Para Gustavo Bombini “ni la tele ni la compu son enemigos de la lectura”

El docente y especialista en didáctica de la lengua dejó sus reflexiones en su paso por Tucumán.

13 Sep 2017
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Si el interlocutor de Gustavo Bombini es docente (maestro, profesor y demás), la reacción inmediata después de una charla distendida es enterrar lo actuado hasta ahora en el aula... y hurgar en la imaginación por dónde volver a empezar. “A mis alumnos les digo: ni Times ni Arial; porque las tipografías también tienen sentido”, afirma Bombini, profesor de Didáctica Especial y práctica de la Enseñanza en Letras (UBA-Unsam) y uno de los expertos argentinos más respetados en temas relacionados con la lectura, la literatura infantil y la didáctica de la lengua. Su manifiesto también apela a explorar la lectura multimedial y el libro ilustrado, pero no entendidos como “herramientas para el aula”, como adjetivos, sino como géneros con voz propia, en estos tiempos en los que la imagen obtuvo DNI.

De paso por Tucumán (dictó un posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras), el autor de “Los arrabales de la literatura. La historia de la enseñanza literaria en la escuela secundaria argentina (1860-1960)” dejó estas reflexiones sobre la lectura, entre el deber y el placer.

- ¿Sigue la tensión entre la lectura libre y la que “impone” la escuela?

- Aun cuando la escuela impone deberes, estos pueden ejercitarse de una manera placentera. Y eso se debe a cómo los maestros, formadores, profesores, propician una situación de lectura. A veces se oponen la escuela, el placer y la lectura libre. Hay que apuntar al rol activo del niño que se pone a crear. El aburrimiento empieza cuando la tarea que se propone es un pasivo. Muchos hablan de la conversación literaria. La idea de que el aula es como un foro, una conversación. Un inglés, Brunner, habla del intercambio de significados. Él afirma: “dime, después de leer un libro: dime qué te pareció”. La conversación, seguramente, está orientada por el docente, que le pone un sentido a la lectura de ese texto. Como decía un “profe”: un maestro es alguien que leyó antes. Y cuando lo doy a leer, puedo dar un texto difícil; pero cuando aparezca la dificultad, que mi intervención ayude. Y ahí hay enseñanza.

- La lectura para chicos despojada de moraleja...

- Con la vuelta de la democracia se empezó a discutir la cuestión de la litertatura infantil asociada a la moraleja. Y está, además, el movimiento de autoras como Graciela Montes, Laura Devetach... Ema Wolf propone una lectura despojada de moralejas y pensada para la escuela. Nace la editorial “El quirquincho”, y uno de los lemas es “una nueva editorial para una nueva escuela”. Ahí hay un cara y cruz de la literatura infantil. Se despacha contra lo que llama “las intrusiones en la literatura” a la hora de pedirle enseñanza. Quiere liberar la literatura de esa moralina. Montes habla del “corral de la infancia”. En su libro “Tengo un monstruo en el bolsillo” es impresionante cuántas puntas distintas vio la gente. Un buen libro excede una lectura unívoca del texto.

- En una escuela conservadora, adecuarse a esas propuestas resulta un desafío para los docentes.

-En cualquier espacio de formación, desde una sala de cinco o tercer año de la secundaria, hay un desafío de ponerle el cuerpo.

- ¿Es mito o verdad que los chicos leen menos que antes?

- Antes era “la tele”. Ahora es “la compu”. Siempre hay como un enemigo de la lectura, y no es así. La lectura multimodal es un nuevo modo de leer que nosotros no conocemos.

- ¿Cómo abordar esos formatos?

- La “transmedia” (se ríe). Los letrados tradicionales tenemos un desafío. La literatura infantil trabaja con la imagen; primero como ilustración, en el ejemplo más sencillo; pero luego está el libro-álbum, que trabaja el desafío de una lectura colaborativa entre texto e imagen. Lo esencial de leer el libro-álbum se amplifica hacia otras posibilidades de lectura. Veo una conexión entre empezar por el libro-álbum y luego interactuar con la computadora. Vamos hacia una lectura multimodal que es la posibilidad de renunciar al logocentrismo. Cuando yo estaba en el Ministerio (de Educación) hicimos una búsqueda de propuestas curriculares para secundaria, en el contexto de netbooks para los chicos que no fueran PDF, sino que asumieran el lenguaje multimodal. Y fue un debate muy fuerte, porque cuando a la gente se le pedía que aprovechara al máximo lo multimodal como posibilidad de acceder al conocimiento de otro modo, se generaba un esquema del cual no se podía zafar: una larga explicación que ocupaba más de una pantalla, fundamento del marco teórico... Parecía que si no decían todo eso no iban a poder fundamentar la película a partir de la cual se iba a introducir el tema. No terminaban de hacer un acto de renunciamiento. Había una pestañita que decía: “recursos”. A lo que no es lingüístico le llamamos “recursos”. Una vez vi un programa de la BBC sobre Holanda y la guerra. Y el impacto que generó en mí la imagen fue tal que me dije que no hay narrativa escrita que reemplace esas imágenes de archivo. Ahí me volví un “transmediático”. Es un modo de decir el conocimiento diferente del modo lingüístico; y tengo que poder renunciar a ese modo lingüístico del conocimiento. Todavía está la idea del “recurso”. Se necesita repensar los vínculos entre la cultura digital y la letrada.

- ¿Observa cambios en el aula?

- Una vez, cuando trabajaba en el Ministerio, una mujer de la Embajada de Francia me habló de dos cosas: del libro-álbum, de la nueva literatura infantil y de las transformaciones. Lo multimodal, la producción artesanal; las tipografías también tienen sentido, la tipografía es imagen, y toda la vida estamos leyendo imagen. A favor de la sagrada letra nos hemos negado a reconocer este entorno visual, corporal. En “El quirquincho” habíamos incorporado el graffiti, la historieta, dos volúmenes de rock nacional e inglés. Se mezclaban los géneros.

- ¿Cómo negocian la libertad con la necesidad de que el chico aprenda las necesarias convenciones del lenguaje?

- García Canclini trazó ese vínculo entre la cultura letrada con lo nuevo. En “Culturas híbridas”, él hablaba de los géneros impuros. No niega la existencia de la letra; la trabaja, la rescata.

- ¿Qué me dice de los booktubers?

- El año pasado participé en un panel, estaba un booktuber. Me encantó, porque nos interpelaba, y nos daba consejos de cómo debían ser las clases de literatura. Y eran consejos razonables. Y cuando uno a los chicos les pregunta sobre la clase, ellos dicen muchas cosas interesantes. Todos los días, al terminar la clase, habría que preguntarles qué les pareció la clase, qué les gustaría cambiar.

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