Reseña de Perfectxs Desconocidxs, por Ana Luisa Coviello

29 Ago 2017
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Portada del libro "Perfectxs Desconocidxs" sobre una obra de Sofía Jatib

Decía RolandBarthes en su Lección inaugural que no vemos el poder opresor de la lengua porque olvidamos que toda lengua es clasificación. Decía también que un idioma se define por lo que obliga a decir. Por ejemplo, en la lengua francesa, “estoy siempre obligado a elegir entre el femenino y el masculino, y me son prohibidos lo neutro o lo complejo.” Como un estallido de cadenas, los morfemas de género recreados por PerfectxsDesconocidxs ponen en primer plano la violencia de ese poder opresor –como les gusta decir a sus integrantes–, a través del uso de la cacofónica /x/, para colmo, interconsonántica. Una /x/ que suena a rotura de hierros, a fragmentación de eslabones, a explosión de aire cargado de oxígeno, en un gesto rebelde de afirmación de la diversidad sexual.

Desde el título, pues, se perfila en lo que ellos llaman plaqueta de poemas una voluntad clara y firme por abrir nuevas sendas, más justas con las realidades que construyen, más libres que la mera aceptación de nuestro constrictor código lingüístico. “PerfectxsDesconocidxs es une colective poético de arte performático”, afirma la introducción a la selección de poemas. No, no está incorrectamente tipeado: “une colective” es la variante por la cual escapamos del femenino o del masculino e incluimos, como diría Barthes, lo complejo. En otros textos del poemario nos encontraremos con “las cuerpas” de las debutantes del amor lésbico (NatuMamaní), índice de la asfixia masculinizadora de sustantivos que, encima, arrastran, en fenómeno de concordancia, a sus artículos y adjetivos. Arte performático, sí, porque buena parte de esos poemas es llevada a una instancia de actuación en fines de semana preparados musicalmente, plásticamente, dramáticamente, en espacios intervenidos interdisciplinariamente, donde una habitación se convierte en cementerio, y una terraza, en la casa de la abuela con su “Trono Pontificio”.

El recorrido propuesto se inicia con dos poemas de Luciana García Barraza, “Niñería” y “Las niñas”, ubicados en la intersección del “deterioro de los juguetes” y “el primer beso”. Un listado de pequeños objetos (“una pierna de plástico en la mochilita hellokitty/ las ollas juliana en una cartuchera descartada/ las trabitas negras sujetando un vestido roto”) introduce a las muñecas, a las que metonímicamente se las hace cumplir el mandato paterno: el de no dejarlas ser lesbianas. La metonimia se extiende y en ese plástico que “me asfixia duramente”, la voz poética se ve representada: “tus labios/ muñequita/ están sellados por el claustro de la inexistencia.” El silencio de la inexistencia prepara a la palabra que libera y al amor como dimensión inaugural de la reexistencia: “no pude evitar saborearte/ desde el piso de madera/ donde dormida inventaste mi nombre/ porque hay algo en la humedad de tus carnes/ que me absorbe, / sobre todo, / detrás de los roperos.”

Es recurrente en la plaqueta de poemas el tema de la infancia en el punto exacto del nacimiento al amor, que también aborda Mary Lobo: “La niña/ y sus prematuras cicatrices/ custodiando/ recuerdos. (…) Estabas, / en el beso temeroso/ al concluir el día.” Gabriela Olivé, a su modo, metaforiza la violencia del patriarcado en un poema construido con base en la antítesis, que no abandona ese momento de tránsito de la infancia a la juventud: “un desvergonzado/ ejército de hombres/ crece y se multiplica/ aplastan flores/ y arrancan alas de mariposa/ a su paso/ tengo miedo/ mi primavera es/ lo único que tengo”.   Este deslumbramiento, esta inquietud, esta ruptura va acompañada de resistencias y despojamientos, de liberaciones y éxodos: “El éxodo es irremediable/ y aunque me resisto/ me voy”. En el fluir del sentido producido, el orden de los poemas construye un ir y venir de la infancia, en cuyos itinerarios se parte del silencio y se llega a las palabras, pasando por las puertas, las juguetas, los pétalos de rosa negra, los mandatos, las cercas, el estupor: “Sacudime las trampas/ Sé funeral/ De las puertas que nadie pensó, / pero cuánto nos cercaron”, pide la voz del “Poema:” de Pri Hill. “Ofrezco el silencio/ que al fin y al cabo es palabra”, sostiene la voz poética de “Construcciones mutuas”, de Juan Gómez Romero. “Afortunades les que se animan o pueden sentirse bienvenides a la travesía de la esencia del ser porque es evidente la postura consistente o indiferente con la que recibo y miro al mundo”, anima la voz perfilada por Mai Lee. “El clima sin avisar se vuelve pesado/ mi pecho se agrieta/ el aire no alcanza/ me preparo/ resignadamente/ para el estupor”, y la lectura del poema de Virginia Weiss nos deja sin aire.

