“Los narcos aman la sangre en Villa 9 de Julio”, dijo el padre de un joven baleado

Denuncian a “Chavo” y “Quemarrancho”

10 Ago 2017
1

ZERDA. El hombre muestra la denuncia que realizó ante la Policía y la Justicia. la gaceta / foto de inés quinteros orio

“No les tengo miedo porque no hice nada malo y confío en la Justicia. Sé que la doctora (Adriana) Reinoso Cuello es una buena fiscala”, advirtió Raúl Alberto Zerda, luego de denunciar ante la Policía y la Justicia que “Quemarrancho” y “Chavo” -dos jóvenes ligados al Clan Carrión-, habían baleado a su hijo para quitarle el celular. La víctima, de 30 años, se encuentra en el Centro de Salud. “Está jodido. Le pegaron en una pierna y le quebraron el hueso. Además, le hicieron daño en un vaso arterial importante”, dijo su padre.

Según baraja el denunciante, el asalto ocurrió el martes alrededor de las 17. “Mi hijo (Martín) estaba cortando yuyos acá al frente y después se fue al velorio del marido de una amiga. En el camino se encontró de frente con ‘Quemarrancho’, y ‘Chavo’ le salió por detrás. Le quisieron sacar el celular, pero Martín se resistió y le empezaron a pegar culatazos. Luego le dispararon en la pierna”, acusó.

Ambos denunciados aparecen ligados al Clan Carrión. Fuentes judiciales recordaron que “Chavo” integraba la “Banda de la Gruta” y que estuvo preso por haber participado en el robo a una financiera. “Quemarrancho”, en tanto, está apuntado como el asesino de Luciano Gastón Calderón -integrante del Clan Toro-, quien murió de un balazo en el pecho en abril del año pasado. Si bien los integrantes de ambas familias dijeron en más de una ocasión que su enemistad no está relacionada al mundo de las drogas, en la Policía y la Justicia no tienen dudas de que se disputan el territorio de Villa 9 de Julio por ese motivo.

“Estas dos personas son narcos y aman la sangre en este lugar; están dispuestos a matar. La gente está cansada de todos ellos. Hace un par de años eran pobres; lo sé porque yo trabajaba en el Gobierno y los ayudaba. Ahora parece que pasaron al estrellato, le pegan a todo el mundo. Este siempre ha sido un barrio de gente trabajadora, pero lo han ensuciado con la droga. Hace poco estuve en Buenos Aires y charlando con algunas personas me di cuenta de que mi barrio es conocido por eso en todos lados. Aquí se vende en todas las esquinas”, lamentó Zerda.

El denunciante conoce bien la situación porque le tocó sufrirla en su casa. “Mis hijos están en recuperación de sus adicciones. Han hecho algunas macanas, pero las han pagado como debía ser, y ahora se están reinsertando, están yendo por el buen camino. Eso es complicado aquí, donde venden droga en cada esquina. Llega una hora en que empiezan a desfilar todos los chicos a comprar droga. Siempre les digo que mejor se compren un sánguche, hay que rescatarlos. He llegado a creer incluso que se los protege a los transas, porque todo el mundo sabe dónde se vende y no pasa nada”, barajó.

Amenazas

Un vecino le dijo a Zerda que su hijo se estaba desangrando a pocas cuadras de su casa porque le habían pegado un tiro. “Imagínese lo que fue escuchar eso”, contó el hombre, que mientras corría hacia el lugar, sacó su teléfono y llamó al 911. Al ver a Martín, lo cargó en sus brazos y lo subió al primer taxi que pasó por allí. El muchacho sigue internado en el Centro de Salud, con la bala alojada en el cuerpo; por el momento, los médicos decidieron esperar para operarlo, por la complejidad de la lesión.

Poco después del ingreso al hospital, el padre del muchacho volvió a la casa de ambos. Allí vivió el segundo momento de violencia del día. “Como a las 20 vine a buscar ropa para mi hijo. Aparecieron ‘Quemarrancho’ y ‘Chavo’, en una moto. Tenían cascos, pero les vi las caras. Me gritaron: ‘viejo puto, te vamos a hacer boleta, dejá de batir a la cana’, y se fueron riéndose”, recordó.

Y este, aunque fue el más violento, no fue el único encontronazo que tuvieron. “‘Quemarrancho’ me asaltó el año pasado. Cuando se iban, de los nervios los comencé a perseguir, pero ellos estaban armados y comenzaron a apuntarme. Hice la denuncia pero nunca avanzó; ni siquiera llegó a Tribunales”, se lamentó.

El caso quedó en manos de la división Delitos Contra las Personas, a cargo de los comisarios Marcelo Sallas y Christian Peralta.

Comentarios