“Resist”: la música contra el lado oscuro del mundo

Roger Waters interpretó temas emblemáticos de Pink Floyd y de su carrera solista. Canciones y estética de alta intensidad.

13 Nov 2018 Por Roberto Delgado

Un gran concierto bajo la lluvia (en el semitechado estadio Único de La Plata) sintetizó a Roger Waters, totalmente asimilado con Pink Floyd: denuncia las injusticias del mundo capitalista, la discriminación y la opresión. Una palabra define su postura, que combina enojo y lucha: resistirse (“resist”). Todo con una estética visual de alto impacto y una música intensa, envolvente, emotiva, por momentos catártica. Waters interpretó 18 canciones en tres horas de show (terminó a las 00.28 del domingo), a las que se sumaron el video inicial con la canción “The child will fly” (grabado en 2008 con colaboración de Shakira, Gustavo Cerati, Pedro Aznar y Eric Clapton, y filmado en marzo de 2012 durante una visita de Waters a la villa 31 en Buenos Aires), la apertura del grupo telonero mapuche Puel Kona y la participación de León Gieco, al final, cantando “La memoria”. A continuación, la cronología del show:

Rock mapuche

A las 20.15 comenzaron a tocar los Puel Kona, de Neuquén. Una mezcla de rock, ska, reggae y rap. El cantante, Lef, dijo: “Estamos muy agradecidos y agradecidas al señor Roger Waters por habernos invitado y apoyar la lucha del pueblo mapuche por vivir en paz”. Expresó que reclaman contra la megaminería, el fracking y el glifosato. “Cantamos en lengua mapuche: mapudungún. Hay más de 10 idiomas y más de 35 pueblos originarios. Los medios masivos de comunicación quieren demonizarnos. El pueblo mapuche solamente quiere verdad y justicia. Pedimos verdad y justicia por Santiago Maldonado. Los pueblos originarios no somos el problema. Somos parte de la solución por un mundo mejor”. Tras cinco canciones, finalizaron con un rap: “el problema no somos nosotros/el problema es occidente con su capitalismo... el pueblo mapuche libre/ la lucha sigue, sigue”.

El destino en la villa 31

Primer video en la pantalla gigante (de 60 metros de largo por 14 de alto) detrás del escenario: el tema “The child will fly” en la Villa 31. Waters recorre el villorrio, donde en 2012 hizo una clínica de música, y canta: “Podría ser Gardel, podría ser Márquez... sólo necesita un poco de ayuda para volar”.

La playa, la esfera y el tiempo

En un segundo video se ve una mujer/niña en la playa. Sólo se percibe el viento a lo largo de 15 minutos, hasta que comienza el show: “Speak to me/ Breathe”, aparece en pantalla una gran esfera espejada que es como un ojo. Luego suena “One of these days”, con una guitarra de sonido intenso y frenético mientras en la pantalla se ven imágenes en colores y en negativo de un mundo arrasado por la tormenta. En el medio, una luz que late y comienza “Time”, con relojes que giran como monedas.

Baile en el cielo estrellado

Las coristas del dúo Lucius, las rubias platinadas Jess Wolfe y Holly Laessig, interpretan “The great gig in the sky”. Voces dulces, enérgicas y tiernas a la vez, en una versión original de la canción. Se advierte que el sonido ha sido repartido por todo el enorme estadio Único.

LA INDUSTRIA QUE CONTAMINA. Fotos de Sebastián Rosso.-.-

El mundo agobiante

Comienza “Welcome to the machine”. La voz de Waters, que ya acusa sus 75 años, está un poco distorsionada con agudos. En la pantalla, a lo lejos, se ve una pared o un obelisco con una grieta que sangra. Salen ratas zombis rojas. Una planta-víbora crece y corta una cabeza. Un mar de sangre. Las olas son manos que se alzan. Se eleva al cielo un pedazo de metal y se une a la bola metálica. Suena “Déjà vu” y la bola vuela como un drone sobre urbes en blanco y negro. Luego, con la canción “The last refugee”, en la pantalla laten las pulsaciones del video inicial de “Breathe”. En la balada “Picture That”, se ve de nuevo la imagen en la playa y un barco de guerra; en la canción se mencionan acciones en Japón, en Afganistán. Se ve al presidente norteamericano Donald Trump en distintas imágenes mientras se acelera el ritmo frenético y la guitarra suena desgarradora. Waters está cantando bajo la lluvia, en el sector del escenario que da a la intemperie.

EL ENORME GLOBO DEL CERDO.-

Deseo y reclamo

Comienza “Wish you were here”. En la pantalla se ven dos brazos que se van desintegrando. Waters levanta los brazos y suenan “The happiest days of our lives” y “Another brick in the wall” (partes 2 y 3). En el escenario aparecen niños vestidos con capuchas, se las sacan y ponen sus manos al frente. Sus remeras dicen “Resist”. Puños en alto. Se ven imágenes de empresas internacionales y alusiones a la economía (20%). Las coristas guían a los niños como maestras de escuela. Waters dice “hola”, agradece a los niños (”son de Buenos Aires”, dice) y anuncia un break de 20 minutos. “No soy la resistencia”, dice. Está empapado.

