Oscar Jaimet: Soy soldado (segunda parte)¿No existe Holywood?

08 Ago 2018

¿No existe Holywood?

Volvamos al comienzo de la historia.  El regimiento  6, llega a Malvinas el 13 de abril a la madrugada y nos trasladan a la zona de Puerto Argentino en las proximidades del cuartel Royal Marine. Luego de 5 días allí nos impartieron la orden de trasladarnos a la zona de reserva en el faldeo oeste del Monte Kent. A los pocos días nos volvieron a trasladar al norte del Monte Wall y por último el primer domingo de Mayo se inicia el ataque inglés aéreo al aeropuerto. Se reestructura todo el dispositivo de las tropas, razón por la cual y luego del desembarco inglés en San Carlos, mi tropa fue trasladada al cerro Dos hermanas y pasamos a primera línea. Nosotros los observábamos. Se movían en helicópteros y se relevaban a las cinco de la tarde. Un día leí que durante la Primera Guerra Mundial los soldados se tomaban una pausa para tomar el té así que nosotros pensábamos que se iban a tomar el té! Con el correr de los días, los ingleses avanzaban hacia Puerto Argentino hasta que la noche del 11 al 12 de junio inicia la ofensiva terrestre. Fue una sorpresa.

Ahí estaba la tropa, en el cerro, esperando a los ingleses con una defensa antitanque de frente con morteros y ametralladoras MAG. Cada uno en sus refugios de piedra, cuando inesperadamente los sorprenden de costado. Estupor es la palabra. Pánico también. Granadas de fuego, minas explotando, cuerpos de paracaidistas y comandos contra ellos, sonidos insidiosos de metralletas y disparos de Fal que más tarde lo atormentarían en sus noches insomnes. Tres batallas en simultáneo: en Monte Harriet, Monte Longdon y Dos Hermanas. En medio de este cuadro salido del Apocalipsis, el Mayor Jaimet en su noche más oscura recitando el salmo que lo acompaño en otras guerras de otros montes: El Señor es mi pastor;
nada me falta/En verdes praderas me hace descansar,/a las aguas tranquilas me conduce,
/me da nuevas fuerzas/y me lleva por caminos rectos,/haciendo honor a su nombre

La guerra no será Hollywood pero esta escena se parece a una de Tarantino.

La tropa se dispersa y había que juntarlos para iniciar el repliegue hacia Tumbledown. Logró reunirlos pero  me quedo esperando una señal en medio de esa lluvia de artillería pesada.

Acá llegamos al inicio del relato. ¿Lo recuerdan? La bola de fuego del Exocet que fue a dar contra la fragata Glanmorgan dándole la tregua que necesitaban para avanzar.

 Le ordenó a Aldo Franco se quede en la retaguardia mientras nosotros avanzábamos.  Y aunque Jaimet insista con eso de que la guerra no es Holywood, mi mente insiste en conducirme por los senderos de la ficción. Ahora a  300,  esa película que relata la batalla del paso de las Termopilas en que Leónidas el rey Persa, enfrenta solo con 300 hombres el ejercito de 10.000 del Rey Jerjes. Como en toda buena épica los héroes se multiplican o más bien, se manifiestan cuando les llega sus Kairós que vendría a ser su momento justo. Pasemos a otro mito: Oscar Poltronieri.

Este mercedino de a caballo, hombre duro de la Pampa, del Regimiento Sección 6 de la división del subteniente Aldo Franco, cubrió la retirada del pelotón empuñando solo y durante un rato largo su ametralladora FN MAG luego de que los hombres de Franco cubriesen el retroceso de los defensores de Dos Hermanas Norte. Voluntariamente, Poltro, se ofreció a quedarse a cubrir la retirada de sus camaradas negándose, a pesar de la insistencia de ellos en retirarse también y guió al pelotón de ingenieros anfibios del teniente de corbeta Héctor Omar Miño en un contraataque contra los elementos avanzados de la Guardia Escocesa:

Allí hice 'repeche' y me encontré con un teniente de Infantería de Marina con el que hicimos el avance; yo iba adelante y atrás venían un montón de compañeros, cuando escuché una voz que no era de las nuestras. Entonces le dije al oficial que adelante nuestro estaban los ingleses tirando tiros y tomando whisky, y éste les arrojó una granada; ellos respondieron con fuego hacia nosotros y le dieron a él. Desde entonces, hace 30 años, no lo vi más; pero me dijeron que está vivo".2

A todo esto, la más probable es que en el mismo momento Rod enamorara a alguna rubia genérica en Studio 54 de New York y “Her Majesty Queen Elizabeth The Second” jugara plácidamente al cricket en Balmoral.

