Familia arraigada: Pedro Alurralde, figura señera
INTENSA VIDA PÚBLICA. Pedro Alurralde (1845–1917), periodista, legislador, industrial azucarero y dos veces gobernador interino, fue una de las figuras más influyentes del Tucumán de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Periodista, escritor y político, Pedro Alurralde fue una figura influyente y combativa, recordada por su fuerte presencia y su compromiso con las causas que defendía.

Por José María Posse
Abogado, escritor, historiador
Don Pedro Alurralde fue una de esas figuras que ocupan la totalidad del escenario en el que se desempeñan. Periodista, literato, político, industrial azucarero, amigo y corresponsal de figuras nacionales, tenía una estampa inconfundible con su físico fornido, su voz fuerte, su mirada penetrante y sus grandes bigotes. Lo animaba un temperamento de luchador infatigable, capaz de comprometerse a fondo en las causas en las que creía.
Familia
La familia Alurralde está arraigada en Tucumán desde comienzos del 1700. Llevaba el mismo nombre de su padre, don Pedro Alurralde y Sobrecasas, tucumano. Su madre era doña Crisanta Helguera, también tucumana, hija del coronel de la Independencia don Gerónimo Helguera, lugarteniente del general Manuel Belgrano. Promediaba la década de 1840, cuando el matrimonio se trasladó a San Nicolás de los Arroyos, donde Alurralde se dedicó al comercio. Justamente, facilitó su casa de esa ciudad para que sesionaran, presididos por Justo José de Urquiza, los gobernadores provinciales. Allí suscribirían el famoso Acuerdo del 31 de mayo de 1852, que fue paso previo a la Organización Nacional. Don Pedro nació en San Nicolás de los Arroyos, el 4 de octubre de 1845. Estudió en Buenos Aires, en el prestigioso Colegio Negrotto del barrio de Caballito.
El regreso
Años más tarde, toda la familia regresó a Tucumán. Desde joven se volcó a la política y al periodismo. Militante del Partido Autonomista Nacional, fundó junto con Lídoro Quinteros, el diario local “La Razón”. El primer número apareció el 7 de julio de 1872, para sostener la candidatura de Nicolás Avellaneda a la presidencia de la República. En las páginas de su diario colaboraba, por ejemplo, Paul Groussac, quien quedó al frente del periódico en 1874, cuando Alurralde y Quinteros fueron elegidos diputados al Congreso de la Nación.
El político
En 1876, don Pedro fue designado ministro de Gobierno de la administración del gobernador Tiburcio Padilla. Por ausencia de este, la Legislatura lo eligió gobernador interino de la Provincia. Siguió con el periodismo, como redactor de “El Argentino”, hasta 1879. Había sido habilitado por el Superior Tribunal de Justicia (1878) para ejercer la abogacía. Fue varias veces diputado a la Legislatura, y presidente de esa Cámara en 1890. En 1892 regresaría al Congreso por segunda vez, al ser elegido diputado nacional por Tucumán, hasta 1896.
La familia
Don Pedro se había casado, en 1877, con doña Lelia Posse, hija del ex gobernador Wenceslao Posse, propietario del ingenio Esperanza. Fue padre de seis hijas mujeres, con nutrida descendencia en las familias Cossio Alurralde; Terán Alurralde; Soaje Alurralde; Colombres Alurralde y Oliveira César. Su expectable suegro le dispensaba gran confianza por su reconocida contracción al trabajo, firmeza y honestidad sin mácula. A la muerte de Posse pasó a presidir la sociedad, que manejaba tanto el ingenio como los importantes establecimientos rurales de la compañía azucarera. En ese carácter, le correspondió saliente actuación durante la crisis de la industria en 1903, como presidente de la comisión de industriales formada para encarar la situación.
Deportista
Don Agenor Albornoz, en sus remembranzas juveniles, recordaba que don Pedro venía todas las tardes a la ciudad, cuando concluían sus agobiantes tareas en el ingenio. Concurría al gimnasio escolar de la avenida Avellaneda, que funcionaba desde 1899. Nadaba en la gran pileta de la institución, y practicaba el ciclismo en su pista.
Gobernador interino
Integró la Convención Constituyente de 1907, durante el gobierno de Luis F. Nougués. En esa época, como presidente del Senado, le tocó ser nuevamente gobernador interino de la provincia, por ausencia del titular. Fue el organizador del gran homenaje de la Legislatura a Marco Manuel de Avellaneda, en 1909. Fue entonces que se colocó en el recinto ese gran retrato del “mártir de Metán”, que presidiría las sesiones hasta el traslado de los legisladores a la nueva sede, en 2012, y que hoy se encuentra en el moderno edificio legislativo.
Literato
Era, además, un escritor de excelente pluma y eficaz estilo. Tales dotes lo hicieron frecuente colaborador de la “Revista de Derecho, Historia y Letras”, que dirigía su amigo Estanislao S. Zeballos. Allí publicó extensos e interesantes artículos. “El último sobreviviente de la Revolución del Sur”, “El doctor Marcos Paz”, “Juan Chipaco”, “La industria del azúcar”, son algunos títulos de su producción. También “Tucumán Literario”, la revista de la Sociedad Sarmiento -institución que presidió de 1904 a 1905- lo contó entre sus columnistas de prestigio, y fuerte sostenedor económico.
Últimos años
Pero ya los años le pesaban y empezó apartarse del primer plano político. Prefería disfrutar las reuniones con los amigos, en la rueda del Club Social, el cual presidió. Recuerda el doctor José Ignacio Aráoz que allí desplegaba sus “ recuerdos anecdóticos”, que empezaban en los tiempos de ese Acuerdo de San Nicolás que vio cristalizar, de niño, en la casa de sus padres. En un articulo del diario LA GACETA, en 1917, el cronista señalaba que Alurralde “aun conservaba su vieja afición a los debates de la prensa, habiendo colaborado con el diario durante el último período electoral, con todas sus energías de los mejores años”. Y aún tuvo la energía suficiente para asumir, en 1915, la responsabilidad de ser el primer presidente de la Caja Popular de Ahorros. Organizó entonces los sorteos iniciales de certificados y la emisión de las libretas de ahorro, en lo que sería el último de sus muchos servicios públicos.
El final
De vez en cuando viajaba a Buenos Aires, donde tenía muchos parientes y amigos. Allí se enfermó y falleció a las 11 de la mañana del viernes 9 de marzo de 1917. Fue velado en casa de su cuñado, don Vicente Posse Posse y sus restos llegaron a Tucumán el día 12. Una multitud acompañó sus restos, a la bóveda familiar del Cementerio del Oeste. El doctor Abraham de la Vega, en nombre del Senado, y el doctor José Ignacio Aráoz, por el Club Social, pronunciaron la emotiva despedida. Para el doctor Aráoz, con don Pedro Alurralde se alejaba “la personalidad más difundida, característica y de más acentuado relieve” de la ciudad. No podía decirse otra cosa, afirmaba, al mirar ese “medio siglo de constante y brillante actuación política y social, con talento cultivado: orador, periodista batallador, ministro y gobernador delegado, diputado nacional, senador provincial, ‘gentleman’ amenísimo”. Con la muerte de Pedro Alurralde, Tucumán perdió una figura señera, ejemplo para las jóvenes generaciones. Su nombre quedó como símbolo, de un Tucumán próspero y culto.






