Nicolás Pasquali, rompió su récord y llegó a la Antártida. Foto tomada de La Nación.

Con apenas 33 años y después de haber recorrido 196 países, Nicolás Pasquali sentía que su travesía estaba incompleta; le faltaba la Antártida. Y, lejos de conformarse con el récord, el viajero argentino decidió ir por más y poner un pie en el continente blanco, una experiencia que definió como única e irrepetible.
Pasquali, ya figura como la octava persona más joven del planeta en visitar todos los países del mundo, incluso llegó a destinos prácticamente inaccesibles como Corea del Norte. Esta vez, eligió un nuevo desafío, visitar la Antártida.
El 27 de diciembre partió desde Ushuaia a bordo de un barco de expedición con capacidad para 90 pasajeros. Fue el único argentino del grupo; el resto, turistas extranjeros. La travesía no fue sencilla. El cruce del temido pasaje de Drake demandó tres días de navegación y puso a prueba a todos los que estaban a bordo, con olas que en esta época del año pueden alcanzar hasta siete metros de altura. Finalmente, el buque arribó a la zona oeste de la península antártica, bajo control argentino, según la nota publicada por La Nación.
“Llegar a la Antártida fue como fue entrar a un portal, como en Narnia. Abrís el placard y entrás a un mundo de nieve donde ya no existe la noche, donde reina el silencio y los animales están ahí como si nada”, describió Nicolás.
Para el viajero, llegar a la Antártida no fue una cuestión simbólica ni un simple casillero más por tachar. “No alcanza con ir una vez a un lugar para conocerlo. Quiero aprender y conocer todo lo que hay en el mundo, no solo los países”, argumentó.
Llegar a la Antártida con una expedición nacional
El viaje lo realizó con Antarpply Expeditions, una empresa argentina que organiza expediciones turísticas a la Antártida partiendo desde el país. En este marco, Pasquali destacó el valor de contar con una alternativa local: “Mientras los extranjeros recorren miles de kilómetros para llegar hasta acá, nosotros estamos a solo 1.000 kilómetros”, explicó a La Nación. Además, destacó el valor de que la tripulación sea argentina porque se habla español. “Hasta me hicieron un lechón y corderito a la parrilla, algo que no ves en ningún otro crucero del mundo”, relató Nicolás.
En relación a los costos, un viaje de diez días con comidas y excursiones incluídas, cuesta alrededor de U$S 5.800. En cuanto a los requisitos, aclaró que para los argentinos no hay grandes complicaciones, alcanza con el DNI y el equipamiento adecuado para el frío extremo.
La expedición avanzó por el sector occidental de la península, ya que la zona este, donde se ubica la Base Marambio, aún permanecía congelada. El equipo ingresó por la isla Half Moon, y el desembarco definitivo en el continente fue el 2 de enero, en un punto conocido como Punta Portal. Allí, Pasquali recibió un diploma que certificó el momento exacto en que pisó la Antártida.
Durante la estadía, el grupo pudo bajar del barco hasta tres veces por día, una posibilidad reservada solo a naves de expedición con menos de 500 pasajeros, según establece el Tratado Antártico. Hubo caminatas sobre la nieve, recorridos por la montaña y encuentros cercanos con la fauna local “como el papúa, el emperador o el pingüino rey”.
“Vimos familias de orcas durante horas y pingüinos interactuando en el hielo como si fuera un documental de National Geographic”, relató Pasquali. Además, se animó a sumergirse en las aguas heladas en más de una ocasión.
“Me metí al agua tres veces. La experiencia de nadar en las aguas más frías del planeta es increíble”, explicó.
Para Pasquali, la Antártida es un destino posible y cercano, especialmente para argentinos y chilenos. Existen opciones que permiten bordear el continente o desembarcar y recorrerlo a pie. “Es un lugar extremo, inhóspito y apasionante. Recomiendo conocerlo, sobre todo a quienes aman la naturaleza y sienten una conexión especial con nuestro territorio”, concluyó.