La guerra no es Holywood, dice Oscar Jaimet. Pero se le parece pienso sentada frente a la mesa del departamento del héroe retirado donde un café se enfría y la mano no alcanza a atrapar su verba encendida. De vuelta del combate, el hogar del soldado se me hace un nido. Aquí no hay metrallas ni peligros aparentes.

Y entonces surge la pregunta obvia. ¿Pensó en la perspectiva de la muerte?

Yo estaba dispuesto a morir por la causa.  Tres días antes hablé con mi mujer por radio. Mira Oscar si tenes que morir por la Patria, morí, yo me ocupó de las chicas, me dijo y entonces me sacó un peso de encima.

¿Tenía miedo?

Yo sabía que lo que tenía que hacer era romper el celofán que se interpone entre la realidad y uno, salir de mi cuerpo. En ese punto no hay miedo. Y en plena batalla lo logré, salí de mi mismo, rompí el celofán.

¿Qué paso a la vuelta?

Volví con el espíritu revuelto, con bronca. Me preguntaba también si podía haber hecho más. No quise ascender a Coronel y me retiré. Para mí lo importante era tener el respeto de mis subalternos y su reconocimiento.  Siempre intenté ser un buen jefe. Mandar bien.

 

Desde el remanso de la paz, el recuerdo de la guerra y sus hazañas suena a ficción o mal sueño. Y de hecho fue volver y dejar el ejército   y entrar en la vida civil  al tiempo que llegaba la democracia y que la sociedad argentina había decidido borrar del mapa el mal trago de la derrota. La des-malvinización que le llamaron. Y a fuerza de confinar las memorias de guerra y sus héroes a las periferias de la gloria, terminó por parecer irreal hasta para sus propios protagonistas.

¿Cómo fueron esos años posteriores a la guerra?

No tuve inmediatamente ninguna consecuencia sicológica pero diez años más tarde caí en una depresión. Mi obsesión era si había hecho lo suficiente, sentía culpa.

Como en las obras de Shakespeare, los espíritus malignos acuden de noche, durante el sueño mal conciliado. Desde las trincheras de su subconsciente la mente le tendía una trampa al combatiente. Soñaba con la guerra y me despertaba gritando. Soñaba con esa granada de fuego que me pasó cerca la noche de Dos Hermanas.

Y entonces fue recurrir a la oración y a la reflexión y por supuesto a un profesional para salir del mal transe pero claro, para curar había que volver al corazón de las tinieblas: a la Isla, a sus montes, a la guerra, a Malvinas. Al menos simbólicamente.

Dejamos a Jaimet y sus hombres en pleno repliegue hacia Tumbledown luego de la asistencia milagrosa de un misil tierra-mar que desactiva el ataque al menos de la Fragata Glanmorgan.

Caminábamos en  la noche en medio un campo minado pero como era uno de los nuestros el que había puesto las minas nos dejamos guiar por él y  pasamos por la brecha. Todo el día 12 de Junio los ingleses tiraron, tiraron y tiraron y se reubicaron para combatir. El 13 y el 14 a la madrugada el ataque inglés fue rechazado y entonces nos preparamos para el contraataque. Llegamos a Tumbledown en medio del fuego cruzado.  Ni bien llegar me  puse al servicio del BIM 5 e iniciamos el contraataque. A todo esto los ingleses habían ganado las alturas abandonadas por el BIM 5 por una orden errónea de los mandos.

Aldo Franco, Esteban Vilgré Lamadrid, y Oscar Jaimet, no son héroes de Wikipedia, próceres en sepia, en la negrura de la noche son hombres de carne y hueso animados por una voracidad irracional de victoria. Hombres luchando por la causa. La causa nacional. Claro.

