Atlético Tucumán desplegó su idea ante Central Córdoba, pero le faltó definición para sonreír
El "Decano" sostuvo el 4-3-3, presionó alto y dominó largos pasajes del partido. Sin embargo, volvió a chocar con su principal déficit: no supo capitalizar sus momentos de superioridad y terminó cediendo terreno hasta conformarse con el empate.
POCA EFICACIA. Atlético no pudo llegar al gol en un encuentro en el que intentó constantemente | FOTO: Diego Aráoz para LA GACETA.
En el empate 0-0 de Atlético Tucumán frente a Central Córdoba, Hugo Colace ratificó una idea. La derrota contra Independiente Rivadavia en la primera fecha no modificó su 4-3-3 de base: línea de cuatro defensores, un medio centro posicional, dos interiores, extremos bien abiertos y un punta como referencia. El plan volvió a ser claro desde el inicio: presión alta sostenida y ataque inmediato tras la recuperación.
Bajo esa lógica, el “Decano” logró condicionar al “Ferroviario”, especialmente en el tramo inicial del partido. Dominó territorialmente a su oponente, generó situaciones y se adueñó del eje del juego frente a un Central Córdoba que, desde un 4-4-2 conservador, propuso un bloque bajo y escasa ambición ofensiva.
La propuesta estuvo diseñada para ahogar el esquema de Lucas Pusineri y, particularmente en la primera parte, lo consiguió. Con un juego directo y vertical, de impronta “Premier League”, el “Decano” asfixió a la visita, que buscaba oxígeno haciendo tiempo y estirando cada pelota parada como si fuera una oportunidad para respirar.
Se vieron señales de un equipo en construcción que empieza a mecanizar movimientos y a sincronizar comportamientos colectivos en un inicio de temporada en la que aún no logró festejar.
Si la consigna del “Profe” Colace era presionar, Renzo Tesuri fue tal vez el alumno más aplicado. Aunque fuera de su posición natural, fue el interior más activo en la presión tras pérdida, con capacidad para saltar líneas con y sin pelota y llegar al área rival. Esa función híbrida (recuperar y romper) es una de las claves del modelo que el DT pretende para sus volantes internos.
SEQUÍA. Pese a los numerosos intentos, el
Sin embargo, con el correr de los minutos, Atlético fue perdiendo protagonismo y las ocasiones desperdiciadas comenzaron a pesar. El equipo bajó la intensidad; tal vez por una cuestión física, o quizás por desgaste mental en un contexto en el que la presión alta no tan sólo exige piernas frescas, sino también coordinación colectiva y máxima concentración.
A partir de eso, y con muy poco, Central Córdoba empezó a crecer en el juego y, cuando el “Decano” dejó de recuperar rápido la pelota, la ansiedad se apoderó del equipo. En ese momento, la lucidez comenzó a diluirse como arena entre las manos.
En busca de recuperar el control, Colace movió el banco. El ingreso de Manuel Brondo por Franco Nicola apuntó a reconfigurar el esquema en un 4-2-3-1, con el ex Argentinos ubicado unos metros más atrás para aportar orden y tenencia.
El ajuste, sin embargo, no alcanzó. Atlético ya no volvió a ser aquel equipo dominante que fue durante los primeros minutos del partido.
Puede sonar paradójico, pero el tablero terminó favoreciendo a Pusineri. El equipo de Colace mostró una idea más ambiciosa y un funcionamiento superior en varios pasajes, pero no logró traducirlo en el resultado que buscaba. Central Córdoba, en cambio, se fue de Tucumán con un punto valioso y la sensación de haber cumplido su objetivo.
Desde lo táctico, el empate dejó una señal clara para el cuerpo técnico de cara a lo que se viene en la temporada. El plan de presión alta puede ser efectivo, pero su sostenibilidad sigue siendo el gran desafío. La clave no será solamente identificar las causas de esa merma de intensidad, sino aprender a capitalizar los momentos de superioridad y traducirlos en el marcador. Ya lo pagó caro el pasado viernes en Mendoza contra Independiente Rivadavia y volvió a sufrirlo frente al “Ferroviario”.
Colace tiene una idea reconocible y un plantel dispuesto a ejecutarla. El próximo paso será encontrar mecanismos para administrar los tiempos del partido. En ese equilibrio entre intensidad y efectividad estará la clave para que el “Decano” no sólo juegue mejor, sino que también convierta su ambiciosa propuesta en resultados.








