Los Pumas cayeron ante los All Blacks: no hay reproche cuando se pierde contra el mejor

Los Pumas cayeron ante los All Blacks: no hay reproche cuando se pierde contra el mejor

Poco se pudo pudieron contra el rugby total de Nueva Zelanda, que dejó en claro que al seleccionado argentino todavía le falta un largo trecho para jugarle de igual a igual.

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La esperanza siempre es lo último que se pierde, pero a veces el peso de la realidad se impone y es aplastante. Desde su ingreso al Rugby Championship en 2012, Los Pumas se acostumbraron a enfrentar a los All Blacks todos los años, y a la luz de esa habitualidad han evolucionado de manera notable; sin embargo, también es cierto que todavía les falta un largo trecho por recorrer para dejar de mirar a los All Blacks desde abajo. Y esa diferencia de potencial quedó plasmada en la semifinal disputada en París. El seleccionado argentino puso lo mejor de sí, pero se quedó corto ante la superioridad de un rival que, como suele suceder, hace todo bien. Y así lo expresaron los 38 puntos de diferencia en la chapa final: 44-6.

Se sabía que para tener chances había que jugar un partido prácticamente perfecto, y aunque Los Pumas tuvieron unos primeros compases de buen manejo y paciencia para avanzar metros fase tras fase, los All Blacks no tardaron mucho en inclinar la balanza a su favor con una efectividad inapelable. Con una circulación mucho más fluida generaron una inercia que les permitió ganar el doble de terreno que Los Pumas insumiendo la mitad de fases. Y así llegó el primer try: line, maul, percusión, apertura larga hacia la otra punta y try de Will Jordan, que estuvo implacable.

Esa misma simplicidad los llevó al segundo try. Después de pescar una pelota, los All Blacks articularon una jugada precisa que, tras algunas percusiones, encontró a Jordie Barrett en el otro extremo, con suficiente espacio para entrar sin mayor resistencia. Pura eficacia la de los Hombres de Negro, que cada vez que se acercaron a las 22 de Los Pumas fue para volverse con un try.

Hasta ahí, las penas eran de Los Pumas y las vaquitas de los All Blacks, a cuya precisión ofensiva le sumaron una labor defensiva impecable, que hizo rebotar sin parar a los forwards argentinos, obligándolos a volver a la carga una y otra vez para avanzar lenta y trabajosamente, con un gran desgaste.

Si el primer tiempo se hubiera cerrado ahí, con nueve puntos de distancia (6-15), la ventana del entretiempo le hubiese venido bien al equipo argentino, a sabiendas de que aún estaba en partido. El tema es que, justo antes de la pausa, Mark Tele'a generó un gran quiebre y fabricó el espacio para el try de Shannon Frizell. Y ahí, ya con 20-6 en el tablero, la cosa empezaba a tornarse muy difícil de remontar.

Desgranar el segundo tiempo no tiene demasiado sentido. Basta con resumir que fue todo de los All Blacks. Si en la primera parte habían mantenido a raya a Los Pumas con una defensa granítica, en el complemento apenas tuvieron que hacerlo. Con dominio en las formaciones, en especial en el scrum, la pelota fue casi siempre suya y obligaron a Los Pumas a un enorme desgaste físico para tacklear, que se sumaba al lastre psicológico de los primeros tres tries.

Y ahí se largó la lluvia: fueron cuatro tries más de los Hombres de Negro frente a un equipo argentino que dejó el alma y el corazón, pero que a esa altura ya no tenía mucho más que hacer que aguantar al final de la agonía.

Sin embargo, cabe destacar individualmente a Mateo Carreras y a Marcos Kremer. El tucumano puso siempre el equipo adelante con su velocidad explosiva, y fue el único que le generó realmente problemas a la defensa neozelandesa. Ni cuando el partido estaba liquidado dejó de intentar. Y lo mismo vale para Kremer, un león que dejó el cuerpo en cada jugada, como ya lo había hecho en cada partido de este Mundial. Sin dudas, el entrerriano es de lo mejor que tuvo el equipo dirigido por Michael Cheika en el Mundial.

Sí, siempre es triste cuando una ilusión se rompe, pero no hay mucho que reprocharse cuando se pierde contra un rival que es mejor. Lo que queda es levantarse y tomar cada derrota como una lección para seguir creciendo. Ahora, es momento de pensar en lo que viene, porque esto aún no ha terminado. Falta el partido por el tercer puesto contra el perdedor de Sudáfrica-Inglaterra. Los Pumas aún tienen una chance más de darle un gran cierre a su paso por Francia con un bronce como el de 2007.

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