Los primeros partidos de fútbol, entre criollos en Tucumán, se jugaron a fines del siglo XIX

Los primeros partidos de fútbol, entre criollos en Tucumán, se jugaron a fines del siglo XIX

José Fierro y Agenor Albornoz se transformaron en los padres de este deporte en nuestra provincia. Sus alumnos de la Escuela Normal aprendieron los secretos del juego viendo a los británicos, y encendieron la llama de una pasión que se volvió inexplicable

Los primeros partidos de fútbol, entre criollos en Tucumán, se jugaron a fines del siglo XIX

La pasión popular por el fútbol atraviesa todos los estratos sociales; trasciende edades, géneros y moviliza multitudes. La pasión, el calor, el color y la efervescencia viven en cada cancha; y Tucumán está entre las provincias más futboleras de Argentina. Si bien San Martín y Atlético se llevan gran parte de la atención, hay otros tantos clubes que día a día movilizan a sus fanáticos.

Hoy parece inexplicable que un deporte que genera tantos sentimientos, en algún momento haya pasado prácticamente desapercibido, y que incluso haya sido ignorado, desvalorizado y hasta ninguneado por nuestros ancestros.

Poco más de 130 años atrás, en nuestra provincia casi nadie tenía conocimientos de una práctica que los ingleses habían oficializado en 1869 (cuando se fundó la Asociación Inglesa de Fútbol), pero que sus orígenes datan de varios siglos atrás.

Existen muy pocos registros de lo que fue el primer partido de fútbol que se disputó en nuestra provincia. A finales del siglo XIX, el deporte en Tucumán era prácticamente nulo entre los criollos. De acuerdo a los escasos apuntes periodísticos de comienzos de 1900, por aquellos años las prácticas de esparcimiento eran las carreras de cuadreras, las riñas de gallo, las competencias de fuerzas (cinchada), y las partidas de ajedrez; todas ellas llevadas a cabo por inmigrantes. “En aquel tiempo, los criollos no eran muy adeptos a realizar deportes”, asegura un artículo de LA GACETA publicado el 9 de julio de 1960.

Lo concreto es que después de los ingleses, verdaderos maestros en el arte del deporte, fueron los alumnos de la Escuela Normal de Varones, con José Fierro a la cabeza (era el vicedirector), quienes difundieron y consolidaron las prácticas deportivas en esta tierra.

Durante la última década del siglo XIX, las costumbres francesas de realizar ejercicios físicos con aparatos acrobáticos eran una de las pocas prácticas que ganaba terreno en ciertos sectores de la sociedad. Sin embargo, las autoridades de la Escuela Normal comenzaron a darle forma a una nueva era deportiva, tratando de incentivar actividades al aire libre como caminatas por los suburbios o excursiones al “gimnasio de los ingleses”, ubicado en la Estación El Provincial. Allí, los muchachos que integraban el internado que tenía Fierro en la calle Córdoba, entre Laprida y Rivadavia, aprovechaban para ver (y aprender) de las pujas deportivas que llevaban a cabo los británicos en ese lugar (allí se jugaban partidos de fútbol, de cricket y de lawn tennis).

Fierro había formado un estrecho lazo con Mr. Stuart y Mr. Sheridan, los británicos encargados de la administración del ferrocarril. Ellos fueron los que compartieron todos los juegos y les enseñaron a los alumnos de la Normal a progresar y a mejorar en cada uno de los deportes.

En un primer momento, los criollos eran reacios a la “locura de los ingleses” (así denominaban al fútbol por aquellos tiempos). Pero Fierro y Agenor Albornoz estaban decididos a ir por más y así lograron transformarse en los verdaderos padres del fútbol en nuestra provincia.

En 1891, el inspector nacional José Zubiaur había visitado la Escuela Normal y había sugerido la idea de comenzar a darle popularidad a los deportes al aire libre. Fierro, que además de vicedirector era profesor de Pedagogía de esa institución, comenzó a llevar a sus alumnos a la cancha de los ingleses, y los instó a crecer y a superarse.

Si bien los ingleses ya venían practicando cricket (juego que poco a poco fue perdiendo la “batalla” ante el fútbol) en los campos de El Provincial, se dice que el primer partido del que participaron criollos data de 1892; más precisamente el 8 de julio, durante una fiesta deportiva con motivo de los festejos por un nuevo aniversario de la independencia.

ESTACIÓN EL PROVINCIAL. La foto fue publicada por LA GACETA en el inicio de la década del 20. Detrás de ese edificio estaban los terrenos en donde los ingleses jugaban al fútbol. ESTACIÓN EL PROVINCIAL. La foto fue publicada por LA GACETA en el inicio de la década del 20. Detrás de ese edificio estaban los terrenos en donde los ingleses jugaban al fútbol.

Según el libro “Historia del Fútbol Tucumano”, escrito por Antonio Benejam, aquella tarde lo que comenzó como un partido de cricket, mutó en un duelo de fútbol.

Aprovechando la emoción y el entusiasmo que percibía entre la juventud, Fierro comenzó a darle impulso, en los colegios, al deporte más popular. A partir de ese momento, se dedicó a armar partidos en los patios de los establecimientos escolares o en el “Gimnasio San Martín” (ubicado en avenida Sarmiento y Laprida).

Por lo general, esos duelos se llevaban a cabo entre dos bandos: gorros azules vs. gorros blancos, divididos en grupo de siete o nueve jugadores. Aquellos juegos, en los que participaban alumnos del colegio Nacional y de las Escuelas Normal, Mitre, Avellaneda, Belgrano y 9 de Julio (que años más tarde llegarían a conformar la “Liga Unión”) eran dirigidos por el propio Fierro sólo para evitar que hubiera incidencias o peleas.

El juego era bastante rústico, diametralmente diferente a los espectáculos que se ven hoy en una cancha, y que en muchas ocasiones parecen más un show que otra cosa. No había offsides, se cobraba foul solamente en caso de faltas muy duras, o mano cuando era demasiado evidente.

“No se conoce una fecha puntual y exacta porque eran prácticas que no estaban acostumbradas en la sociedad. Pero de acuerdo a los registros que hoy existen, se cree que entre 1892 y 1894 se llevaron a cabo los primeros partidos de fútbol en nuestra provincia”, explicó el historiador Roberto Albornoz.

De esa manera, el sueño de Fierro, Albornoz y compañía, quienes vieron en la “locura de los ingleses” algo más que un mero juego, comenzó a tomar forma hasta transformarse en una pasión sin fronteras ni límites; esa que hoy une y divide multitudes, y que genera sentimientos que prácticamente no se pueden explicar con palabras.

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