
La tregua que concedió la lluvia trajo cierta tranquilidad. El caudal de los ríos descendió, y la situación en las zonas más complicadas con anegamientos avanza hacia la normalidad. No obstante, el titular de Defensa Civil de la provincia, Ramón Imbert, recordó que la región está bajo alerta amarilla, y que podrían darse nuevas precipitaciones.
“Principalmente serán en la zona de montaña. Por supuesto que en algún momento, según la cantidad y la intensidad de las lluvias, el agua podría llegar a las localidades que están abajo, pero no será tan grave como días pasados”, dijo. Subrayó que se debe entender que la situación que se vivió días atrás responde a la cantidad de agua caída: “por ahora rige una alerta amarilla, que implica promedios de lluvia bajos”.
Sobre los diques, destacó que no se corre riesgo de que la erogación de agua aumente de manera importante el caudal de ríos. “Esto se debe a que no hay lluvias en las cuencas alta, media y baja. Y sin precipitaciones, el caudal de las presas va en descenso, porque el ingreso es mínimo. Los diques están en la cota de seguridad”, dijo.
Advertencia
Más allá de la mejora de la situación, Marcelo Arzelan, ingeniero agrónomo experto en manejo de cuencas, advirtió que la provincia seguirá expuesta a eventos críticos si no se avanza en un manejo integral de las cuencas hídricas. “El NOA tiene características fisiográficas muy particulares, con serranías de alta pendiente y lluvias concentradas en verano. Cuando se combinan lluvias intensas con el uso inadecuado del suelo se generan descargas rápidas hacia ríos y arroyos, y hay desbordes”, explicó.
Señaló que la actividad humana modificó el comportamiento natural de las cuencas. “El cambio en el uso del suelo lo vuelve cada vez más impermeable. Eso hace que el agua no infiltre y escurra violentamente hacia los colectores naturales”, indicó.
En su opinión, la respuesta del Estado suele ser reactiva. “Se actúa con paliativos que mitigan el problema en el momento; pero no hay solución de fondo. Esto no se revertirá sin un plan integral de manejo de cuencas, que es necesariamente a largo plazo”, alertó.
Arzelan remarcó, además, el fuerte impacto de estos fenómenos en el sector productivo. “Las consecuencias en los campos son nefastas: erosión, inundaciones, pérdida de suelos y conflictos graves en fincas productivas”, dijo. E insistió en que el manejo debe ser integral, con participación del sector público y privado, mediante un plan maestro para 20 o 30 años.
“Estas situaciones deben servir para tomar conciencia. Sin planificación y sin un manejo serio de las cuencas seguiremos sorprendiéndonos cada verano cuando los ríos se salgan de su cauce”, señaló.









