Luces y sombras de la encíclica papal sobre el medio ambiente

El documento critica aspectos claramente negativos del capitalismo, pero es más indulgente con los modelos alternativos y desestima una cuestión ecológicamente crítica, como la tasa de reproducción

28 Jun 2015 8 27
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bellona.org

Por Ricardo Grau - Para LA GACETA - Tucumán

Reducir y eficientizar el consumo es imperioso. El documento papal destaca, con tino, que consumo no es sinónimo de felicidad o vida plena. Lo hace desde una visión franciscana del hombre como parte de la naturaleza, alejada del “antropocentrismo despótico” de otras interpretaciones bíblicas. Si este documento sirve para que usemos más transporte público, menos plástico y calefacción, y comamos menos carne, habrá hecho un aporte valioso. Piense cuánto ahorraría en juguetes inútiles, baterías, sobrepeso, malestar estomacal, estrés y basura si la cristiana navidad fuera un evento austero.

El diagnóstico se concentra en elementos del capitalismo que son claramente negativos: el consumismo conspicuo y compulsivo, la estética de la ostentación, la “creación” de necesidades insatisfechas e insustanciales. Es comparativamente indulgente con modelos no capitalistas que pueden no ser mejores. Olvida que las mayores catástrofes ecológicas incluyen las desatadas por el colectivismo soviético: la hambruna de Ucrania, la destrucción del mar de Aral, la explosión de Chernobyl. La ineficiencia estatista frecuentemente se traduce en alta contaminación. Desde el discurso anticapitalista se puede, por ejemplo, subsidiar el consumo de combustibles fósiles (principal causa del calentamiento climático) alivianando demagógicamente las boletas del gas o electricidad.

El factor poblacional

Si usted consume moderadamente y tiene cinco hijos moderados, en el mediano plazo, tendrá un impacto ambiental alto. Altísimo, si sus hijos perpetúan esa tasa de fertilidad y sus 25 nietos ambicionan manejar un auto, vivir hasta los 80, comer cuatro veces al día, usar aire acondicionado, volar a vacaciones playeras, engendrar 125 bisnietos. Si, por el contrario, usted es un consumidor desaforado sin descendencia, su huella ecológica será efímera. La encíclica desestima el problema poblacional, quizás, por ser algo menos alarmante que unas décadas atrás. La población global podría estabilizarse hacia finales del siglo en 8.000 millones o en 12.000 millones de habitantes. La diferencia entre estos dos escenarios posibles es equivalente a seis veces la población actual de América Latina. Qué trayectoria demográfica sigamos, y su consecuente impacto ambiental, depende fundamentalmente del comportamiento reproductivo de los sectores más pobres del planeta. Una visión retrospectiva y autocrítica del problema demográfico hubiera sido muy enriquecedora para abordar el problema del consumo. A pesar del cristianismo, el crecimiento poblacional se desacelera, en parte, porque el comunismo chino impuso políticas coercitivas de planificación familiar; pero principalmente porque el capitalismo occidental promovió niveles de educación y bienestar material que resultan en baja fertilidad voluntaria. Esa “transición demográfica” fue asistida por la ciencia que, desprovista de prejuicios religiosos, exploró los detalles de la biología reproductiva y desató la industria de los dispositivos intrauterinos, la vasectomía y el látex.

El desarrollo de tecnologías limpias (sin las cuales la reducción del consumo poco podrá hacer contra el deterioro ambiental) requiere liberalismo intelectual y pujanza económica. Los antecedentes del cristianismo respecto del primero son pobres; el tono culpabilizador contra el “paradigma eficientista de la tecnocracia” no se condice con la declamación de humildad. Se indica, por ejemplo, que “…la actual economía globalizada, tiende a homogeneizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural... La desaparición de una cultura puede ser más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal”. Pasa inadvertido que una de las empresas de globalización cultural más eficaces de la historia humana tiene su CEO en Roma.

© LA GACETA

Ricardo Grau - Profesor Titular de Ecología de la UNT, investigador del Conicet.

8 Comentarios

Comentarios 8

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Jorge_Carrizo #8 03 Jul 2015 12:57 Hs

#6 Excelentemente explicado. El control poblacional es eugenesia. Hace tiempo contaminan los alimentos y el agua de los países subdesarrollados, siembran enfermedades en Africa, y un largo etcétera. Los que gobiernan el mundo tienen muy claro el concepto Malthusiano y del darwinismo social. Ellos realmente creen que son la raza superior y que el resto debe ser eliminado de la forma más discreta posible.

Chancho Peludo #7 02 Jul 2015 09:18 Hs

#6 Totalmente de acuerdo, no se que le pasó al señor Grau, que puede ser muy investigador del CONICET pero se olvida que el sistema capitalista es el que gobierna más del 90% del planeta. Tizona no lo puedes haber explicado mejor. ¡Quiero ver la muestra!

Tizona #6 01 Jul 2015 22:25 Hs

El señor Ricardo Grau, Profesor Titular de Ecología de la UNT, investigador del Conicet; se sube en un tren que los países desarrollados manejan: me gustaría que calcule cuantos Km 2 de superficie de la tierra ocupan 8.000.000.000 todas juntitas ocupando un metro cuadrado por persona!!! Se sorprendería!!! Evidentemente el mundo desarrollado no quiere llenarse de Latinos, sudacas y africanos; para ello inventaron el control poblacional El problema, a todas luces es la distribución equitativa de la riqueza

Rodac Ziluben #5 30 Jun 2015 09:29 Hs

Separemos cristianismo y las modas de estupidolandia que son totalmente opuestas. Son lo contrario, hay que saber que estupidolandia financia el mal y le saca ganancia, aún una enfermedad es un recurso para el. El cristianismo es un plan y mapa para el éxito y la felicidad interminable que perfecciona al hombre, que a través de toda la historia humana nunca se ha dado por vencido, estupidolandia ha caído muchas veces, el plan de Dios nunca ha sido vencido.

Ramita Ortiga #4 29 Jun 2015 09:23 Hs

#2 las incongruencias del catolicismo convirtieron a la navidad en una fiesta del consumismo porque los curas católicos dicen una cosa y hacen otra je je

Ramita Ortiga #3 29 Jun 2015 09:21 Hs

#1 en realidad la empresa de globlización cultural primera es el cristianismo la iglesia católica es una de sus ramas je je

Francisco_Vergalito #2 28 Jun 2015 02:53 Hs

Creo que lo peor de este pésimo artículo es que el autor critica a la Navidad por fomentar el consumismo. ¿Alguna vez fue el profesor Grau a una misa del gallo? Los curas se la pasan diciendo que no hay que regalar nada porque el mayor regalo es dejar que Cristo nazca en el corazón, que la Navidad se haya convertido en una fiesta consumista no es culpa del catolicismo. ¿Por qué no entiende algo tan obvio el profesor Grau? ¿Está siendo malicioso o sólo vive desconectado del mundo real?

Francisco_Vergalito #1 28 Jun 2015 02:49 Hs

El profesor Grau llama "empresas de globalización cultural" a la Iglesia Católica, buuuuaaah. (No digo lo que realmente pienso de semejante opinión porque seguro me censuran).