JESSIE BUCKLEY. Recibió el premio a mejor actriz en un drama, por su papel en “Hamnet”, de Chloé Zhao.

Lejos de consagrar una única estética dominante, los Globo de Oro delinearon este año un retrato fragmentado pero elocuente del cine contemporáneo: dramas que buscan sentido en la pérdida, comedias que se apropian del exceso como forma de reflexión y un creciente reconocimiento al cine internacional y a los fenómenos de taquilla. Más que un podio, la ceremonia construyó un relato sobre cómo -y desde dónde- se están contando hoy las historias en la gran pantalla.
La noche cinematográfica tuvo dos polos bien definidos. Por un lado, “Hamnet” se consagró como mejor película dramática, confirmando la vigencia del drama histórico y literario como vehículo para abordar emociones universales. La película, centrada en el duelo íntimo que atraviesa a la familia de William Shakespeare tras la muerte de su hijo, encontró en Jessie Buckley a su núcleo expresivo: fue reconocida como mejor actriz en un drama por una interpretación contenida, profundamente física y atravesada por el silencio. El premio mayor al film terminó de consolidar una obra que apuesta por la introspección en tiempos dominados por el ruido.
En el extremo opuesto del espectro narrativo se ubicó “Una batalla trás otra”, ganadora del Globo de Oro a mejor película de comedia o musical. La película de Paul Thomas Anderson, una sátira ambiciosa y desbordada sobre la violencia, la repetición histórica y el espectáculo, se convirtió además en una de las grandes dominadoras de la noche. Anderson fue distinguido como mejor director, y el film también se llevó el premio a mejor guión, ratificando el reconocimiento a una propuesta autoral que no renuncia al riesgo ni a la ironía.
TIMOTHÉE CHALAMET. Elegido mejor actor (comedia o musical).
El peso de “Una batalla trás otra” se extendió al terreno actoral con el premio a mejor actriz de reparto para Teyana Taylor, cuyo trabajo fue celebrado por aportar densidad emocional a una película marcada por el exceso y la energía constante. Sin embargo, en la categoría de mejor actor en comedia o musical, el reconocimiento no fue para el film de Anderson: el Globo de Oro quedó en manos de Timothée Chalamet por “Marty Supreme”, una actuación que confirmó la capacidad del actor para transitar el registro cómico sin abandonar la complejidad psicológica de sus personajes.
El rubro dramático masculino tuvo como gran protagonista a Wagner Moura, quien fue distinguido como mejor actor en una película dramática por “El agente secreto”. El film brasileño, además, se alzó con el Globo a mejor película en lengua no inglesa, consolidándose como una de las presencias internacionales más fuertes de la ceremonia. La doble consagración fue leída como una señal clara de apertura hacia relatos políticos y geográficos que trascienden el eje tradicional de Hollywood, en un contexto global atravesado por tensiones reales.
WAGNER MOURA. El mejor actor en drama, por “El agente secreto”.
En las categorías de reparto, el premio a mejor actor de reparto fue para Stellan Skarsgård por “Valor sentimental”, una interpretación que aportó gravedad y complejidad a una película sostenida en los matices emocionales. El reconocimiento confirmó, una vez más, la valoración de los Globos por trabajos secundarios que resultan decisivos en la arquitectura narrativa de un film.
La animación tuvo un lugar destacado con “K-Pop Demon Hunters”, que se consagró como mejor película animada. El film no sólo fue celebrado por su despliegue visual y su cruce entre acción, cultura pop y música, sino que además obtuvo el premio a mejor canción original por “Golden”, una pieza que terminó de convertir a la película en uno de los fenómenos más transversales de la temporada.
PAUL T. ANDERSON. Mejor director por “Una batalla detrás de otra”.
En el plano musical, la mejor banda sonora original fue para Ludwig Göransson por “Sinners”, película que también se quedó con el reconocimiento a Cinematic and Box Office Achievement, una categoría que distingue el impacto comercial y cultural de un film más allá del circuito estrictamente crítico. El doble premio a “Sinners” subrayó una tendencia cada vez más explícita: el reconocimiento a aquellas producciones capaces de combinar ambición artística con llegada masiva al público.
Así, los Globo de Oro ofrecieron algo más que una enumeración de ganadores. El resultado fue un mapa del cine actual, donde conviven el drama íntimo y la sátira desbordada, la animación como fenómeno global y el cine internacional como actor central de la conversación. Entre el duelo silencioso de “Hamnet” y la exuberancia de“Una batalla trás otra”, la ceremonia dejó en claro que el cine sigue buscando -y encontrando- múltiples formas de narrar el presente.






