Los jóvenes del 83 “entran” al mítico cuarto oscuro y se asombran como la primera vez

Los jóvenes del 83 “entran” al mítico cuarto oscuro y se asombran como la primera vez

Una producción audiovisual evocativa de la votación de hace 40 años reunió en el estudio de LA GACETA a cuatro militantes juveniles de ese tiempo: los radicales Terraf y Valdez, y los peronistas Salvatierra y Cabral.

Un rectángulo en el suelo del estudio de televisión de LA GACETA sugiere las paredes imaginarias de un cuarto oscuro: ese espacio a menudo empapelado con diarios viejos que garantiza el carácter secreto del sufragio, el acto íntimo y definitivo de elegir en libertad.

En este cuarto oscuro de ficción reposan sobre una mesa las boletas originales de la primera votación celebrada tras la última dictadura, reliquias conservadas en el valioso Archivo del diario. Los candidatos que esgrimen esas boletas históricas traen a la memoria una fecha clave para la Argentina.

La escenografía, aunque minimalista, convierte al lugar en una metáfora: el mítico cuarto oscuro de la vuelta de la democracia. El reducto de las esperanzas; el que les permitió a muchos jóvenes de esa época ejercer un derecho que no conocían o que muy pocas veces habían ejercitado, el derecho a votar.

CUARTO OSCURO. Un conmovedor encuentro para recordar el momento íntimo del sufragio. CUARTO OSCURO. Un conmovedor encuentro para recordar el momento íntimo del sufragio.

Los invitados para esta producción de LA GACETA, como en una votación real, ingresan uno por vez al emblemático “cuarto oscuro”. Leen los nombres impresos en esos votos ilustres y se asombran. ¿Qué tan fuerte puede haber sido aquella jornada electoral del 30 de octubre del 83 para que aquí, en medio de un estudio de TV, la simple evocación de ese momento les humedezca los ojos y les entrecorte la voz?

Se trata de cuatro referentes de las principales fuerzas de esas elecciones: peronistas y radicales. Y fueron convocados para rememorar, explorar y compartir las sensaciones que les suscitan las primeras elecciones tras siete años de dictadura. La mayoría de ellos eran jóvenes militantes veinte y treinteañeros que votaban por primera vez.

A votar masivamente

“Llegar al cuarto oscuro del 83 fue el final de un arduo camino de lucha”, dice Alfredo Terraf, fiscal general federal jubilado (en 2008, llegó a pedir prisión perpetua para dos militares con actuación en Tucumán, el también ex gobernador Antonio D. BussiLuciano Benjamín Menéndez). Tenía, en esa apertura democrática, 33 años; ejercía la abogacía y militaba en la Unión Cívica Radical. En ese turno electoral, ganó la banca de diputado provincial. “Yo ya había votado en el 73, pero esto era muy diferente. Era la primera elección después de la dictadura terrible que habíamos tenido: esto era un grito a la libertad”, expresa.

Terraf era el encargado de organizar a los fiscales en dos escuelas de Barrio Sur. En una votaban mujeres y en la otra, varones. Las mesas mixtas se implementaron recién en octubre de 2011.

Los protagonistas recuerdan que aunque la participación de las mujeres en la votación fue masiva, las que participaban de la vida de los partidos eran muy pocas y apenas si figuran algunos nombres femeninos en las listas de candidatos. La política en general parecía ser un territorio restringido a los hombres, tema que será abordado en profundidad en otra entrega de “El viaje democrático”.

La participación de las mujeres en la votación fue masiva pero apenas si figuraban algunos nombres femeninos en las listas de candidatos La participación de las mujeres en la votación fue masiva pero apenas si figuraban algunos nombres femeninos en las listas de candidatos

Terraf destaca que en aquel momento los fiscales trabajaban ad honorem, y por “amor al partido” y al sistema democrático. “era un privilegio desempeñar esa función y teníamos problemas porque se peleaban por el lugar. No parece ser lo que ahora sucede”.

A media mañana, con los comicios avanzados y sus fiscales organizados, Terraf se dispuso a emitir su voto. La fila era larga. Terraf fumaba ansioso un cigarrillo tras otro mientras esperaba su lugar. Ese día se registraron las cifras más altas de participación en la historia argentina: más del 85% del padrón electoral concurrió a las urnas, según el Observatorio Político Electoral del Ministerio del Interior.

Se registraron las cifras más altas de participación en la historia argentina: más del 85% del padrón electoral. Se registraron las cifras más altas de participación en la historia argentina: más del 85% del padrón electoral.

Colores que perduran

El cuarto oscuro estaba cada vez más cerca. “No llevaba el voto en la mano. Quería verlo en la mesa entre otras boletas y elegir”, manifiesta. En un país habitado en ese momento por poco menos de 20 millones de electores inscriptos, más de 15 millones habrán visto y sentido lo que Alfredo Terraf. Es fácil imaginar a los votantes mirando las boletas amarillas con los candidatos a intendentes y concejales; las celestes, con los candidatos a gobernador y diputados provinciales, y las blancas, con los candidatos a presidente y a diputados de la Nación.

Doce propuestas presidenciales y una dicotomía: Ítalo Argentino Luder, candidato justicialista, y Raúl Alfonsín, por la Unión Cívica Radical. En Tucumán, la polarización se repetía de la mano de Fernando Riera (PJ) y Julio César Romano Norri (UCR), candidatos a gobernador; y Orlando Chiarello (PJ) y Rubén Chebaia (UCR), candidatos a intendentes por San Miguel de Tucumán.

