DISPARADOR. En la primera escena de Stranger Things, los chicos juegan Calabozos y Dragones; eso despertó en muchos curiosidad por el juego.

Durante años Calabozos y Dragones (Dungeons & Dragons -D&D-) fue visto como un pasatiempo de nicho, reservado para fanáticos de la fantasía épica y de la cultura “nerd”. Sin embargo, series como Stranger Things, la pandemia y el crecimiento de comunidades locales hicieron que el histórico juego de rol atravesara fronteras y ganara jugadores, también en Tucumán.
En la primera escena de Stranger Things, un grupo de chicos juega una partida de D&D en un sótano. Esa imagen, repetida a lo largo de la serie, funcionó como puerta de entrada para muchas personas que nunca habían oído hablar del juego o que lo asociaban a algo inaccesible. “Esa representación despertó curiosidad. Mucha gente empezó a preguntarse de qué se trataba realmente”, explica Bernabé González Mina, jugador experimentado, conocido artísticamente como Magnus Haris.
Graduado de la carrera de Cine de la Universidad Nacional de Tucumán y creador de contenido para YouTube, González Mina lleva casi una década vinculado al mundo del rol. Desde su experiencia, define al juego como una actividad lúdica, narrativa e interpretativa. Y explica que el juego tiene reglas, dados, estadísticas como un juego de mesa, pero al mismo tiempo se construye una historia colectiva y cada persona interpreta un personaje.
¿Qué es D&D?
Creado en 1974, Dungeons & Dragons es el juego de rol más popular del mundo. A diferencia de los videojuegos o los juegos de mesa tradicionales, no hay un tablero fijo ni un final predeterminado. Un jugador asume el rol de Dungeon Master -el director del juego-, y se encarga de crear el mundo, los personajes secundarios y las situaciones, mientras que el resto interpreta los personajes que toman decisiones y construyen la historia.
“Es como contar una serie entre amigos, una historia que solo existe para ese grupo. Aunque dos mesas jueguen la misma aventura, nunca van a ser iguales porque todo depende de las decisiones que se toman”, explica Magnus Haris.
DIRECTOR. Un jugador, el Dungeon Master, se encarga de crear el mundo, los personajes y las situaciones.
Efecto pandemia
Si Stranger Things había encendido la chispa, la pandemia de la covid-19 terminó de expandir el fenómeno. El aislamiento impulsó el juego de rol en formato virtual, y plataformas como Discord, Google Meet o sitios especializados como Roll20 permitieron sostener partidas completas a distancia. “Mucha gente tuvo tiempo para leer manuales, mirar partidas en YouTube o Twitch y animarse a probar”, cuenta González Mina, quien comenzó a jugar en 2016 tras descubrir transmisiones de partidas en línea.
En su opinión, ver a otras personas jugar es una de las mejores formas de aprender, incluso sin abrir un manual. Y destaca que los canales de Twitch y otras producciones digitales resultaron clave para acercar el juego de rol a nuevas generaciones.
Comunidad en crecimiento
En Tucumán, la comunidad “rolera” creció de la mano de espacios culturales y comerciales que funcionan como puntos de encuentro. En San Miguel de Tucumán, las partidas suelen organizarse en locales y en casas, con encuentros semanales o mensuales que reúnen a jugadores de distintas edades, desde adolescentes hasta adultos de más de 30 años. También existen grupos de WhatsApp y comunidades organizadas, donde se comparten partidas, noticias y convocatorias.
En la actualidad, el acceso a los juegos de rol es más simple que en etapas anteriores. La comunidad se muestra más abierta a incorporar jugadores nuevos y existe una mayor predisposición a enseñar las reglas y dinámicas del juego. Además, el rol no es necesariamente un hobby costoso, ya que puede practicarse sin realizar grandes gastos, utilizando manuales digitales, aplicaciones gratuitas para lanzar dados y fichas básicas.
En ese sentido, González Mina señala: “Hoy es mucho más fácil empezar a jugar que antes, porque hay más gente dispuesta a enseñar y muchas herramientas accesibles para hacerlo”.
Más allá del entretenimiento, el juego de rol cumple una función creativa y social. Durante las partidas se ponen en juego habilidades vinculadas a la imaginación, el trabajo en equipo, la comunicación y la empatía, en una experiencia participativa que se construye de manera colectiva y que, en Tucumán, se refleja en el crecimiento de mesas de juego y espacios dedicados a su difusión.