El coraje es la fuerza interior para dominar y combatir al miedo y al enemigo  según el propio diccionario personal de Oscar, definición encarnizada en la batalla atroz: Pasamos la noche en una lluvia interminable de disparos de Fal y después organice a los restos de la Compañía para el repliegue hacia Sapper Hill.

La derrota: esa Itaca indeseable

Derrota. Capitulación. Las palabras malditas sobrevuelan en las cabezas de los soldados en la exaltación de la batalla. Ellos tratan de abjurarlas con gritos, con bravura y dan pelea mientras aprietan dientes y elevan oraciones  contra toda sensatez.  Pero están ahí, pendiendo las espadas de Damocles sobre sus cabezas sedientes de triunfo. Contra todo. A pesar de todo. Capitulación.  Derrota. Puerto Argentino es como la Itaca maldita a la que nadie quiere volver. Ulises volvió a su patria si, pero victorioso después de Troya. Ellos no pueden volver con las manos vacías. Son soldados, al fin de cuentas.

 Iniciamos repliegue de Tumbledown hacia Sapper hill. Y después fue juntar la tropa que quedaba para replegar hacia Puerto Argentino donde los espera su destino ineluctable: Rendirse. Entregar las armas. La dignidad y la valentía, son lo último que se pierde, sin embargo, cuando se es Jaimet o algún buen soldado argentino.   Ahora repliego hacia Puerto Argentino y llego a la confluencia, al Cerro Wirellesss Ridge donde nuestros compatriotas aún luchaban. Cuando uno se va replegando uno debe destruir todos los elementos propios, entonces ya que íbamos a tener que deshacernos de nuestras municiones, las juntamos, recargamos las ametralladoras y disparamos a los ingleses a 700 metros y así desviamos el ataque a los argentinos. 

¿Qué paso después?

Destruimos todo los que quedaba y a la vuelta los ingleses nos persiguieron a cañonazos.  Llegamos a Puerto Argentino, recogimos heridos, los cargamos en un camión y los mandamos al hospital.

Clic. Una foto que lo dice todo. Un Jaimet más joven, de bigotes tupidos, la mirada extraviada, mira sin mirar el momento en el que se inicia el operativo retirada. Ha caído prisionero de guerra en un barco inglés, el Saint Edmund, en el Puerto de San Carlos, lo que le ha permitido bañarse en una ducha luego de 55 días y comer como Dios manda, es decir más de una vez por día. Sin embargo, ni la comida caliente ni el baño regular parecen consuelo para este soldado argentino solo conocido por Dios.  Ya saben: lo de la imágenes y las palabras: la foto es la mejor crónica de la rendición y su rémora de desazón. Se ha perdido la guerra y eso es todo lo que cuenta. Y todo lo que pesa.

Estamos de nuevo en su departamento, al resguardo de los obuses y los tiros de Fal.

¿A qué conclusiones llegó luego de la terapia?

Yo me prodigué en el campo de combate y traté salvar a los soldados a los que mandaba. Hice lo que tenía que hacer. Nosotros, todos los que estuvimos en Malvinas, teníamos un compromiso de honor  con el país y con la patria. Hay veces que me preguntó como hubiera hecho mejor o lo otro, si hubiera sido viable. Voy a volver a Malvinas para comprobarlo. Lo que me permitió la terapia fue objetivizar los hechos.

 

Dos condecoraciones dan prueba de semejante entrega: la al Valor a los Combatientes del Congreso de la Nación y la Condecoración al Valor al Combate de la Nación.

La historia de Juan López y John Ward, dos soldados desconocidos

 

Pienso en los muertos. También en los muertos del enemigo. Pienso: ese tipo cree en el mismo Dios que yo, va a misa, reza, es padre de familia, tiene quien lo llore.

Y mientras él piensa en los que ya no están a mí me resuena el eco  de estos versos que hacen juego con  sus palabras: López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote. /El otro profesaba el amor de Conrad que le había sido revelado en un aula en la calle Viamonte. / Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel/ Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen./El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.   El que así escribe es Jorge Luis Borges en 1985.

