¿Se puede perder el tren otra vez? Tres reformas que se dilatan y temor a que la historia se repita

Por Hugo E. Grimaldi

Hace 1 Hs

Con un Congreso de tono mucho más amigable que la sociedad le proporcionó a Javier Milei en las elecciones de octubre para que tenga más herramientas de manejo institucional y también con cambios de fondo en materia de rosca política, el gobierno libertario ya transita a pleno su tercer año de gobierno con los focos primarios de interés puestos en lo estructural, lo económico y lo internacional. Los tres ejes están íntimamente conectados para intentar el despegue lo antes posible, pero lamentablemente si el primero de ellos no se resuelve y si todo se alarga, como parece que va a suceder, la pista no quedará finalmente lisa y todo se hará mucho más dificultoso.

Cuando estas cosas pasan, lo que puede seguir en la secuencia es que a cada tropiezo le siga otro y que, para darle arreglo, se desmembre algún otro pedazo del esqueleto que con tantas dificultades y sacrificios de la gente se logró armar en dos años de gobierno. La sombra de Mauricio Macri sobre todo (y aún las dilaciones de Alberto Fernández), ha comenzado a sobrevolar entre los arquitectos del poder y si bien se supone que no hay quien desee tropezar una vez más con la misma piedra, en materia política nunca se sabe.

El gobierno nacional logró en esos dos años estabilizar bastante la macroeconomía con superávit fiscal y con una fuerte caída de la inflación, pero aún enfrenta el desafío de trasladar esos logros y vigorizar una micro que muestra salarios deprimidos, consumo retraído y la necesidad de reactivar la actividad sin reavivar la inflación. Para dinamizar ese traspaso, había diseñado en la mesa de arena la posibilidad de avanzar al menos en tres reformas clave: la laboral, la jubilatoria y la tributaria.

La idea es tratar la primera en el Senado el 11 de febrero y más allá de los gremios que se oponen a casi todo y del kirchnerismo que la rechazará sólo por ser opositor, el punto más complicado al día de hoy está en que los gobernadores temen con razón que haya una baja en la recaudación por el cambio de las alícuotas en Ganancias para sociedades, lo que les reduce los aportes por Coparticipación.

En este punto, ya hay un tropiezo de origen porque en la reunión de la Mesa Política se decidió ayer en la Casa Rosada insistir con el proyecto tal como está, con el argumento de que, debido al impulso a la toma de personal que generará la nueva legislación, todos van a recuperar lo perdido aunque es probable que deban sobrevivir un buen tiempo sin esos fondos, quizás hasta el año que viene. Igualmente, en el toma y daca de los votos aún no se hacen concesiones -que las habrá- porque todos están viendo en el poroteo senatorial cuántos votos tienen para conseguir la media sanción y para negociar en consecuencia.

En cuanto a lo previsional, la más que necesaria transformación de un sistema que hace agua por todos los costados, reforma que debería cerrar el bache del sistema aunque lo que no se pueda equilibrar deberá quedar como un lastre en Rentas Generales, no se hará por ahora. Generar esa reforma, además, sería un acto de justicia hacia quienes aportaron durante tantos años sin moratorias. La decisión ya tomada es que este agujero de las cuentas públicas, que además es un emblema del despilfarro disfrazado de solidaridad, quedará para fines de este año, lo que implica en la práctica que pasará para 2027 un año electoral donde, casi nada se toca para no irritar a los votantes.  

Con respecto a la “reforma impositiva integral”, ultra necesaria para dar señales que generen incentivos al sector privado, lo primero fue correr el hito para centrarse ahora mismo en la modernización laboral, pero ya se ha empezado a decir que lo tributario no sería tan completo como se pensaba, sino que podría ser algo progresivo que no abarque todos los impuestos, sino que se plantearía en forma escalonada o con cambios puntuales por falta de margen fiscal, lo que complicaría las metas con el Fondo Monetario. Si bien cuando suceden estas cosas lo normal es que haya un bache, los expertos creen que la dilación será perjudicial para impulsar la inversión.  

Tampoco será inmediato lo que se puede producir en materia de inversiones con el Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, más allá de los cortocircuitos últimos con Brasil que han empañado la firma en Asunción, situación que se puso aún más espesa por el faltazo de Lula y por la recepción que le hizo ayer a los líderes europeos. Las diferencias son un eslabón más de los cambios políticos que ha tenido el mundo desde 1999 hasta acá, con saltos de dirección en ambos continentes.

El avance del Tratado se dio en el inicio en un contexto de globalización en el que Europa buscaba ampliar sus mercados y América del Sur necesitaba diversificar sus destinos de exportación. Para la Unión Europea, el interés principal era acceder a materias primas como carne, soja y minerales, además de abrir oportunidades para sus industrias en un bloque emergente. El Mercosur siempre vio el acuerdo como una oportunidad para exportar.

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