Entrevista a Hernán Fontanet

A dos años de la muerte de Juan Gelman, uno de los más grandes poetas de habla hispana, Hernán Fontanet habló con LA GACETA Literaria sobre su libro de reciente aparición dedicado a recorrer la vida del último argentino que ganó el Cervantes, el galardón literario más relevante de la lengua castellana.

17 Ene 2016
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HUELLAS DE VIDA. El valioso poemario de Juan Gelman, fallecido a los 83 años, se desmenuza en una obra de Hernán Fontanet.

El 14 de enero de 2014 fallecía el poeta Juan Gelman, uno de los máximos exponentes de la literatura argentina. También periodista, fue incansable luchador por descubrir la verdad sobre sus hijos desaparecidos durante la dictadura, a la que enfrentó drásticamente. Después tuvo que exiliarse. Su postura le permitió también encontrar a su nieta. De esto habla en la siguiente entrevista Hernán Fontanet, autor de un gran libro de reciente aparición: Gelman. Un poeta y su vida (Aguilar), en el que repasa tanto su perfil literario como personal, ambos claramente ensamblados. También dedica un gran capítulo a lo que rodeó a su fallecimiento. De lectura apacible, el trabajo se convierte en una biografía impecable.

-¿Cómo era el Gelman que conociste inicialmente y cómo terminó siendo tras escribir este libro?

-Gracias a las buenas artes de Mempo Giardinelli, quien me facilitó el contacto con Gelman, pude preguntarle varias cuestiones que no me quedaban claras respecto de alguna de sus estrategias literarias. Con el correr del tiempo confirmé cosas de mucho interés para desentrañar su mundo literario. Juan era una persona generosa, reflexiva, un porteño universal, muy valiente. Había pasado muchas: un largo exilio de 13 años, tres condenas a muerte, por citarte sólo algunas cuestiones a las que tuvo que ir haciendo frente. Su literatura representa a toda una generación que “escribió a carne y fuego” la historia colectiva de la Argentina del último lustro. Su trabajo lo sobrevivirá con la dignidad que se merece. Tras escribir el libro su obra resuena en mi cabeza con otra intensidad. Para mí, Gelman es una figura muy importante, es un ejemplo de lucha y constancia, creatividad y capacidad de aceptación.

-Señalás que de un amor no correspondido y de ser hincha de Atlanta le quedó la tristeza “para toda la vida”. ¿Era una persona triste?

-Gelman era una persona muy querible, amable, divertida e interesante. Pero en la soledad, frente al papel en blanco, cuando sus fantasmas se despertaban de las noches más oscuras, afloraban sus miedos, y una tristeza eterna, ancestral, que venía de sus abuelos rabinos, de sus padres ucranianos, de sus hijos secuestrados, de su nieta robada, de tanto dolor y muerte, de tantos compañeros y amigos.

-¿Qué libros suyos recomendás para acercarse a él o conocerlo? ¿Hay un método de lectura para abordarlo?

-Escribió más de 40 libros. Algunos son muy técnicos, otros más amorosos. A mí me gustan los últimos, porque allí se ve a un Gelman más suelto. Un Gelman ya libre de mandatos literarios y ataduras varias. Más allá de las escuelas de lecturas y teorías literarias, en su última etapa escribe una obra en directa relación con las cuestiones más importantes de la trascendencia humana, como son la muerte, la nada y el sinsentido. Para llegar a Gelman yo he tenido que hacer algunas piruetas: irme del país, inmiscuirme en asuntos de política, leer a las vanguardias literarias y estudiar su obra durante años. No hay un método. Cada uno tiene que realizar su acercamiento de la manera que mejor crea conveniente.

-Si alguien que no lo conoce te preguntara quién es Gelman, ¿qué contestarías?

-Un poeta, un militante de la vida, un rebelde amoroso, un porteño universal, un hombre que se ha equivocado mucho, que ha reconocido y aprendido de sus errores. Una persona lúcida que nos ha legado a lo largo de su camino una inmensidad de imágenes e ideas maravillosas. En el plano personal ha logrado lo más difícil: ser feliz después de tanto dolor y tragedia.

-¿Qué son el miedo y la valentía para él?

-Son grandes motores de su obra y de su vida. Para afrontar todas las cuestiones que ha tenido que afrontar hay que ser muy valiente. Y para ser muy valiente hay que saber lo que es el miedo también, sino, uno es un inconsciente. Cuando se toman decisiones de riesgo, se conocen las consecuencias, se las teme, pero se entiende que el miedo hay que superarlo y el riesgo tomarlo si la causa es justa.

-“No hay consuelo ante aquello que no ha de llegar, sólo queda la aceptación”, lo citás. ¿Podrías ampliar un concepto personal al respecto?

-Después de tanta muerte y dolor y afectos que no están, que son irrecuperables porque fueron arrancados de la vida para siempre, no queda más remedio que la aceptación. No hay otra cosa que hacer. Los muertos no vuelven. Solo resta aceptar la tragedia y como dicen los norteamericanos, “move on”, seguir adelante.

