Atlético Tucumán cerró su gira en Uruguay: análisis, rendimientos y los problemas que deberá resolver antes del Apertura
Dos triunfos, una goleada en un ensayo y un equipo que empieza a mostrar identidad. La propuesta ofensiva de Colace ilusiona, pero también expone un desafío que el “Decano” deberá atender.
A PRUEBA. Atlético Tucumán cerró su gira en Uruguay con buenas sensaciones en ataque y varias cuentas pendientes en defensa, a días de iniciar el Torneo Apertura. ./X @ATOficial
Se terminó el tiempo de jugar a jugar. Atlético volvió de Uruguay con dos triunfos y un ensayo goleador en un entrenamiento. El Apertura toca la puerta. Cuando se abra, cada virtud deberá sostenerse y cada error tendrá consecuencias, con un rival decidido a llevarse los tres puntos.
La gira por tierras charrúas dejó un mapa. Con zonas iluminadas, otras en penumbra y algunas todavía en obra. Cerro Largo, Progreso y Everton (en un ensayo informal) fueron tres estaciones de un mismo recorrido. En cada parada, un equipo que intenta construirse desde una idea ofensiva, intensa, ambiciosa, y que todavía busca el equilibrio para no pagarlo caro.
El “Decano” ganó los dos partidos “oficiales” por 2-1 y goleó 5-2 en el entrenamiento ante Everton. El dato duro dice poco si no se lo mira con lupa. El equipo de Hugo Colace mostró dos caras en cada encuentro. Vértigo que enamora y fragilidad que incomoda.
La mejor versión apareció en ráfagas. En los primeros 20 minutos ante Progreso, por ejemplo, Atlético fue una máquina de presión alta, circulación rápida, pases de primera, diagonales, llegadas. Ahí se vio el Atlético que Colace imagina. El Atlético que puede competir. El Atlético que ilusiona. Ese tramo fue un manifiesto futbolístico. Y tuvo nombre propio: Ramiro Ruiz Rodríguez.
“RRR” fue el jugador de la gira. Los goles son un párrafo aparte, lo mas importante es lo que representa dentro del sistema. Velocidad y lectura para atacar espacios. Su sociedad con Nicolás Laméndola sigue siendo la principal fuente de desequilibrio del equipo. Laméndola, además, confirmó que atraviesa un momento de madurez futbolística donde pide la pelota, la cuida, la arriesga. Cuando Atlético juega bien, él casi siempre está en el centro de la escena.
A ese tándem se suma Renzo Tesuri, formando una especie de triángulo móvil que explica por qué el equipo genera tantas situaciones. La densidad ofensiva es una marca registrada. Hay seis jugadores pisando el área rival, segundas jugadas, rebotes, centros, remates. Atlético no especula y ataca. El problema es lo que pasa cuando pierde la pelota.
La propuesta de Colace es valiente, pero corta de manta. Presionar tan alto deja a la defensa expuesta. Y la defensa, por ahora, no es un bloque sólido. Hay descoordinaciones, salidas a destiempo, espacios mal cubiertos. Cerro Largo lo aprovechó. Progreso también. Y equipos de mayor jerarquía lo harán con más contundencia.
Ahí está el gran desafío. El DT tendrá que convertir ese equipo ofensivo en un equipo equilibrado. No renunciar al ataque, pero aprender a defender como conjunto. Que la presión sea un movimiento de todos. Que la línea defensiva tenga respaldo. Que el equipo se mueva como una sola pieza.
Entre los refuerzos, hubo sensaciones mixtas. Luis Ingolotti tuvo intervenciones importantes, pero también errores que explican que todavía esté en etapa de adaptación. Tiene condiciones. Necesita confianza. Y partidos.
Leonel Di Plácido, en cambio, dejó una preocupación. Su salida por lesión ante Progreso obligó al ingreso de Gabriel Compagnucci, que terminó siendo una de las sorpresas positivas. Sin brillar, fue ordenado, prolijo y confiable. En un equipo que muchas veces juega al límite, ese perfil no es menor.
Ezequiel Ham cumplió como volante central en un contexto difícil, mientras que Martín Benítez sumó minutos y ritmo. Gastón Suso, en su estreno, respondió cuando el equipo más lo necesitaba; apareció en el segundo tiempo ante Progreso, bajo la lluvia, con uno menos y defendiendo el resultado.
El entrenamiento ante Everton sirvió para otra cosa y confirmó que hay juveniles que piden pista. Carlos Abeldaño y Martín Ortega firmaron los cinco goles. En un plantel en construcción, esas apariciones también suman.
En el rubro deudas, Leandro Díaz sigue siendo un caso aparte. Hizo un gol ante Cerro Largo, pero volvió a mostrar las mismas desconexiones del año pasado. Participa poco del juego, se asocia poco, aparece poco. En un equipo que necesita delanteros activos, su rol todavía está en discusión.
El “Decano” se va de Uruguay con seis puntos sin fixture, con confianza, con ilusión, con trabajo pendiente. Tiene una idea. Tiene intérpretes. Tiene momentos de fútbol que invitan a creer. Todavía no tiene continuidad.
Quizás lo más valioso de la gira sea haber mostrado que el techo está alto, pero que el piso todavía es inestable. Que el equipo puede jugar 20 minutos de alto nivel y 70 de supervivencia. Que sabe atacar, aprendiendo a resistir.
Ahora ya no hay margen para ensayar. El próximo partido será en Mendoza, ante Independiente Rivadavia, campeón de Copa Argentina. Ya no son pruebas piloto. Habrá puntos y habrá tabla.
Uruguay fue una maqueta. El Apertura será el edificio. Y Atlético tendrá que comprobar, en cada partido, si los cimientos alcanzan para sostenerlo.








