Evita en la plaza Independencia: amor, euforia y tragedia
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
Con el brazo derecho en alto, a bordo del clásico descapotable, se recorta la inconfundible figura de Eva Perón. A su lado, de blanco -su sello distintivo- se ubica el gobernador Carlos Domínguez. El año es 1946; la escenografía, por demás identificable: la plaza Independencia.
Fue la primera visita de Evita a Tucumán en condición de Primera Dama. Vendría en otras dos ocasiones, pero fue este primer contacto con los tucumanos el que quedó marcado para siempre. Pasional, incontrolable, la multitud desbordó todas las previsiones y la fiesta mutó en tragedia. Se produjo una avalancha en la plaza y siete mujeres -dos niñas- murieron aplastadas: Teresa Tapia (35 años), Luisa Pérez (43), Celia Carrizo (13), Ercilia Barrientos (46), Nélida Valdez (8), Paula de Castro (45) y Bartolina del Carmen Gómez de Figueroa (55).
Desde el antiperonismo, durante décadas la conjunción de Evita y Tucumán fue sinónimo de clientelismo, con el agregado de una amenaza: la vida es el precio que llega a pagarse por una dádiva. Desde el peronismo se adjudicó la desgracia a una cadena de casualidades e imprevisiones, mínimas ante la trascendencia de la puesta en escena que la rodeaba.
Eva se dirigió luego al Hospital Centro de Salud, en cuya morgue habían quedado los cuerpos, mientras los heridos -mayormente mujeres- se contaban por decenas. Luego, el Gobierno acordó indemnizaciones para los familiares de las víctimas.
Al día siguiente, la esposa del Presidente de la Nación siguió viaje rumbo a Tafí Viejo -donde pronunció un potente discurso en los talleres ferroviarios-, a Monteros y a Concepción. Con el correr de los años, lo sucedido aquella tarde de noviembre en la plaza Independencia se incorporó a la memoria urbana, desprovista de detalles -y de nombres propios- y alimentada por un sinfín de interpretaciones.








