"Mi Científica Favorita": niñas tucumanas jugaron a ser investigadoras por un día en el CIME

Las investigadoras compartieron su trabajo cotidiano en laboratorios y espacios de divulgación científica en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

IMÁGENES. La física Nadia Vega guía a niñas y adolescentes en la observación de elementos a través de un microscopio electrónico de última tecnología. IMÁGENES. La física Nadia Vega guía a niñas y adolescentes en la observación de elementos a través de un microscopio electrónico de última tecnología. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL

El calor de la tarde no fue un obstáculo. Ayer, pasadas las 15, niñas y adolescentes llegaron con curiosidad intacta para ponerse el guardapolvo, mirar por un microscopio y hacer preguntas sin miedo. “Mi Científica Favorita” fue una jornada pensada en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una invitación a conocer de cerca cómo es la vida cotidiana en un laboratorio y el trabajo de investigadoras tucumanas.

Investigadoras del Centro Integral de Microscopía Electrónica (CIME) y de otros institutos compartieron experiencias, realizaron demostraciones experimentales y mostrarán datos curiosos de su trabajo, en un espacio pensado para inspirar vocaciones científicas.

LABORATORIO. Las jóvenes se pusieron los guantes y sembraron bacterias. LABORATORIO. Las jóvenes se pusieron los guantes y sembraron bacterias.

La actividad se inscribió en la Campaña Nacional de Visibilización “Mujeres y Niñas en STEM”, impulsada por OWSD Argentina (Organización de Mujeres en la Ciencia para el Mundo en Desarrollo), una entidad de la Unesco, y propuso un recorrido por estaciones científicas diseñadas para que las participantes toquen, observen, comparen y se animen a preguntar. Hubo microscopios, impresiones 3D, laboratorios y una idea que atravesó toda la jornada: la ciencia también puede ser un lugar propio.

Visibilizar para transformar

Virginia Albarracín, doctora en Bioquímica y responsable científica del CIME, explicó que el 11F es una fecha que busca instalar un problema global. “A nivel mundial, solo el 30% de las personas que trabajan en ciencia son mujeres y, dentro de ese porcentaje, la mayoría se concentra en los niveles más bajos del sistema, como estudiantes o becarias”, señaló. Para ella, el desafío no se agota en el ingreso: “Cuando se empieza a escalar hacia posiciones de mayor jerarquía, con más responsabilidades, mejores sueldos y poder de decisión, las mujeres comienzan a desaparecer”.

“En Argentina el promedio de participación femenina en el sistema científico es cercano al 60%, pero cuando mirás la cima de la pirámide, las mujeres son muy pocas”, advirtió. Y resumió el sentido de la jornada: “Debemos mostrar hoy para cambiar mañana”.

La ciencia en primera persona

En el circuito del CIME, las niñas pasaron por experiencias guiadas por investigadoras de distintas áreas. Nadia Vega, física y doctora en Ciencias Exactas y Tecnología, llevó a las participantes al universo de lo minúsculo con el microscopio electrónico. En la pantalla, una mosca se volvió gigante y un diente dejó ver “microporos”, según describió. “Las niñas estaban muy sorprendidas. Algo que me llamó la atención fue cómo lograban relacionar lo que veían en el microscopio con cosas de su vida cotidiana”, contó.

Gabriela Aguirre, arqueóloga y científica, presentó su disciplina y trabajó con fragmentos de carbón, un material frecuente en sitios arqueológicos. En su estación, también hubo un juego para recrear un hallazgo. “Me llamó la atención la capacidad que tuvieron para relacionar lo que les contábamos con lo que ya conocían”, sostuvo.

HISTORIA. Marcela Vignoli relata la historia de la primera médica argentina. HISTORIA. Marcela Vignoli relata la historia de la primera médica argentina.

La historiadora y docente Marcela Vignoli eligió una figura para poner en primer plano las barreras históricas. “Mi intervención estuvo centrada en la figura de Cecilia Grierson, la primera médica argentina”, explicó. “Cecilia nunca trabajó como médica en el sector público y ella misma señaló en su discurso que se retiraba como maestra porque nunca había podido acceder, por concurso, a un cargo en el sistema público. Lo atribuyó explícitamente a su condición de mujer”, relató.

Merienda y futuro

A las 18, la jornada cerró con un refrigerio a la sombra, entre sánguches de miga, galletas y bebidas frescas. Ahí, el relato volvió a las protagonistas: las niñas. Eva, que pronto cumplirá siete años, no dudó cuando se le pidió elegir un momento favorito: “Me gustó ver la mosca gigante. Era chiquitita, pero con el microscopio se veía enorme”, dijo y cuando imaginó el futuro profesional, se permitió tres respuestas: “Quiero ser arqueóloga, futbolista y pintora”.

Indiana, de ocho años, eligió la misma imagen. “Me gustó el juego de historia y ver la mosca con el microscopio”, contó y aseguró que fue su primera vez frente a uno. Sobre el sentido del encuentro, respondió sin vueltas que era importante que hubiera mujeres científicas.

Valentina, de 11 años, nacida en Ecuador y residente en Tucumán desde hace un año, se quedó con otra estación. “Mi actividad preferida fue sembrar bacterias”, dijo. Recordó el procedimiento con precisión: “Usamos guantes y una herramienta para sacar las bacterias de un frasquito chiquito y pasarlas a otro más grande. Estaba todo limpio y lo hacíamos con cuidado, en forma de zigzag”. “Las bacterias huelen muy mal”, dijo asombrada. Al final, su deseo para el futuro fue concreto: “Me gustaría ser dueña de un hospital”.

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