Rápido envejecimiento de los contenidos aprendidos

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15 Agosto 2016

Por Juan María Segura - Columnista invitado

A sólo cinco años de terminar sus estudios universitarios, el 59% de los egresados debe volver a estudiar pues lo aprendido ya carece de relevancia y funcionalidad para el mundo del trabajo. Esta es una de las conclusiones más llamativas de la encuesta realizada en el contexto del II Congreso de Educación y Desarrollo Económico, celebrado recientemente en la Usina del Arte. La encuesta fue completada por más de 1.000 personas (65% mujeres, 53% docentes, 90% con estudios universitarios completos, edad promedio 45 años) y sus resultados puestos a consideración de los oradores, todos importantes directivos del mundo empresario, político, educativo e intelectual de varios países de la región.

El rápido envejecimiento de los contenidos aprendidos en la universidad al que se enfrentan los jóvenes en sus primeros años de trabajo puede encontrar parte de la explicación en el hecho de que la universidad funciona mal coordinada con otras instituciones relevantes, como la escuela secundaria, la formación técnico-profesional o la empresa. En promedio, la universidad se encuentra negativamente coordinada (sumatoria de respuestas Mal Coordinada y Muy Mal Coordinada) con las instituciones consultadas (empresa, escuela secundaria, enseñanza técnica, deportes, ciencia y arte) en un 63%, valor que se amplía preocupantemente en lo que respecta a la coordinación con la escuela secundaria, alcanzando el 77% de respuestas negativas. En un momento en donde agentes, instituciones e individuos forman redes de todo tipo y para cualquier propósito, la universidad parece mantenerse aislada e inmune a las transformaciones propias de un mundo interconectado que avanza a paso firme hacia su cuarta revolución.

Otra explicación posible y/o complementaria, es que el sistema universitario no innova de ninguna manera. El 72% de los encuestados sostuvo que el sistema universitario no innova (sumatoria de resultados Innova Poco y No Innova Nada), tanto en prácticas pedagógicas (70%), diseños curriculares (67%) y formatos institucionales (76%), como en tecnologías educativas (76%) y políticas públicas (73%). Esta conclusión es coincidente con una encuesta de Gallup del 2015, en donde se señalaba a Latinoamérica como la región del globo menos innovadora en comparación con otras ocho zonas, con diseños institucionales y formas colegiadas de gobierno que desactivan o ahogan cualquier intento por sacar la universidad al mundo y ponerla a explorar formatos, programas o prácticas novedosas.

Sistema antiemprendedor

También la encuesta permite ver el escaso aporte que la universidad realiza para alentar la emergencia de emprendedores y de generación de un espíritu emprendedor en los estudiantes y egresados. Sólo el 8% considera que tanto la escuela secundaria como la universidad poseen programas suficientes (sumatoria de los resultados Muchos Programas y Bastantes Programas) para la formación del emprendedorismo, mientras que el 76% sostiene lo contrario. La radiografía de la falta de apoyo hacia el emprendedorismo en el país se completa con ausencia de capital de riesgo (78%), de competencias y concursos (68%), información (75%) y normativa (76%). Esta suerte de ecosistema normativo-institucional anti-emprendedor atenta contra la proyección del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos y de tantos otros, que sostienen que para el año 2030, el 65% de la fuerza laboral del mundo será cuentapropista e independiente.

Así como los resultados de la encuesta muestran coherencia a la hora de vincular obsolescencia de lo aprendido en el tiempo con características intrínsecas del sistema universitario (descoordinación y aislamiento, no innovación ni adecuación a la época, diseño curricular que pasa por alto la tarea de formar espíritu emprendedor), no resulta tan sencillo encontrar una explicación persuasiva que vincule a este sistema anticuado, estático y aislado, con un graduado universitario de calidad, que en un 58% de las respuestas se creer mejor preparado que el de países de la región. ¿Qué extraño fenómeno podría explicar tal contradicción? ¿Cómo sería posible que, enseñado conocimientos de calidad (83%) y competencias para el mundo del trabajo (89%) durante largas carreras de cuatro, cinco y hasta seis años de duración, debamos pedirles a los graduados que vuelvan a estudiar antes de cumplir los 30 años de edad?

El II Congreso de Educación y Desarrollo Económico, a partir de los resultados de la encuesta, puso en movimiento un debate multidisciplinario basado en datos concretos. Si, como sociedad, anhelamos fortalecer la arquitectura de instituciones de enseñanza con el fin de lograr aprendizajes de calidad duraderos para quienes transitan por las mismas, estamos obligados a sostener este tipo de debates y a encontrar los consensos que nos permitan decir con confianza y certeza que efectivamente graduamos masivamente profesionales de calidad. ¿Acaso es muy utópico? Mientras no lo logremos, la irrelevancia de los aprendizajes de los estudiantes será la contracara de la irrelevancia de quienes debemos alentar la transformación del sistema.

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