Liderazgo: cuando achicarse es una forma de crecer

Liderazgo: cuando achicarse es una forma de crecer
Hace 5 Hs

Juan Pablo Albornoz Kokot

Abogado / Mediador

Fundador de la Consultora DALE y capacitador en Academia We

Algunos interpretan la frase: “el ojo del amo engorda el ganado” como que el buen líder es el que está en todo. El que supervisa, decide, corrige, impulsa. En especial cuando se trata de un fundador, pareciera que su presencia constante en la operación es sinónimo de compromiso, responsabilidad y control saludable. Correrse, bajo esa perspectiva, equivale a perder poder.

Sin embargo, la experiencia me dijo otra cosa.

En los procesos organizacionales que acompaño aparece una y otra vez una paradoja difícil de aceptar desde la lógica tradicional: hay momentos en los que el liderazgo crece justamente cuando el líder sabe achicarse. No desaparecer, no desentenderse, sino correrse de un lugar para ocupar otro. Un movimiento sutil, pero profundamente transformador.

Creando realidad

El programa D.A.L.E. no nació como una metodología cerrada, ni como un conjunto de herramientas técnicas. Nació, más bien, como un espacio de conversación cuidada. Un lugar donde dialogar, acordar acciones, inspirar liderazgos y despertar pensamiento estratégico. Pero, sobre todo, un espacio donde lo que se dice -y lo que se escucha- empieza a tener efectos reales.

Durante varios meses trabajamos con los gerentes de una empresa. En esos encuentros aparecieron temas personales, tensiones laborales, desafíos estratégicos. Nada extraordinario, en apariencia. Lo extraordinario estaba en otra parte: en la calidad de las conversaciones. Cuando las conversaciones son honestas, sostenidas y bien acompañadas, empiezan a mover algo más que opiniones. Empiezan a mover lugares.

Desde una mirada sistémica, las organizaciones funcionan como sistemas vivos: cada persona ocupa un rol, un lugar, una función. Cuando alguien ocupa demasiado espacio, aunque sea con buenas intenciones, el sistema pierde fluidez y se resiente. Y cuando alguien se corre en el momento justo, el sistema respira e incluso crece.

El momento del insight

En una de las reuniones del programa DALE ocurrió algo que todavía resuena en mí. El fundador y director de la empresa, una figura central, estaba muy presente. No solo como autoridad estratégica y distante, sino como alguien involucrado y atento. En medio de una conversación en donde había muchas figuras en la mesa sobre las temáticas que salieron en el programa (las imágenes valen más que mil palabras), sin dramatismos ni discursos grandilocuentes, apareció un “insight”.

Fue un darse cuenta. El director comprendió que el momento que atravesaba la empresa no requería que él siguiera estando encima de la operación. Requería otra cosa: que él se corriera de ese lugar para permitir que otros asumieran protagonismo y que la organización pudiera continuar su proceso evolutivo.

En ese instante, mi vivencia no fue la del consultor que “logra un resultado”, sino algo mucho más humilde y profundo. Me sentí como un “partero”. No alguien que produce el nacimiento, sino alguien que acompaña, sostiene y cuida un proceso que ocurre por sí mismo cuando creamos las condiciones adecuadas.

Ahí aparecieron, con claridad, dimensiones que no suelen figurar en los manuales de management: humildad, renuncia al ego, responsabilidad adulta. El empresario podría haber buscado culpables, haber reforzado el control, haber duplicado su presencia. Eligió, en cambio, cambiar de rol.

Achicar para expandir

Desde lo sistémico, este tipo de movimientos siempre resultan paradójicos. Se parecen a un koan zen: frases que desconciertan a la mente lógica. “Hacerse chico para hacerse grande”. “Correrse para sostener el futuro” “Soltar control para que emerja algo nuevo”. “Morir para nacer de nuevo”

No se trata de abandonar el liderazgo, sino de transformarlo. Pasar de la omnipresencia operativa a una presencia estratégica. De hacer todo a habilitar que otros hagan. Ese corrimiento, lejos de debilitar al líder, suele fortalecer a la organización.

Y aquí hay algo clave: estos movimientos no se imponen. Emergen. Emergen cuando hay conversaciones que lo permiten, cuando el clima de diálogo habilita decir lo que normalmente no se dice, cuando el sistema encuentra palabras para nombrar lo que estaba latente.

Una invitación…

Tal vez este relato no sea solo sobre empresas. Tal vez nos hable también de otros ámbitos: familias, equipos, comunidades, incluso nuestra vida personal. Por eso, más que conclusiones, deja preguntas abiertas.

¿Qué pasaría si, en lugar de ocupar siempre el centro, exploráramos otros lugares?

¿En qué espacios estamos estando “demasiado encima”, sin darnos cuenta?

¿Qué rol necesita hoy el sistema -la organización, el equipo, la relación- de nosotros?

No son preguntas técnicas. Son preguntas de conciencia.

Desde otro lugar

El liderazgo del futuro -si es que podemos llamarlo así- no parece ir en la dirección del control absoluto ni de la figura heroica que sostiene todo. Va, más bien, hacia liderazgos capaces de leer el momento evolutivo y de moverse con él.

A veces, el mayor acto de liderazgo no es avanzar, sino correrse. No es hacer más, sino hacer espacio. Porque, en los sistemas vivos, crecer no siempre significa expandirse hacia afuera. A veces, crecer es saber achicarse a tiempo.

El gesto que tuve la gracia de presenciar en la reunión DALE, no solo transformó a la organización sino también a quienes hemos sido testigos de él.

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