Por qué la Antártida es el lugar en el que más meteoritos se encuentran
El continente blanco se convirtió en el escenario predilecto para la búsqueda de fragmentos espaciales, concentrando la mayor parte de los hallazgos mundiales gracias a una combinación única de factores geográficos y ambientales.
Uno de los meteoritos más grandes que se encontraron en la Antártida pesa 7.7 kilos. Foto: María Valdés - CNN en español
Una noche oscura, un punto brillante en el cielo, una estela luminosa y un resplandor creciente producto de la fricción. Durante la noche, es sencillo reconocer cuando un cuerpo extraño entra en contacto con la atmósfera terrestre. Pero ese ingreso puede llegar o no a la Tierra. Si las partículas tocan suelo, es sumamente difícil encontrarlas. A menos que esto ocurra en la Antártida, donde se hallaron más del 60% de los meteoritos de los que se tiene registro.
Aunque hay excepciones enormes como el meteorito Hoba, que mide aproximadamente 3 metros de alto por 3 metros de ancho, la mayoría de los que tocan la Tierra son mucho más pequeños. Estos elementos del espacio suelen tener tamaños entre 3 y 30 centímetros. Si se considera buscar una simple piedra de este tamaño en cualquier lugar de la Tierra, se hablaría de una tarea similar a encontrar una aguja en un pajar.
El 60% de los meteoritos encontrados pertenecen a la Antártida
¿Cuál es la diferencia de buscar un meteorito en la Antártida? La respuesta es sencilla, pero son varios los factores que inciden en el alto nivel de hallazgos. Según un artículo de Nature Climate Change, de los alrededor de 80.000 meteoritos encontrados en todo el mundo, más del 60% pertenece a elementos recogidos de la superficie antártica.
Este fenómeno tiene una triple explicación. En primer lugar, se habla del contraste visual. Si pensamos en la Antártida o vemos fotografías, el color predominante será el blanco. En un escenario tan claro, los meteoritos –que suelen tener colores oscuros– destacan considerablemente. Las búsquedas se convierten en algo tan sencillo como rastrear un punto negro. Eso sí, no cualquier piedra es un meteorito.
En segundo lugar, los meteoritos se alteran con rapidez en otros tipos de climas. En los sitios húmedos se conservan mucho menos tiempo porque se oxidan, se desarman y terminan pareciendo piedras comunes. La Antártida, en cambio, por sus condiciones climáticas extremadamente frías, funciona como una gran conservadora en la que las bajas temperaturas permiten que las piedras permanezcan casi intactas y sin grandes cambios en su conformación.
Por último, en la glaciología se habla de “zonas de varamiento”. Esto implica que el hielo, de alguna manera, transporta los meteoritos. En estas zonas el hielo en movimiento, combinado con pérdidas de superficie, termina concentrando los meteoritos en un mismo sitio, lo que implica que, si se encuentra uno, puede que haya más cerca.