¿Se siente en parte víctima de esta guerra?

Nada de eso. Un soldado no siente así. Nosotros damos todo por amor a la Patria. Fíjese en Inglaterra hay una placa que pusieron los soldados ingleses de Malvinas que dice así: We re not children. WE ARE THE LORDS OF THE WAR. Eso piensan ellos. Eso pensamos nosotros.

¿A qué otras reflexiones lo llevó Malvinas?

A que el soldado argentino es el mejor soldado del mundo. Solo pide que lo manden bien y el ciudadano que lo dirijan bien.

Es en esta parte en que Jaimet comando, paracaidista, instructor de tiro y de tácticas de comandos, macho alfa de su compañía, ex combatiente de Malvinas, padre de familia, amante de Aristóteles y de Rod Stewart se vuelve solo un soldado.

 Malvinas fue la última Guerra de Caballeros dice al pasar.

Voy a Wikipedia: La guerra de Malvinas o la Falklands War, según quien lo mire,  concluyó el 14 de Junio de 1982 con el cese de hostilidades entre ambos países y la rendición de la Junta Militar Argentina frente al Reino Unido de Margaret Tachter. Arroja también, la Enciclopedia virtual, este cuadro frio:

Comandantes

Fuerzas en combate

Bajas

649 muertos (323 fuera de la zona de conflicto)
1300 heridos
4
11313 prisioneros de guerra
47 aeronaves destruidas
6 buques hundidos

255 muertos5
775 heridos[
cita requerida]
2700-6600 casos psiquiátricos
78
128 prisioneros de guerra (incluyendo 13 del 
BAS)9
34 aeronaves destruidas
8 buques hundidos

3 civiles muertos por un bombardeo erróneo de un barco británico10

 

 

El ritmo de su corazón

El cuadro estrecho no logra contener la abundancia del amor, la prodigalidad en  la lucha, ni el heroísmo de tantos soldados. La mañana se extingue como el café sobre la mesa. Jaimet se para y me muestra ahora sus memorias fragmentadas de la guerra: cuadros pintados del frente  regalados por ex camaradas y sus familiares. Es entonces que afloran los recuerdos de lo cotidiano. Los de las batallas minúsculas por la supervivencia.

¿Es verdad que no disponían con las condiciones básicas para vivir?  ¿Que no tenían suficiente comida por ejemplo? (pienso ahora en las cartas y los chocolates que enviamos)

Nosotros teníamos raciones de guerra. Una por día pero también robábamos y faenábamos ovejas para comer. Aún así bajé 15 kilos.

¿Cómo se aseaban cada día?

Había en el pueblo un pequeño hotel donde fui un día para bañarme. Practiqué mi frase: I want to take a shower, dije pero la dueña me respondió: it s Sunday. Justo era domingo y ese día no estaba disponible la ducha, cuenta Jaimet divertido. Para todos los días había hecho dos agujeros en el hielo. El agua de uno de ellos la usaba para asearme y del otro la usaba para tomar agua.

Para fumar usaban la yerba gastada del mate que armaban como cigarrillos.  Se ríe y sigue con las anécdotas de la supervivencia. Anécdotas repetidas, supongo hasta la insistencia en sus reuniones anuales de camaradería  atesoradas durante años en los duros corazones de viejos soldados según dice Jaimet.

Fin de la historia malvinense. Margaret Tatcher apura otro Bell pero no bebe sola supongo sino que acompañada por su séquito exultante con los que elucubra un segundo mandato. En el otro extremo del mapamundi, el General, en cambio toma un Scotch en soledad, como corresponde a los vencidos, y se prepara a partir. La democracia es el nuevo viento que sopla en el continente y la Argentina clama por ella.

¿Cuál canción de Rod Stewart es su favorita?

The rythm of my heart, contesta el viejo soldado sin dudarlo y se pone a silbar bajito marchando sobre el lugar:  Oh, rythym of my heart is beating like a drum/with the Word I love you. ¿Notó que empieza con una gaita y tiene ritmo militar? Inquiere el héroe emocionado.

 ¿Y la Reina Elisabeth? Esperando la segunda parte de The Crown en Buckingham Palace mientras mastica más scones.


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