¿A quién beneficia el parate? Las diferentes miradas en los vestuarios de Villa Alem
Los protagonistas coincidieron en que no se podía seguir, pero con miradas distintas: Tucumán Central ve una ventaja en el desgaste del rival, mientras que Talleres sufre por la logística y la soledad en la tribuna.
EL MOMENTO DE LA DECISIÓN. La terna arbitral se reúne con los capitanes de cada equipo para evaluar la continuidad del partido. Finalmente, se decidió postergar el partido para mañana desde las 17. MATIAS VIEITO / LA GACETA

Tras definirse la suspensión del juego, el vestuario de Tucumán Central oscilaba entre la satisfacción por la ventaja mínima y la cautela por un trabajo que quedó a mitad de camino. Si bien el “Rojo” de Villa Alem había sido ligeramente superior en el primer tiempo y estaba arriba en el marcador, los protagonistas aceptaron que las condiciones no estaban dadas para continuar con el encuentro. El agua se había adueñado de la tarde; el balón ya no picaba, se quedaba muerto en los charcos y cualquier intento de pase era una lotería.
“Se puso muy complicado porque la pelota se frenaba mucho, y ya había demasiado roce”, explicó Matías Smith. “Siempre queremos desplegar buen fútbol, pero hoy nos adaptamos mejor a la cancha; ellos no lograban hacer pie”, añadió. Igual, le reconoció méritos al equipo jujeño: “Ellos tienen muy buenos jugadores, sabemos que nos pueden complicar; mañana -por hoy- tenemos que completar el trabajo”.
Para el director técnico Walter Arrieta, la suspensión fue una decisión lógica, pese a que la ve como un beneficio. “Somos un equipo al que le gusta el balón por el piso, y hoy se arriesgaba mucho porque la pelota se frenaba y te la podían quitar cerca de tu área”, analizó. Arrieta no ocultó que el factor externo juega a su favor de cara a la reanudación. “Siempre viene bien un poquito de suerte; las cosas pasan por algo. A ellos esto les perjudica bastante porque no van a tener a su gente y tienen que resolver el tema de quedarse un día más. Todo eso suma a nuestro favor”, consideró.
En el bando visitante, el clima era de resignación. Pablo Fernández, arquero y capitán de Talleres, aceptó que no había otra opción para resguardar el físico. “Por precaución fue lo mejor; habían demasiados charcos y el riesgo de lesión era real. Queríamos seguir, pero entendemos la decisión del árbitro”, afirmó el guardameta, que participó de la recorrida final por el campo junto a la terna arbitral antes del anuncio oficial.
El referente fue autocrítico sobre lo sucedido en el campo de juego. “Les sentó mejor el campo mojado, nosotros no habíamos tenido estas condiciones en todo el torneo y ellos supieron aprovecharlo”, analizó. Pese al resultado, Fernández confía en los suyos; considera que su equipo es candidato por nombre e historia, aunque reconoce a Tucumán Central como un rival a la misma altura. “Son un equipo intenso, con jerarquía individual y quedó demostrado que no llegaron de casualidad hasta aquí. Somos claramente los dos mejores equipos”, aseguró.
Pero más allá de lo estrictamente deportivo, lo que más preocupaba en el vestuario visitante era la logística. “Además de no tener a nuestra gente, ahora tenemos que resolver el alojamiento”, comentó el capitán. El plantel del “Expreso” había pasado la noche anterior al partido en un hotel céntrico y la dirigencia se puso a trabajar de inmediato para extender la estadía. Ahora, con ese desgaste extra sobre los hombros, Talleres buscará revertir una historia que por ahora tiene color rojo.







