Adolescencia y pornografía: "El inicio sexual ya no es un vínculo real", cuando las pantallas reemplazan la piel

Un profesional del sistema de salud alerta sobre consumos problemáticos en entornos digitales y la necesidad de una prevención que comience en la infancia. Cuándo prestar atención.

INMEDIATEZ. En un contexto global que prioriza lo inmediato, la búsqueda de placer instantáneo y sin vínculo se vuelve un riesgo para los jóvenes. INMEDIATEZ. En un contexto global que prioriza lo inmediato, la búsqueda de placer instantáneo y sin vínculo se vuelve un riesgo para los jóvenes.
Ariane Armas
Por Ariane Armas Hace 1 Hs

A los 16 años, Paz María Juárez advirtió algo que muchos adultos aún prefieren no mirar de frente: en su escuela secundaria de Córdoba casi no existían espacios para hablar de sexualidad, consumo de pornografía o salud mental. Sin embargo, esas temáticas atravesaban silenciosamente la vida cotidiana de sus compañeros. Había malestares difíciles de nombrar, rumores persistentes sobre consumos compulsivos y adolescentes que cargaban con culpa, confusión o angustia sin encontrar a quién acudir.

Ese silencio fue el disparador. Paz decidió transformarlo en acción y comenzó a dar charlas en su colegio. Luego, en otras escuelas de la provincia. Habló de consumo problemático de pornografía, de salud mental y del impacto de las pantallas en edades tempranas. Lo hizo sin golpes bajos, con información y con una honestidad que habilitó a que otros chicos se animaran a hablar. Muchos confesaron haber accedido a pornografía desde los 6 o 7 años, un dato que ella misma definió como “gravísimo” y que la llevó a investigar más a fondo un fenómeno que ya no parecía excepcional, sino extendido.

Con el tiempo, la iniciativa trascendió las aulas. Con apoyo de la Legislatura y del Ministerio de Educación de Córdoba, el proyecto se amplió y se integró a Altavoz, un programa que forma a jóvenes de todo el país para investigar y visibilizar problemáticas de salud mental en sus comunidades. La historia de Paz empezó a circular como ejemplo de la normalización silenciosa del consumo de pornografía entre niños y adolescentes y la falta de espacios para hablar de ello sin estigmas.

La advertencia

Lo que Paz escuchó en las aulas coincide con lo que observan los profesionales de la salud mental. Para el doctor Juan Zelaya Conti, director de Abordaje Integral de las Adicciones del Ministerio de Salud de Tucumán, hoy la pornografía ocupa un lugar central en el despertar sexual de niños y adolescentes.

“Básicamente, hoy el inicio sexual del adolescente es la pornografía. Un chico de 11 o 12 años ya tiene acceso a través de internet. Antes uno se informaba preguntándole al amigo más grande del barrio; hoy eso no existe: ahora debutan directamente con imágenes pornográficas”, explica.

Ese acceso temprano, sin mediación adulta ni herramientas para procesar lo que se ve, construye una idea distorsionada de la sexualidad. “Se lleva a un concepto irreal de lo que es una relación sexual, basada solamente en el placer, sin vínculo, sin tiempos, sin aceptar un ‘no’, sin conocer al otro ni construir una relación”, señala el especialista. En ese escenario, el sexo deja de ser encuentro y comunicación para convertirse en consumo inmediato.

Desde el sistema de salud, el fenómeno se inscribe dentro de una problemática más amplia. “No hablamos de nuevas adicciones, sino de consumos problemáticos en entornos digitales”, aclara Zelaya Conti. Allí se incluyen la pornografía, el juego patológico, los videojuegos y las apuestas online. Todas ellas son prácticas que ofrecen estímulos constantes, placer rápido y pocas barreras de acceso. “Chicos que pasan días encerrados jugando, sin salir de la habitación, con conexión permanente”, resume.

Señales que se omiten

La experiencia de Paz le pone rostro a una problemática que también llega a los consultorios. Muchos adolescentes describen sensaciones de aislamiento, vergüenza o confusión, pero no logran pedir ayuda.

“El chico está encerrado en la habitación y la familia cree que está todo bien porque está jugando. Pero puede estar expuesto a grooming, a contenidos sexuales o a consumos que nadie registra”, advierte. Las señales suelen ser: aislamiento, pérdida de vínculos sociales, horas interminables frente a una pantalla. “Todos creemos que ‘a mí no me va a pasar’. Y te está pasando”, resume.

El médico compara el consumo de pornografía con otras adicciones. “Placer rápido, instantáneo, sin vínculo ni compromiso con el otro”, remarca. Un mecanismo que activa el circuito de recompensa del cerebro y deja poco espacio para la construcción de relaciones reales.

Frente a este escenario, tanto la historia de Paz como la mirada sanitaria coinciden en que la prevención no empieza en la adolescencia. “La educación sexual comienza en el hogar, desde la infancia, nombrando el cuerpo sin culpa y hablando de sexualidad con naturalidad”, sostiene Zelaya Conti. Porque el silencio no protege, sino que deja a niños y adolescentes solos frente a un mundo digital que avanza sin filtros, mientras los adultos llegan tarde a una conversación que ya empezó en la pantalla.

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