El mundo para Trump: “como Juan por su casa”

El mundo para Trump: “como Juan por su casa”
Hace 6 Hs

Por Carlos Duguech(*)


Para Donald Trump esta es su “casa-mundo”. “Casa” elegida en mapas con su mirada “de cliente” y su determinación de planes que se dicen antes de escribirse. Y de planos que se dibujan desde su muy singular ejercicio de la topografía. Casi, casi, con los trazos gruesos de marcadores negros con los que firma sus decisiones mostrándolas a las cámaras de los reporteros. Así de burdo; políticamente revolucionario en sentido negativo por los efectos.

Alguna vez expresamos en esta columna que Trump era “el más previsible de los presidentes imprevisibles de EEUU”. Nos quedamos cortos o, más bien, tal expresión debía mutar para estar al día. Entonces acuñamos, ahora,  “Trump es el más imprevisible de todos los presidentes del Estado norteamericano”.

Creíamos haberlo catalogado efectivamente en una categoría inmutable por la persistencia de su conducta pública, cuando nos hallamos en estos tiempos frente a una caja de sorpresas. De esas que nos demuestran que, aun conociéndolo, jamás podíamos prever ni sus intenciones ni sus conductas. El mutante perfecto, pero siempre sorprendiendo con cada estación de su recorrido presidencial. Tren en marcha por vías monodireccionales o listo para, en abrupto movimiento, atravesar un cambio de vías hacia otro destino.

Quien osare escribir la biografía del multimillonario presidente deberá estar dispuesto a rellenar carillas y carillas y a corregir muchas en las que hubiese volcado una calificación cuasi definitiva de su personalidad. Tal como si estuviera definiendo el verano de Tucumán, con sus soles, sus lloviznas, sus tormentas y el impiadoso Febo de los mediodías y de las siestas provincianas en enero.

Cada día -sí, cada día-, como si estuviese escrito en letra de imprenta en una agenda de las que nos venden en las librerías, tiene su programa, hora por hora. La agenda que Trump posee, muy cercana a sus decisiones, no es como la que se adquieren al filo del nuevo año. Es única, intransferible, con una sola inscripción que acompaña a la fecha: “I” (Yo).

Trump y el Nobel

No es necesario recurrir a fuentes especiales y de absoluta confianza para conocer de cerca a Trump, de tal modo que puedan eludirse eficazmente los efluvios de las ya famosas “fake news”. Todo, casi todo, está a la vista como una invitación al fenecido “Sírvase Ud.” de los supermercados en nuestro país.

El viaje que tanto esperó la dirigente venezolana María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025, se concretó hace unos días en Washington. Cara a cara con el presidente Trump, en una acrobacia digna de los mejores trapecistas del mundo, entrega al presidente de EEUU el valioso objeto que configura, materialmente, el signo del preciado galardón que cada año entrega el Comité Noruego del Nobel de la Paz. Enmarcada adecuadamente aparece la medalla de oro junto a textos que expresan: “Para el Presidente Donald J. Trump, en gratitud por su extraordinario Liderazgo para Promover la Paz por medio de la Fortaleza, Fomentar la Diplomacia y Defender la Libertad y la Prosperidad. Presentado como un signo personal de gratitud  a nombre del Pueblo Venezolano en Reconocimiento de la acción Decisiva y Ejemplar del Presidente Trump para Asegurar una Venezuela Libre. El Coraje de Estados Unidos y su Presidente Donald J. Trump, Nunca será olvidado por el Pueblo Venezolano”. (Se han mantenido los excesivos usos de mayúsculas del original).

Era esperable que ese gesto de Machado generara en Noruega reacciones condenatorias encaminadas a referir el agravio a la naturaleza del emblemático galardón. Ni hace falta enfatizar nada sobre esta actitud de Machado, seguramente conmovida por la decepción de Trump a la hora de conocerse que el Comité Noruego no lo tenía en cuenta pero sí ella. Una jugada supuestamente “maestra” lanzó a la activista venezolana a un enrarecido clima donde no es extraña para nada la expresión “lamebotas” (En Diccionario RAE, como “americanismo”).

“Escenario”

Bien definido el escenario y el clima internacional en torno a Trump, Venezuela, China, Groenlandia, etc. por Daniel Dessein en la columna de ayer en LA GACETA. Cita, con acierto y precisión dos juegos de guerra: el T.E.G. argentino y el Yenga británico, para definir el clima de los acontecimientos ligados a la “seguridad  hemisférica y simplificación planisférica” con el protagonismo de Trump.

Citamos ahora un juego que más que nada define la estructura ético-política-creativa del presidente de EEUU. Un juego asaz simple y casi olvidado: el Ta Te Ti. Se adapta al proceder del “mandamás” estadounidense (nunca antes tan apropiada la función). Baste un sólo ejemplo del desparpajo trumpeano por ejercer el omnímodo poder de líder de una primera potencia mundial que percibe -sin decirlo-  su tambaleo en esa primacía. Y frente a los dardos de política internacional que surcan el espacio desde esas descomunales bases de lanzamiento que son China y Rusia. Si Trump supiera algo de spanish le sería apropiado atender la expresión chileno-argentina “ojo al charqui”. Todo dicho. ¿Para qué más?

Terrenos escabrosos le esperan si osa dirigir sus pasos contra vientos, mareas, hielo y la sólida contundencia de Dinamarca, naturalmente ligada a Groenlandia. Escabroso camino si Trump decide intentar que se cumplan sus sueños de gloria. Ya tiene el oro del “Nobel de la Paz”. Entonces, “here we go!” (¡allá vamos!).

Y, mientras, recitaría “me celebro y me canto a mí mismo”. Pero él no es Walt Whitman.

Se hace necesario formalizar un muro ético-político más sólido que aquel de Berlín.

¿Paz en Gaza?

Una pregunta que se da de frente con una realidad de trágicos contornos que ha mostrado al mundo bombardeos y furia vengativa en tiempo real. Imágenes que se sumaban a las brutales del 7 de octubre de 2023 del sur de Israel. La destrucción en Gaza, las más de 70.000 víctimas fatales, la continuidad de una “guerra” de un sólo lado y los aprovisionamientos de armas, proyectiles y otros apoyos logísticos a Israel para su gestión guerrera involucró a la mayoría de los países de la Unión Europea (y de la OTAN, además).

El diseño de la Junta por la Paz en Gaza es del propio Trump. Está  destinada -lo expresan- a coordinar la estabilización política, la reconstrucción institucional y el desarrollo económico del territorio palestino. El Consejo Ejecutivo Fundador es de siete miembros. Desde Washington señalaron que la Junta por la Paz en Gaza fue concebida como un mecanismo de intervención prolongada, que combine respaldo político internacional, reconstrucción económica y control de seguridad, evitando esquemas transitorios de corto plazo.

Cuando se dan a conocer los integrantes surge un nombre cuestionado con pruebas y propia confesión. Tony Blair. No menos que “criminal de guerra” por haber participado con George Bush (EEUU) y José María Aznar (España) en el ataque a Irak (marzo de  2003). Más de 100.000 muertos. Destrucción, saqueos. La razón de la guerra: el Irak de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Después los atacantes reconocieron que no era verdad.

Blair formó parte del malhadado “Cuarteto para la paz en el Medio Oriente” de penosa memoria. Desde estas columnas lo señalamos reiteradamente. Y ahora fue elegido por Trump para una Junta por la Paz en Gaza. Una burla más. Una muy torpe elección.

 

(*) Analista internacional

Comentarios