Contra la discriminación y el fascismo

En los 20 minutos la pantalla va a arder. Un grupo en el campo comienza a cantar “¡Mauricio Macri, la p...!” pero es sólo un sector y pronto se desvanece el cántico. Aparece la palabra “Resist” y se plantea a qué y quiénes resistir: Mark Zuckerberg, big brother, el antisemitismo (también señala que hay antisemitismo israelí contra los palestinos), la discriminación por raza o religión, a la embajadora de EEUU en la ONU, Nikki Haley (”sólo necesita la máscara de Darth Vader para estar en el lado oscuro”, dice), el neofascismo (menciona a Trump y a varios líderes neofascistas como Le Pen o Kurz); la alianza profana entre religión y Estado; “tiranos como Mohammed Bin Salman Al Saud” (de Arabia Saudita); el complejo militar industrial; la oligarquía global; las cleptocracias; las ganancias de la guerra; las policías militarizadas. La pantalla propone incentivar la protesta, no tirar basura al océano, cuidar la tierra, “nuestro pequeño y frágil planeta”. Luego vuelve con la resistencia a premiar la tortura (Gina Haspel, la cabeza de la CIA, “debería estar en prisión”, dice). Menciona a Razan al-Najar, una médica voluntaria de 21 años muerta por el ejército israelí en la franja de Gaza cuando iba a socorrer a un herido. “Resistanse a la esclavitud moderna y el tráfico de personas, y a la tentativa de silenciar a Julian Assange. Él dice que la verdad nos hace libres. Déjenlo ser periodista”. Y concluye: resístanse a la idea de que algunos animales son más iguales que otros. Como los cerdos. Por ejemplo, los perros”.

Trump y la pesadilla distópica

Comienza el tema “Dogs”. En medio de un ruido como de derrumbe en la pantalla se levantan cuatro columnas y por detrás se forma la pared de una fábrica. Se eleva el globo de un cerdo por arriba de la pantalla. Por detrás del escenario aparece una escenografía con las mismas columnas, que son chimeneas con humo rojo. Se lee “Ayuda a los que están atrapados en una pesadilla distópica”. Suena una guitarra desesperada y en la pantalla se ven imágenes en negativo en colores. Waters canta “y cuando pierdas el control cosecharás lo que sembraste”. Él y sus músicos aparecen con caretas de cerdos y copas de champán. Waters camina por el escenario con un cartel que dice “Los cerdos manejan el mundo”. Se quita la careta y saca otro cartel: “Fuck the pigs”. Brindan en el escenario.Interpreta “Pigs (three different ones)”, con imágenes con la estética de Andy Warhol, que muestran a Trump pintado y ridiculizado. Aparece en el aire un gran globo con un chancho rojo con la leyenda sean humanos/stay human. En la pantalla se ven las imágenes de Trump, Stalin, Putin, Bush y Kim Jong Un y la leyenda final: “resist”. La canción termina con la leyenda “Trump es un cerdo”. En el acto comienza la canción “Money”, con imágenes de Trump y en medio del tema se ve la explosión de la bomba atómica.

LA PIRÁMIDE LÁSER.-

Abajo está la gente

Interpretan “Us and them”, con imágenes de gente caminando. Waters se acerca a un costado del escenario y levanta un brazo al cielo. Los espectadores también levantan sus brazos con puños cerrados. Se ve en pantalla un helicóptero o un drone que recorre ciudades arrasadas. Se lee “amor / yo elijo amar/ Las vidas negras importan”. El helicóptero dispara cohetes. Se ven niños en una villa pobre. Con la canción “Smell the roses” vuelve la imagen de la mujer/niña en la playa y vuela la esfera de metal; se forma encima del campo la clásica pirámide de luz de “El lado oscuro de la luna”, con impactantes efectos láser. Se escucha “Eclipse”.

La memoria

Luego Waters habla. Presenta a la banda. Se pone un pañuelo verde (símbolo del reclamo por aborto legal y seguro) y dice: “apoyo los derechos de las mujeres”. “Hicimos un show hace unos días y durante ese show pasaron algunas cosas. Una fue que saludé a algunas madres de personas que fueron enterradas sin identificar en el cementerio de Malvinas (usó la palabra Malvinas). Hoy también hay algunas de ellas acá, así que quiero decirles que son bienvenidas. Madres de Malvinas: las queremos y compartimos su dolor”. También menciona “a un maravilloso artista argentino llamado León Gieco. Lo que hice en ese momento (en el concierto del martes pasado) fue pasar un par de estrofas de una canción suya con mi iPhone. Es una canción que habla de otras madres: las Madres de Plaza de Mayo. No hay que olvidar jamás esos días y a los desaparecidos (en castellado)”. Aparece Gieco en escena y canta “La memoria”, mientras Waters enfatiza con gestos los versos de la canción.

Adormecido y esperanzado

Llega la balada triste “Wait for her”, antes de “Comfortbly numb”, con el que cerrará el show. En la pantalla se ven dos brazos con manos rojas que se acercan y se desmoronan. Al final las manos pueden agarrarse. Y termina con un tremendo show de fuegos artificiales que enceguecen.

LA PRESENTACIÓN DE LEÓN GIECO.-

Fin de un día empapado

La multitud -unas 40.000 personas- sale en espesas filas del estadio, como un video de Us and them. La lluvia sólo había afectado a los que estaban en el campo, así como parte del escenario. Las plateas del estadio Único están cubiertas. No osbtante, mucha gente pasó la noche mojada porque el ingreso desde afuera sólo se permitía previo paso por el acceso de calle 20 y 32. Desde ahí se indicaba a los espectadores que debían dejar sus paraguas en casas cercanas habiltadas como guardarropas y sangucherías y luego dirigirse a las distintas entradas. Los que iban a las plateas norte y sur debieron rodear el estadio, haciendo una caminata de 18 cuadras bajo la lluvia. Cuestiones de organización que quedaron olvidadas al final del concierto.

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