Un tucumano corrió el Spartathlon, cruzó a nado el Río de la Plata y ahora va por la ultramaratón Brazil135

A los 46 años, Javier Fernández Figueroa afrontará una carrera de 240 kilómetros, uno de los desafíos más duros del continente.

CAMINO MARCADO. El Spartathlon fue una de las experiencias que moldearon la mentalidad de Javier Fernández Figueroa y que hoy explican por qué vuelve a ponerse frente a desafíos extremos, esta vez en una ultramaratón de 240 kilómetros en Brasil. CAMINO MARCADO. El Spartathlon fue una de las experiencias que moldearon la mentalidad de Javier Fernández Figueroa y que hoy explican por qué vuelve a ponerse frente a desafíos extremos, esta vez en una ultramaratón de 240 kilómetros en Brasil. Gentileza Javier Fernández Figueroa
Maria Sofia Lucena
Por Maria Sofia Lucena 06 Enero 2026

La vida de Javier Fernández Figueroa se mide en umbrales. La mayoría de las personas avanzan por los días; él, en cambio, avanza por los bordes. Por los límites en los que el cuerpo es una pregunta y la voluntad, es la respuesta. Por los límites en los que el cansancio es un idioma que se aprende con los años, a fuerza de caídas, de silencios y de regresos.

Primero fue el Spartathlon, la mítica travesía que une Atenas con Esparta y que no perdona distracciones ni excusas. Después, el Río de la Plata, una extensión de agua marrón y traicionera que cruzó a pura brazada, convirtiéndose en el primer tucumano en lograrlo y recibiendo por eso un reconocimiento en la Fiesta del Deportes de LA GACETA. Ahora, Fernández Figueroa vuelve a colocarse frente a otro abismo: Brazil135, una ultramaratón de 240 kilómetros con casi 7.000 metros de desnivel positivo, en el corazón húmedo y montañoso de São Paulo.

La carrera comenzará este 8 de enero, a las 8, en Águas da Prata, y terminará, si todo sale como él sueña, antes del 10, en Paraisópolis. El recorrido atraviesa pueblos, sube morros interminables, castiga con calor y con humedad, y exige convivir con el sueño fragmentado durante casi dos días. No es una prueba para héroes de ocasión... y seduce precisamente por eso. “Es agotadora, muy dura, pero también mágica y hermosa. Es un viaje que invita a lo inesperado”, expresó Javier. “Y es completamente adictiva”, agregó.

Fernández Figueroa no llega improvisado. Viajó una semana antes para concentrar en una ciudad alejada del circuito urbano, alojado en la casa de su entrenador, Fernando Miranda, brasileño, bilingüe, cómplice de esta preparación casi monástica. Las jornadas empiezan antes de las seis de la mañana, con entrenamientos en ayunas. Por la tarde, el trabajo se traslada a lo invisible. La mente, la estrategia, la alimentación, la hidratación, la suplementación, la administración de la fatiga y el desafío de correr casi dos días sin dormir. “Pueden pasar muchas cosas en 40 horas”, explicó. “El tiempo límite es de 48, pero la idea es bajarlo al menos ocho”, detalló.

No es casual que haya elegido esta carrera. Tampoco es capricho. La Brazil135 es una de las ultras más importantes de América y, además, una puerta de acceso a otro sueño todavía más extremo: la clasificación para la Badwater, en el Valle de la Muerte, Estados Unidos, donde 217 kilómetros se corren a temperaturas cercanas a los 54 grados. “Junto con el Spartathlon, son las dos más duras del planeta”, afirmó. “Me atrae ser el primer tucumano y uno de los pocos argentinos en finalizarla”, sostuvo.

La comparación con Grecia no es menor. El Spartathlon tiene casi la misma distancia, pero menos desnivel. Allí, la dificultad está en los tiempos de corte. En Brasil, en cambio, los márgenes son más amplios, pero el recorrido es más agresivo, más salvaje, más cruel con el cuerpo. El terreno es mayormente de tierra, el clima juega su propio partido y cada ascenso parece no terminar nunca.

Fernández Figueroa sabe de diferencias. También de adaptaciones. Viene de un desafío completamente distinto: el cruce a nado del Río de la Plata. “Son deportes diferentes”, aclaró. “Pero se potencian entre sí”, dijo. Su rutina alterna natación y running según el calendario, sin abandonar nunca ninguna de las dos disciplinas. A eso le suma tres sesiones semanales de fuerza en el gimnasio. El cuerpo, para él, es una herramienta que se afina y no un límite que se acepta.

CRUCE HISTÓRICO. Fernández Figueroa, durante la travesía a nado del Río de la Plata, desafío que completó en 2025 y por el que fue distinguido en la Fiesta del Deporte de LA GACETA. CRUCE HISTÓRICO. Fernández Figueroa, durante la travesía a nado del Río de la Plata, desafío que completó en 2025 y por el que fue distinguido en la Fiesta del Deporte de LA GACETA. Gentileza Javier Fernández Figueroa

Sin embargo, hay una pregunta que vuelve una y otra vez, incluso para quienes siguen su historia desde afuera. ¿Qué empuja a alguien a buscar desafíos que muchos consideran imposibles? Fernández Figueroa no esquiva esa inquietud. “Sigo buscando la respuesta final”, admitió. “Tiene mucho que ver con mi pasado, soy huérfano y pasé momentos muy difíciles”, recordó. “Estos desafíos me dieron una identidad, me llevan a situaciones límite en los que me conecto conmigo mismo como nunca antes; ademas, la adrenalina y la euforia que siento cuando me desafío no tienen explicación”, concluyó.

Su historia personal es la clave. Perdió a su padre a los cinco años y a su madre a los nueve. Fue separado de sus hermanos, pasó por episodios de violencia familiar y llegó a vivir en una casa abandonada, sin agua ni cerraduras. Trabajó de lo que pudo para subsistir. Tocó fondo. Y desde ahí, empezó a subir. Se recibió de ingeniero civil, estudió en Alemania, encontró en los deportes extremos una forma de orden y sentido. “El dolor fue mi combustible”, le dijo alguna vez a LA GACETA.

Hoy, a los 46 años, Javier corre para quedarse. Para volver, una y otra vez, a ese punto en el que el miedo y la voluntad se miran cara a cara. La Brazil135 es otro capítulo de ese libro áspero y luminoso que viene escribiendo desde hace décadas.

Quiere ser el primero. Quiere llegar. Quiere completar lo que nadie de Tucumán logró antes. Pero, sobre todo, quiere seguir vivo en ese lugar donde todo duele y, aun así, todo tiene sentido.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios