Carnaval, la celebración que se instaló entre nosotros

Carnaval, la celebración que se instaló entre nosotros

EN LOS VALLES. El espíritu de carnaval se enseñorea en Amaicha y alrededores durante los próximos días. EN LOS VALLES. El espíritu de carnaval se enseñorea en Amaicha y alrededores durante los próximos días. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL

La RAE establece en el origen etimológico que la palabra carnaval viene del italiano carnavale: de carne (carne) y levare (quitar). En consecuencia, carnaval hace referencia a la despedida de la carne, puesto que tal y como indica la tradición esta no se comerá en los siguientes 40 días de la Cuaresma cristiana, antes de la Pascua.

Por eso, el carnaval es, al mismo tiempo, el período de los tres días que preceden al comienzo de la Cuaresma; y la fiesta popular que conocemos con las mascaradas, comparsas, bailes y otros regocijos bulliciosos. Y hay otra acepción: se lo relaciona con el conjunto de informalidad y actuaciones engañosas que se reprochan en una reunión o en el trato de un negocio.

Para hablar del origen del carnaval habría que remontarse a la Edad Media, momento en el que la Iglesia Católica imponía en tiempo de Cuaresma un ayuno voluntariamente impuesto, así como un celibato que se extendió a los 40 días correspondientes. En consecuencia, el carnaval habría surgido como una forma de tomar fuerzas antes de la Cuaresma. De esta forma, la celebración consistía en celebrar grandes banquetes y comer toda la carne que estaría vedada en los días posteriormente. También habría excesos de tipo sexual, debido a ese celibato impuesto.

Sin embargo, esta celebración no sería propia de la Edad Media, sino que vendría de la herencia romana. Hay dos posibles referencias, la primera es la Saturnalia (actual Navidad), celebración en la que los romanos organizaban fiestas, banquetes y orgías para conmemorar el día del dios sol.

La segunda es a la Lupercalia, que se suele asociar a los orígenes de San Valentín. Sin embargo, tiene mucho más en común con el Carnaval. Se trataba de una festividad centrada en la fertilidad, tanto de las mujeres como de la naturaleza misma. Cabe destacar que probablemente los romanos heredaron esta festividad de los griegos, debido a que en Grecia tenían lugar unas fiestas parecidas: las bacanales y las Dionisias.

Más allá del eterno debate sobre el origen de la palabra y de las celebraciones, el carnaval forma parte de nuestra cultura occidental, con raíces andinas profundas y de otras culturas que mezclan lo afro con los pueblos originarios de Brasil y de parte de nuestro país.

Es una fecha muy esperada, que fue mutando a través de los años, ganando en respeto y acomodándose a las nuevas épocas, alejadas de aquellas de el mojar en la calle sin pedir permiso bajo la tutela del “carnaval tiene la culpa”.

Hoy en día el carnaval es una celebración de carácter lúdico donde abundan los juegos, la música, comidas, bailes y diversión en general. Se llama así, por similitud, a cualquier otra celebración del tipo donde prevalecen el descontrol y la permisividad características de esta fiesta en su origen.

En todo el mundo el carnaval es motivo de grandes celebraciones y fiestas, siendo algunos lugares muy conocidos por sus grandes producciones y atractivo para sus habitantes y los turistas que buscan ver tradiciones locales. El carnaval de Río de Janeiro en Brasil, el de Venecia, en Italia, o el de Nueva Orleáns en los Estados Unidos, son los que más resuenan. Con diferentes costumbres y estilos cada uno forma parte de las propias tradiciones y son reflejo de cada cultura.

Es un momento que en esta ocasión quizás permita tomar un respiro en medio de una actualidad complicada, siempre que las celebraciones se den en un marco de respeto, sin sobrepasar límites y priorizando el cuidado personal y de nuestro entorno.

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