En esa indagación poética que la plaqueta produce, el corazón del libro acoge la palabra de Marco Rossi Peralta, que nos ofrece dos perlitas tituladas “Burbujas” y “Tucumán es un pañuelo”, que abren la reflexión a lo social de los signos echados al ruedo de la semiosis: “Una burbuja de detergente flotando en el aire/ puede ser…” un planeta de colores, el sueño de un changuito, una cápsula de gérmenes, un vector de contagio. “Las palabras son/ peligrosas/ y potentes. / Cuidado” El poder de las palabras como representaciones de otra cosa, su objeto, mediadas por las interpretaciones (“para el poema/ una burbuja en el aire explotando/ puede ser el fin de un mundo/ pequeñito y hermoso/ eterno y fugaz/ como el nuestro.”  “para el discurso sanitario/ una burbuja en el aire explotando/ puede ser un vector de contagio”) las diseña como armas.  Y así como las palabras son signos potentes, también hay cosas que son signos potentes, como los pañuelos negros de las madres que marchan en Plaza Independencia, con poder suficiente para hacer temblar a los mosquitos que ofrecen “la vida por el silencio. “Las madres del pañuelo negro, símbolo de la negrura en la que caen las víctimas de la droga en Tucumán, y de la desidia del Estado, son el punto sobre el que pivota la reflexión sobre el sentido transformado por esas madres: “Tucumán es un pañuelo/ un pañuelo negro y arrugado/ lleno de manchas y pliegues,/ el tucumano vive en su mancha/ y cree que su mancha es el pañuelo./ A veces/ cuando la vida le alcanza/ una madre agita el pañuelo/ por las calles de una plaza/ y el tucumano cae en otra mancha/ en otro pliegue/ y se encuentra/ con sus hermanxs.”

Las últimas piezas del libro derivan hacia las narraciones: las de AntonellaZottola denuncian el maltrato adulto en “Siete vueltas nos dio la cinta scotch esa vez” y “Ya estamos hartos de que nuestra abuela cure las lluvias”, mientras Simona se rebela contra la mirada discriminatoria en “Saqueos y chotines”, apelando, por primera vez en la plaqueta, al humor irónico, que deja al desnudo la autocomplacencia de la discriminación y su ignorancia, en voz de la abuela: “Mujer y varón para que se unan y emerja ‘el amor’ de allí. [¿Y los ateos, abuela?] Dios ha creado también a los saqueos a quienes no les importa de dónde vienen el amor y los chotines.” El relato de Fabricio Jiménez Osorio, “Serenos de hotel” cierra el libro con un texto claramente narrativo que se inscribe en los recuerdos de infancia, y que, a diferencia del resto, no reclama ni interpela al adulto, sino que lo reivindica con cierta nostalgia: “La magia del hotel en el que convivíamos cada verano como serenos, también consistía en guardar silencio y saber entendernos y acompañarnos así, callados y tranquilos, en ese universo demasiado nuestro.”

En esa continuidad del sentido que la semiosis como instrumento de conocimiento del mundo y de construcción del mundo propone, en ese flujo constante de significaciones que se transforman de un soporte a otro, de un canal a otro, de un tipo discursivo a otro, PerfectxsDesconocidxs ofrece esta antología “transitando el camino de la reexistencia”. Y así como son múltiples los senderos de la escritura, también lo son los de la lectura, que varía, además, en tanto las piezas son leídas en la intimidad, o en la comunidad de la performance. Buscando los adjetivxs que me permitieran calificar esta producción, y ya que “todxs tenemos una palabra”, encuentro esta: emocionante. Que el decir y el hacer no terminen nunca.

 

PerfectxsDesconocidxs

(Edición de autor)51 pag.

2017

 


Ana Luisa Coviello es Doctora por la Universidad de Barcelona. Docente a cargo de la Cátedra de Semiótica de la Facultad de la UNT, e investigadora de la SCAIT (Secretaría de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica de la UNT).

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