Es tucumano, se formó en Monteros Vóley, juega en España y sueña con la Selección

El armador construyó su camino desde el vóley formativo tucumano hasta la liga profesional de España, sin perder de vista su gran objetivo.

IMPORTANTE. Federico Arquez es una figura clave en el voley español. IMPORTANTE. Federico Arquez es una figura clave en el voley español. FOTO: monterizos
07 Enero 2026

El vóley tucumano vuelve a sacar chapa en Europa de la mano de Federico Arquez, un armador nacido en Monteros que atraviesa su primera temporada en el Club Voleibol Melilla, dentro de la Liga profesional de España. Con apenas 25 años, el jugador repasa un camino construido paso a paso con una madurez que excede su edad y con un objetivo claro: seguir creciendo sin saltarse procesos.

“Nací en Monteros en el año 2000 y viví toda mi vida ahí hasta los 17, cuando me mudé a Buenos Aires”, cuenta Arquez, que dio sus primeros pasos en Monteros Vóley, club históricamente formador. El vínculo con el deporte llegó temprano y con raíces familiares profundas. “Creo que fue por mi viejo y su familia. Mis tíos jugaban al vóley y estaban muy vinculados al deporte”, recuerda. A los seis años ya practicaba mini vóley y, con el correr del tiempo, empezó a destacarse en un entorno que, aun siendo local, tenía ambiciones nacionales.

El salto a Buenos Aires marcó un punto de quiebre. A los 17 años se incorporó a Ciudad Vóley, uno de los clubes más competitivos del país, en donde terminó de formarse y llegó a disputar cinco ligas nacionales. “Allá todos los equipos tienen un nivel más alto porque siempre están buscando reforzarse con jugadores de todo el país”, explica. Esa exigencia constante terminó de moldear su perfil profesional y lo preparó para el siguiente desafío: salir del país.

EL PUNTO DE QUIEBRE. Tras su paso por Las Águilas, la carrera de Fede dio un salto decisivo. EL PUNTO DE QUIEBRE. Tras su paso por Las Águilas, la carrera de Fede dio un salto decisivo.

En 2022 llegó su primera experiencia internacional, nada menos que en Rumania, en donde jugó durante tres temporadas. “El idioma fue una barrera muy grande al principio. Me fui con un inglés muy básico y fui aprendiendo a los golpes”, confiesa. A eso se sumaron los choques culturales y las condiciones climáticas. “En invierno, a las cuatro de la tarde ya era de noche; para colmo hace un frío tremendo; cuesta mucho adaptarse”, describe. Sin embargo, también encontró contención en otros jugadores extranjeros y logró armar una red que lo sostuvo lejos de casa.

Rumania fue su primera experiencia europea. | FOTO: monterizos Rumania fue su primera experiencia europea. | FOTO: monterizos

Este año, Arquez cambió de rumbo y recaló en España para vestir la camiseta del Melilla, una decisión que le permitió encontrar mayor cercanía cultural y futbolística. “Acá la cultura es muy parecida a la nuestra; manejamos horarios similares y además hay muchos argentinos”, señala. En lo deportivo, también nota diferencias claras. “En Rumania la liga es más física, con jugadores muy altos e imponentes. En España se juega más al vóley; es más canchero y más dinámico”.

Armador natural, su rol dentro del equipo es central. “Me exigen no relajarme, porque es una liga muy pareja y hay que jugar al máximo todos los fines de semana”, explica sobre el nivel de competencia. Desde lo táctico, su función es leer el juego y decidir en función de sus atacantes. “Tengo que seguir la idea del entrenador y tomar decisiones finales viendo cómo está cada uno”, resume, dejando en claro la responsabilidad que implica su posición.

Un jugador que Arquez tiene como modelo a seguir

A pesar de la distancia, mantiene un fuerte vínculo con sus raíces y con el vóley argentino. Reconoce referentes y sueños pendientes. “De Argentina, (Luciano) De Cecco es un referente para cualquiera. Fue el mejor armador del mundo”, afirma sin dudar. Y cuando se le pregunta por la Selección, es claro: “Sí; obvio que sueño con jugar en la mayor”, destaca Arquez, que ya tuvo pasos por selecciones juveniles y que sabe que el camino sigue abierto. “Creo que entrenándome todos los días, va a llegar. Hay cosas que tengo que corregir y aprender todavía”, reflexiona.

Instalado en España y atravesando el receso de Navidad, Arquez vive un presente de equilibrio entre la exigencia profesional y el crecimiento personal. No pierde de vista de dónde viene ni hacia dónde quiere ir. Y a los más chicos que sueñan con seguir sus pasos, les deja un mensaje simple y honesto: “Que prueben, que se diviertan y se entrenen con compromiso. Es la única manera de sacar el 100%”.

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