El detective musical que reconstruyó una sinfonía

Barry Cooper le dio vida a una pieza inconclusa de Beethoven. La UNT le confirió el Doctorado Honoris Causa. El primer músico que lo recibe.

18 Mar 2017
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LA PASIÓN. No está dirigiendo la orquesta; está hablando de Beethoven. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO.-

› no sólo beethoven
El proyecto más polémico de Cooper fue la reconstrucción de la X Sinfonía (1988, revisión 2013). Su versión fue programada por varias de las principales orquestas del mundo y generó ásperos debates. Además estudia la música inglesa de tecla en el Barroco, la teoría de la música en Inglaterra, Haendel y los contemporáneos de Beethoven.  

› No sólo Beethoven
El proyecto más polémico de Cooper fue la reconstrucción de la X Sinfonía (1988, revisión 2013). Su versión fue programada por varias de las principales orquestas del mundo y generó ásperos debates. Además estudia la música inglesa de tecla en el Barroco, la teoría de la música en Inglaterra, Haendel y los contemporáneos de Beethoven.

 

Juan B. Terán miraba ayer, desde su busto en la sala del Consejo Superior, cómo por primera vez la Universidad Nacional de Tucumán, por parte de la rectora, Alicia Bardón, nombraba Doctor Honoris Causa a un músico.

Pero Barry Cooper es un músico muy especial, que no sólo toca, compone y enseña, sino que además es un erudito e investiga desde hace décadas. Es conocido sobre todo por su reconstrucción de la Décima Sinfonía de Ludwig van Beethoven, así como por la edición de sus cinco conciertos de piano y de las 35 sonatas (con tres redescubiertas agregadas al canon) entre muchos otros trabajos.

Se sabe que Beethoven era propenso a escribir muchos borradores antes de producir una partitura final, y quedaron muchos bocetos tras su muerte, en marzo de 1827, pero muy pocos fueron catalogados.

Detective y paleontólogo

En su discurso, traducido por Roberto Buffo, Cooper sintetizó cómo fue su trabajo desde fines de los años 70, entre detectivesco y científico. “Yo no estaba buscando la Décima Sinfonía. Yo estaba buscando una”, recordó. Primero leyó una descripción del trabajo de Karl Holz, un amigo de Beethoven que había escuchado los inicios de la pieza tocada en el piano por el propio Beethoven, con una introducción en la clave Mi bemol y seguida por un Allegro en Do menor. Fiel a la descripción, Cooper encontró bocetos que coincidían.

Pero eran sólo alrededor de 250 compases. Aún así, el doctor Cooper unió los fragmentos disponibles para formar un primer movimiento y, apelando a las técnicas de componer de Beethoven, logró completar, en ocho años, la sección inicial de la Décima Sinfonía.

“El objetivo era acercarse lo más posible a lo que el compositor pretendía”, explicó. Cooper comparó su tarea con la de un paleontólogo, que a partir de unos cuantos elementos reconstruye un dinosaurio.

Para entendidos

El discurso del músico inglés incluyó detalles técnicos, que explicó tocando el piano, sólo entendibles por los músicos presentes, como Buffo, Mariana Stambole, María Eugenia De Chazal y Juan Pablo Cadierno, los directores de los coros de la UNT.

150 años después

Entre otros detalles, Cooper contó que tras escribir la Novena Sinfonía, estando Beethoven ya sordo, se dedicó a componer cuartetos, que le daban más rédito económico. A punto tal que se los ofrecía a la Royal Philharmonic Society, a quienes prometía, a cambio del pago, que compondría una Décima Sinfonía.

Ciento cincuenta años después, en 1988, esa misma sociedad recibió la Décima Sinfonía, reconstruida por Cooper, que fue estrenada por la Orquesta Sinfónica de Londres.

A la sinfonía siguen ahora los estudios acerca de las 35 sonatas de Beethoven, en un libro que el profesor Cooper está por publicar este año. Mientras tanto, seguirá en la docencia, que él dice amar, y que considera inescindible de la investigación, desde su cargo al frente de la Facultad de Música de la Universidad de Manchester.

Bach en la casa

Y, aunque en su casa él toque Bach en el órgano -”es el supremo”, aclara- ha trabajado arduamente para ser considerado una de las autoridades mundiales en el universo Beethoven.

Tal vez porque ha vivido con las sonatas de piano más íntimamente que nadie desde el mismo Beethoven. Así que cuando Cooper habla de “500 páginas de partituras” o de “medio millón de notas”, se le puede creer. Sin duda las ha escuchado sin que suenen, y ha analizado con lupa anotaciones, travesuras, líneas de barras, acentos, puntos, guiones y silencios que ha encontrado en las partituras, escritas por la pluma del Genio de Bonn.

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