Valiosa compilación de poesía santiagueña

07 Feb 2016

Poesía

ANTOLOGÍA DE POETAS SANTIAGUEÑOS

ALFONSO NASSIF

(Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero) 

Insomne de sentimientos. No tiene alas, pero vuela. Alimenta, pero no engorda. No bebe, pero embriaga. Eco de luz en la noche del alma. La poesía moja el corazón milenario del hombre. Reunir el canto de un pueblo en libro es un desafío comparable tal vez a uno de los trabajos de Hércules, sobre todo cuando este no se limita a una recopilación, sino que ahonda en las huellas de la historia, buscando una raíz. La Antología de Poetas Santiagueños, del destacado escritor Alfonso Nassif, vio la luz en 1978; ha vuelto a asomar ahora su nariz a la vida, con odres de voces renovadas.

“Todo poeta balbucea, habla, llama grita. Nunca quizá se pueda medir ni siquiera la dimensión del silencio, cuanto menos la proyección de ese viaje inalcanzable de la palabra viva”, dice el antólogo, que desanda la huella de la poesía de Santiago del Estero, en la cual hay un agujero negro de 300 años, entre el poema “Famatina”, de Mateo Rojas de Oquendo -vivió en esa ciudad en 1586- y los escritores del siglo XIX (Amancio Alcorta, José Ordóñez). Un erudito y ameno estudio recorre la primera parte de este trabajo que se detiene en voces fundamentales, como las de Ricardo Rojas, Marcos J. Figueroa, el grupo La Brasa, Bernardo Canal Feijóo, Horacio Germinal Rava, Luis Manzione, María Adela Agudo, el éxodo de la Generación del 40 (Nicandro Pereyra, Carola Briones, Agudo –integrantes luego del grupo La Carpa-, Blanca Irurzun, Julio Urtubey), las marcas del surrealismo y el creacionismo, las generaciones de 50 y el 60, la presencia de la copla. Se incluye un extenso capítulo con una breve historia de Santiago del Estero; unas páginas dedicadas al quichua santiagueño y un vocabulario, escritas por Domingo Bravo; las biografías de los poetas, realizadas por Ricardo Taralli y Yesmín Nassif de Barrientos, así como reproducciones de obras de plásticos santiagueños.

Editada con el apoyo del gobierno de Santiago del Estero, esta obra de más de 600 páginas constituye un valioso aporte a la literatura argentina y refleja el amor del autor por su tierra, así como su generosidad para rescatar el canto de sus poetas, porque no es fácil encontrar a alguien que se ocupe de hacer trascender la producción de sus colegas, saltando la tapia del narcisismo y del corralito propio. “La tierra es nuestra carne, como la poesía y su destino. La poesía es flor de nuestra vida y la flor precede al fruto. Se dice que los futuros analfabetos serán quienes no sepan computación. Afirmamos que los analfabetos serán quienes no comprendan la poesía del futuro”, dice Alfonso Nassif.

© LA GACETA

Roberto Espinosa

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