suele realizar prácticas como caminar en cuatro patas o buscar entornos naturales para satisfacer a su "animal interior"; mientras que el dueño de un perrihijo busca ese mismo contacto con lo instintivo de ser padre o madre a través de su mascota.
¿Por qué no tener un hijo de la especie humana? No hay una única razón. Y quizás no hay un motivo sólido más que “porque sí”. Muchas parejas jóvenes o personas solteras optan por tener mascotas, canalizando su instinto de cuidado hacia el animal. En ciudades grandes y estresantes, el perro se convierte en el núcleo afectivo del hogar, combatiendo la soledad urbana de la metrópoli que a veces, por trabajo, es elegida obligadamente generando desarraigo. La economía también se apunta en la lista ya que criar un perro es, en términos generales, menos costoso y requiere menos compromiso a largo plazo (20 años vs. toda la vida) que un hijo humano.
Explicación
“Este fenómeno es importante estudiarlo por dos motivos: por un lado porque se correlaciona con otros cambios de valores en el país, la región y el mundo. También, por el negocio que este sector genera. Se gastan billones de dólares anuales y se espera un crecimiento gigante”, remarca Constanza Cilley, de Voices, la consultora que investiga con metodología temas muy variados.
En tanto, para la media común de la sociedad lo de los therians puede parecer simplemente un juego de disfraces, pero para quienes lo viven, va mucho más allá. La persona se identifica de forma interna, espiritual y a veces psicológica como un animal no humano. No creen que su cuerpo físico sea animal, sino que sienten que su esencia lo es.
Para la mayoría de los therians, no hay una causa traumática; simplemente sienten que su identidad siempre ha estado ahí, como su orientación sexual o su identidad de género. Si bien el término, la estética y que las noticias hablen de ellos ahora, nada de su origen es muy reciente.
El concepto de "ser humano con alma de animal" no es nuevo; ha existido en casi todas las culturas del mundo, aunque no se llamaba "therian". El chamanismo, la mitología, el totemismo son las formas ancestrales.
Con los perros pasa lo mismo. El amor por los caninos es milenario, pero el concepto de "perrhijo" como fenómeno social masivo es relativamente reciente. Su surgimiento no tiene una fecha exacta, pero se consolida entre la última década del siglo XX y los primeros años del XXI.
Las razones del surgimiento de los "perrhijos"
Si surgieron justamente ahora es porque las viviendas pasaron de casas con patio a departamentos pequeños. El perro convive siempre, a tiempo completo, en el espacio íntimo humano. También, la elección de vivir sin compañía hace que demográficamente hayan aumentado los hogares unipersonales por lo que el perro se convierte en una especie de "ancla emocional" principal. Al mismo tiempo, el perro ha tomado una relevancia tan profunda que se hablan de sus sentimientos y derechos.
El efecto es tan intenso que las empresas empezaron a otorgar licencias por duelo a sus empleados, los beneficios de salud cubren a los perros reconociéndolos legalmente como parte del núcleo familiar.
Desde 2010 en adelante, la psicología empezó a estudiar el apoyo emocional que brindan estos animales. Se descubrió que, en un mundo con niveles de soledad récord pese a la hiperconectividad virtual, el perro cumple una función biológica vital: nos mantiene conectados a una rutina de cuidado y afecto físico que la tecnología no puede replicar.







