Carmen Cáceres: “Una crisis cada veinte años es una forma de estabilidad”

Con la crisis del 2001 como marco, la autora de “La ficción del ahorro” -novela ganadora del premio Fundación Medifé Filba- reflexiona, con mucha lucidez, sobre todo lo que hacemos para ganar, gastar, ahorrar y perder el dinero, ese objeto que, como la vista de un cadáver, nos atrapa y repugna a la vez. Además, la escritora reflexiona sobre la realidad de los escritores del interior. “El centro sigue estando en Buenos Aires”, apunta.

Carmen Cáceres: “Una crisis cada veinte años es una forma de estabilidad”
Hace 4 Hs

- Esta novela pone el dedo en la llaga sobre dos temas tabú: el dinero y el suicidio adolescente. ¿Cuál fue el disparador?

- El disparador fue la escena de la chica con los dólares con su “segundo padre”, porque ahí nomás vi la cosa sucia del dinero en la intimidad familiar, como una especie de juego entre lo obsceno del dinero y lo obsceno del cuerpo con su padre. Después, la primera versión de esta novela, que fue rechazada por todas las editoriales, se metía mucho más con el dilema de lo familiar y de la ciudad. A mí me parecía interesantísimo hablar de una ciudad de provincia, porque en la literatura argentina tenemos mucho el escenario urbano de Capital Federal y el resto del país como algo exótico y casi siempre rural. Después, cuando mi pareja, que también es escritor, me dijo “tu novela va de la plata, todo lo demás es un contexto para hablar de la plata”, ahí dije, “sí, vamos a seguir el dinero”.

- Marx llamaba al dinero “la mierda económica”. ¿Qué relación tenés vos con el dinero?

- Creo que pude escribir la novela porque no tengo tanto mambo con el dinero. Cuando tengo mucho, lo disfruto, y cuando no tengo mucho, sé que es lo normal. Obviamente soy de una clase media privilegiada, porque hay muchas personas que, trabajando en cultura, no les alcanza. Nosotros estamos llegando a fin de mes. Como digo en el libro, mantenerte es toda una virtud. Y también el privilegio, aunque no debería serlo, de vivir de lo que quiero, la ilustración, la traducción, la escritura, los talleres.

- Diciembre del 2001 está narrado en un segundo plano, no se narra el estallido, sino todo lo que se lleva puesto, como los cadáveres y la ropa que aparecen luego de la crecida del río. ¿Esta distancia fue deliberada?

- No fue deliberada, pero sí es cierto que yo necesito mucha distancia física y temporal para no escribir desde la emoción. Porque desde la emoción yo no funciono bien.

- Hay una muy buena observación sobre los límites de la sociología y del progresismo, que pareciera ser el único segmento para el cual el dinero es un problema abstracto, además de incómodo. ¿La sociología es una disciplina urbana, blanca y pequeño-burguesa?

- No sé. A mí me interesa mucho la sociología. Lo que pasa es que si vos te ponés en la cabeza de alguien de 20 años que está tratando de entender lo que pasa, la sociología sí se vuelve una abstracción que delimita la cancha, pero no se mete adentro. Entonces, para dar ese salto empático que es la literatura, hace falta una mentira para decir mejor una verdad. No sé si vos te acordás todo lo que era el discurso del progresismo en el 2001, había que usar ciertas palabras, sobre todo en Capital Federal, era una manera de hablar de la cual yo -como provinciana- me sentía un poco afuera. Creo que eso es lo que me permitió pensar la sociología desde afuera.

- Como dice Luis Chitarroni en el epígrafe, “Provincia” es la tierra de los vencidos. ¿La literatura escrita en las provincias cuenta con su propio circuito o el centro sigue estando en Buenos Aires?

- Sin duda, el centro sigue estando en Buenos Aires. Igual que el centro editorial de habla hispana sigue siendo Barcelona. Es cierto que, a diferencia de hace por ahí diez años, ciudades como Córdoba, Rosario o Tucumán están teniendo polos editoriales que dan visibilidad a cosas que luego se retoman a nivel nacional. (De hecho, estuve este año en el FILT, en Tucumán, y me encantó). Pero digo, sacando tres o cuatro ciudades, para que esos autores sean consumidos a nivel nacional tienen que pasar por Buenos Aires. Yo ahora vivo en Misiones y fui publicada en una editorial de Buenos Aires, Fiordo.

- Pensaba en esta novela como un homenaje a las familias ensambladas amorosamente. ¿Y a los trabajadores que se caen y se levantan una y otra vez al ritmo de nuestra cruel economía?

- Sí, yo creo que sí. Es bonito lo que decís. Sí, es un homenaje a la clase media, porque yo sí creo, y me gusta que lo digas, que está escrito con amor, esa resiliencia, esta idea de que una crisis cada veinte años es una forma de estabilidad. Y eso está un poco condensado en la madre. Ella es como que lo vive todo sin sorpresa, y sin dolor. Mantenerse es lo máximo a lo que aspiran.

- ¿Qué significó este premio para vos?

- Es un regalo. Porque hace que el libro sea leído bajo otra luz. Obviamente uno quiere pensar que un jurado tan prestigioso está diciendo que vale la pena, pero al final lo que genera esto es que gente a la que le pasó desapercibido el libro en una ola de novedades constante, lo lea. Y además, porque yo no volví a escribir después de esta novela, estoy maternando, laburando, haciendo lo que puedo también, y en ese sentido es una enorme alegría. Además de una palmadita en la espalda, es un impulso para seguir escribiendo.

PERFIL

Carmen Cáceres nació en Posadas, en 1981. Es escritora, traductora e ilustradora. En 2016 publicó su novela “Una verdad improvisada” (Pre-Textos, España) y en 2021 el ensayo ilustrado “Un año con los ojos cerrados” (Papeles Mínimos, España) en coautoría con el escritor Andrés Barba, y en 2022 “Al borde de la boca. Diez intuiciones en torno al mate”. Ha traducido del inglés piezas de ficción de autores como Joseph Conrad, Daniel Defoe o la correspondencia de las hermanas Mitford, y obras de no ficción de Robert Bellah y Barack Obama.

María Eugenia Villalonga

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