ARCHIVO. En LA GACETA se resguardan los votos originales de la histórica elección. ARCHIVO. En LA GACETA se resguardan los votos originales de la histórica elección.

Terraf cuenta que levantó los votos; los puso en el sobre que “pegó con saliva”; caminó hacia la urna y depositó ahí sus convicciones: “fue una sensación de libertad, de poder optar... una felicidad inmensa”.

En el cuarto oscuro imaginario dentro del estudio de LA GACETA, ingresa otro joven de esa época, Enrique Salvatierra. Con 23 años, votaba por primera vez. Trabajaba como obrero en una fábrica textil en Alderetes; era militante peronista y delegado gremial de la Asociación Obrera Textil (AOT), y actualmente titular de la ANSES Tucumán.

Toca los votos del 83 y se interna en los corredores del tiempo para narrar “el recuerdo de un recuerdo”: iba de camino al cuarto oscuro, en una escuela de Alderetes, sin poder quitar de su mente la elección del 73, cuando siendo niño acompañó a votar a su padre. Diez años después, él estaba por votar: estaba por hacer algo que pensó perdido para siempre y le parecía un suceso extraordinario.

“Mi viejo murió en el 78, y debe haber votado tres o cuatro veces en su vida”, detalla Salvatierra. “Yo, desde el 83 hasta hoy ya tuve la oportunidad de votar en nueve elecciones presidenciales: ese es el valor de estos 40 años”, analiza.

En 1983, el abogado y docente universitario Fernando Valdez era un estudiante universitario que militaba en la UCR desde el 81. En representación de su partido llegó a ser legislador. Valdez subraya con orgullo sus 42 años de militancia en el radicalismo.

“Ese día, con 22 años, además de votar por primera vez, fui fiscal de mesa en la escuela Agustín Justo de la Vega”, rememora. “Al final de los comicios, cumplir con el protocolo de cierre era sagrado: nos habían enseñado que de eso dependía la vida en democracia”, revela. Los votos se cuidaban con pasión.

Hugo Cabral, otro de los invitados al “cuarto oscuro” de LA GACETA, también votaba por primera vez aquel año histórico. Era presidente del Movimiento Peronista Universitario (MPU) y actualmente se desempeña como secretario de Desarrollo Territorial del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación.

“Después de una época de miedo y de terror, después de Malvinas, fue una apertura cargada de expectativas”, analiza Cabral. “Sentíamos que cambiábamos el mundo con ese voto. Dimos inicio a un período democrático y eso estuvo bien, pero aún tenemos muchas deudas”, reflexiona.

Todos abrazados

Cerrado el escrutinio, Terraf comprobó que en las escuelas que fiscalizaba había ganado Alfonsín. Pasó por la casa de su madre y ella le comentó que el resultado se repetía en otras escuelas. Temblando, el hombre subió a su Renault 12 y se dirigió a la cede del partido. En la radio anunciaban que el boca de urna daba como vencedor al líder radical. No pudo más y estalló en llanto.

Para Cabral el resultado fue agridulce. Por un lado, el Partido Justicialista había perdido la presidencia y la intendencia de San Miguel: por otro, habían ganado muchas de las intendencias del interior y la gobernación. Pero en su mente quedó una imagen: “nos juntamos en el partido y fuimos a la plaza, y ahí estaban los radicales también. Nosotros festejamos el triunfo de la provincia y ellos festejaban el triunfo de Alfonsín. Incluso hubo muchos roces hasta que un grupo de jóvenes radicales y peronistas nos pusimos en el medio y calmamos las cosas. Al final terminamos todos abrazados”, asegura.

GANADORES. Mibelli, Chebaia, Alfonsín y Terraf luego de las elecciones y antes de la asunción del 10 de diciembre. GANADORES. Mibelli, Chebaia, Alfonsín y Terraf luego de las elecciones y antes de la asunción del 10 de diciembre.

El clima de una época


Al escuchar a Terraf, Salvatierra, Valdez y Cabral ocurre algo imprescindible: la democracia deja de darse por sentada. La democracia se hace frágil y se hace descomunal. La democracia adquiere un significado que empuja a defenderla, aunque nadie se detenga en lo asombroso de su existencia o en la hecatombe que entrañan sus posibles ausencias.

Como si fuese improbable, por ejemplo, que un día algo nos impida respirar.

Por eso salió esta crónica y por eso esta noche a las 21, canal 11 de CCC y LAGACETA.com emitirán la producción audiovisual compuesta con Cabral, Valdez, Salvatierra y Terraf.

Los jóvenes del 83 “entran” al mítico cuarto oscuro y se asombran como la primera vez

Entrevistados por José Názaro, secretario de Redacción de LA GACETA, los jóvenes del 83 recuerdan en sincronía la multitudinaria marcha multisectorial contra el régimen militar, un 30 de marzo de 1982. Dos días después, el desastre de la guerra. Unos meses después, el levantamiento de la veda política. La pintura y la brocha, la batalla por ganar las paredes y las calles. El temor a los gobernantes de facto que conservaban su aparato represivo. El espíritu desafiante mezclado con la desconfianza. El sentido de unidad a pesar de las diferencias. Los días de ebullición política. El poder quedarse hasta la una de la mañana discutiendo ideas en los bares. Y finalmente, la emocionante jornada del  30 de octubre.

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