La misa de hoy: ser felices según Jesús

Por Presbítero Marcelo Barrionuevo.

Hace 5 Hs

“Bienaventurado” significa “feliz”, “dichoso”, y en cada una de las Bienaventuranzas “comienza Jesús prometiendo y señalando los medios de conseguirla. ¿Por qué comenzará hablando de la felicidad? Porque en todos los hombres existe una tendencia irresistible a ser felices; es el fin que todos sus actos se proponen, pero muchas veces buscan la felicidad donde no se encuentra, donde no hallarán sino miseria”.

El Señor nos señala los caminos para ser felices sin límites y sin fin en la vida eterna, y también para serlo en esta vida, con plena dignidad, como conviene a la condición de persona. Caminos diferentes a los que, con frecuencia, suele escoger el hombre

La pobreza de espíritu, el hambre de justicia, la misericordia, la limpieza de corazón y el soportar ser rechazados por causa del Evangelio manifiestan una misma actitud del alma: al abandono en Dios. Es la actitud que nos impulsa a confiar en Dios de un modo absoluto e incondicional. Es la postura de quien no se contenta con los bienes y consuelos de las cosas de este mundo, y tiene puesta su esperanza última más allá de estos bienes, que resultan pobres y pequeños para una capacidad tan grande como es la del corazón humano.

En el Magnificat de la Virgen escuchamos: Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin nada. ¡Cuántos se transforman en hombres vacíos, porque se sienten satisfechos con lo que ya tienen! El Señor nos invita a no contentarnos con la felicidad que nos pueden dar unos bienes pasajeros, y nos anima a desear aquellos que Él tiene preparados para nosotros.

Dice Jesús a quienes le siguen que no será obstáculo para ser felices el que los hombres os insulten, os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Nuestra felicidad y nuestra plenitud viene de Dios. “¡Oh vosotros que sentís más pesadamente el peso de la cruz! Los que sois pobres y desamparados, los que lloráis, los que estáis perseguidos por la justicia, sobre los que se calla, los desconocidos del dolor, tened ánimo; sois los preferidos del reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; sois los hermanos de Cristo paciente, y con Él, si queréis, salváis el mundo”.

Pidamos al Señor que transforme nuestras almas, que realice un cambio radical en nuestros criterios sobre la felicidad y la desgracia. Somos necesariamente felices si estamos abiertos a los caminos de Dios en nuestras vidas, y si aceptamos la buena nueva del Evangelio.

Cuando para encontrar esa felicidad los hombres ensayamos otros caminos que no son los de la voluntad de Dios, al final sólo se encuentra soledad y tristeza. Lejos del Señor sólo se recogen frutos amargos y se acaba como el hijo pródigo fuera de la casa paterna: comiendo bellotas y apacentando puercos.

Cuando falta la alegría, ¿no estará la causa en que, en esos momentos, no buscamos de verdad al Señor en el trabajo, en quienes nos rodean, en las contradicciones? ¿No será que no estamos todavía desprendidos del todo? ¡Que se alegren los corazones que buscan al Señor!

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal

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