El estrés y el turismo rural no se llevan bien

28 Sep 2016
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imagen de rtve.es

  Hola, buen día. El estrés es uno de los males que arrastramos desde las últimas décadas del siglo pasado. Sí porque junto a los ataques de pánico y a la depresión ponen en jaque a una buena parte de la población. Es que el estrés es como la inflación: algunos niegan su existencia pero sí se hace sentir.

  Entonces hay maneras y maneras de tratarlo pero yo sólo me quiero centrar en una: viajes y turismo. Sí porque su médico, su pareja, amigos, familiares y si lo consulta hasta todos quienes figuren en la guía de teléfonos le aconsejarán que haga un viaje. Y aparece en el horizonte el turismo rural, ideal para desconectarse.

  Pero ¿de qué me pregunto? Si apenas llegas al lugar elegido al que se te cruza le preguntas “¿hay wifi?” Y lo primero que pones en el bolso no es el pijamas ni el cepillo de dientes sino el iPhone, la tablet o la computadora portátil para estar conectado con el mundo. Y todo el día.

  Al llegar a la casa, hostel u hotel la pregunta al momento de registrarte es “¿qué video cable tienen?” Entonces ¿a qué vas al campo por más bucólico que sea el ambiente? ¿A gozar de los mosquitos, la falta de agua casi todo el día y de gas? ¿A caminar sin rumbo buscando el shopping que tanto extrañas?

  ¿A acordarte de la madre del que te recomendó ese lugar en el que no reciben tarjetas de crédito ni de débito porque no saben de su existencia? ¿A escuchar cómo cacarean las gallinas y te canta el gallo a las 6 de la mañana y te despiertas hecho un zombi arrastrando las ojeras?

  ¿A comer comida casera a costos de Nueva York? ¿A mirar el hilo de agua que pasa por el otrora caudaloso río en el que pensabas darte un chapuzón? No lo sé. No encuentro justificativos para esta elección. Pero te fuiste al campo a renovar el contacto con la naturaleza.

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