-También referís a la importancia de la palabra “intemperie”. ¿Cómo relacionás esa palabra con Gelman?

-De muchas maneras. Gelman, cuando rompe con Montoneros, se queda sin aparato alguno que pueda facilitarle las cosas en la soledad de Europa. Se queda a la intemperie, sin sostén, en soledad. Por otro lado, la poesía es una experiencia que lleva a sitios a veces muy crudos y crueles. En ocasiones uno se halla solo en medio de universos intempestivos, y debe enfrentar al monstruo de la duda y la ignorancia. El único paisaje que se reconoce es el de la intemperie. Venimos al mundo solos, y solos nos iremos de él. La “intemperie” es una realidad existencial inherente al Hombre.

-¿Se sentía más cómodo en tanto periodista o poeta?

-Definitivamente como poeta. Su obra periodística está muy ligada a su militancia política. Es su lado terrenal, su cable a tierra. Su obra poética se vincula con algo mucho más trascendente, con los misterios de la vida.

-Si se vuelve más místico durante el exilio, ¿qué le queda de aquello cuando ya puede regresar a la Argentina y sin embargo se radica en México?

-Se va a México por amor a Mara, su segunda esposa, y para no sentirse un extranjero en su propio país, que ya no era el que conoció tan bien. Sino un país que había sido asolado por el terror y la muerte. Prefirió sentirse un extranjero en México, por la simple razón de que allí, efectivamente, sí era un extranjero. Sentirse extranjero en su propio país, después de dar la vida por él, como lo hicieron “Paco” (Urondo) y ¨Rodolfo” (Walsh), era demasiado cruel.

-¿Cómo era Gelman en sus últimos años?

-Muy feliz. Enamorado de Mara, con un montón de amigos entrañables, con su familia ya crecida, respetado profesionalmente en la academia, con las editoriales a su disposición, con un montón de deudas saldadas: con su país, con su pasado, con su obra y con sus muertos. Yo creo que sus últimos años fueron de los mejores que le tocó vivir. Vivió reconocido por todo lo que sufrió, luchó y escribió.

-¿Qué sentís que aportás con tu libro respecto de la obra de Gelman?

-Una visión global. El retrato de un poeta y un hombre. Creo que el libro aporta líneas de lectura que pueden interesar a algunos. Traté de hacer algo accesible a todo público y alejado de todo academicismo o lectura predeterminada. Me dejé llevar por su obra y eso es lo que traté de transmitir. Cualquiera puede leer a Gelman y empezar a cruzar hipótesis de lectura.

-En el final dedicás un capítulo a sus últimos días. Para mí fue muy emotivo leerlo. ¿Te ocurrió algo en especial al contar aquello?

-Como vos decís, el tono de ese capítulo es distinto. Me involucro más personalmente. Me salgo ya de la mirada de ensayista y me duele su muerte. Después de tanto tiempo siguiendo sus pasos uno aprende a querer y respetar una vida tan jugada y valiosa.

-¿El Gelman consciente de su muerte era alegre o triste? Te lo pregunto en cuanto al clima festivo con que se vivió su ceremonia de despedida.

-Yo creo, como dije, que sus últimos años los vivió en total plenitud. Su obra tenía un reconocimiento mundial, estaba tranquilo con su vida vivida. Había podido poner punto final a cuestiones muy importantes como el “robo” de su nieta Macarena, el esclarecimiento de la muerte de su hijo. Había incluso podido oír la condena a los captores de Marcelo Ariel. En el plano político pudo, finalmente, encontrarse con una Argentina que comenzaba a transitar un camino similar a aquel que la generación perdida de los años 70 había soñado algún día recorrer.

Alejandro Duchini

© LA GACETA

PERFIL

Hernán Fontanet es argentino pero vive entre Madrid y Nueva York desde hace dos décadas. Es un estudioso de la literatura latinoamericana. Además de Gelman. Un poeta y su vida, publicó títulos sobre la obra de Paco Urondo, Leónidas Lamborghini, Santiago Sylvester y Humberto Costantini, entre otros. Sus trabajos se han publicado en distintos países de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

PERFIL

Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930 y murió en México, en 2014. Se desempeñó como jefe de redacción de la revista Panorama (1969), secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La Opinión (1971-1973), secretario de redacción de la revista Crisis (1973-1974) y jefe de redacción del diario Noticias (1974). Tuvo una importante militancia en grupos guerrilleros. Durante el Proceso vivió en el exilio, trabajando como traductor de la Unesco. Su hijo y su nuera desaparecieron junto a su nieta, nacida en cautiverio. Gelman volvió al país luego de trece años de ausencia, pero finalmente se radicó en México. Publicó más de 40 libros. En 2007 ganó el Premio Cervantes. Fue uno de los cuatro argentinos que obtuvo ese galardón, junto a Borges, Sabato y Bioy Casares.

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