Lugar común, la palabra

A él le hubiese gustado saber que Tucumán ha sido el primer destino de la muestra, después de su inauguración en la sede de la Fundación TEM. Quienes la hayan recorrido tal vez hayan percibido aquella dualidad inesperada que se reparte entre su obra pública y retazos de su vida familiar.

12 Oct 2014
Soy el tercero de los siete hijos de Tomás Eloy, así que el destino me ubicó por las ramas del medio de su árbol genealógico. Y sin embargo, en el reparto de sus genes me tocaron casi todos los de su vocación. Comparto con mi padre la pasión por el periodismo y por la palabra como herramienta de trabajo. Quizás por esa misma razón, él me designó albacea de su obra y me pidió que luego de su muerte pusiera en marcha la Fundación que hoy lleva su nombre. Más allá de custodiar su obra y de preservar su biblioteca y sus archivos, me pidió sobre todo que continuara con lo mismo que él hacía en vida: estimular y apoyar a los jóvenes con talento que se dedican a la narrativa de ficción y no ficción. Lo hacemos a través de talleres con maestros del oficio y con otras actividades que, después de cuatro años de funcionamiento, han instalado a la Fundación TEM como un lugar de referencia que me llena de orgullo y que a él, estoy seguro, lo haría sentir feliz.

Cuando con mi hermano Gonzalo nos propusimos concebir la muestra “Lugar común, la palabra” como homenaje al 80° aniversario de su nacimiento, sabíamos que resumir en un puñado de imágenes y textos la trayectoria de un escritor y periodista tucumano que había alcanzado proyección internacional, iba a ser una empresa complicada.

Lo que no sospechábamos era que al momento de elegir las fotos, los objetos o los párrafos que pudieran aproximarse mejor a su vida y a sus ideas, las decisiones iban a mezclar la cabeza con el corazón. Estábamos armando una exposición sobre una personalidad destacada de la cultura que además, y sobre todo, era nuestro padre.

A él le hubiese gustado saber que Tucumán ha sido el primer destino de “Lugar común, la palabra”, después de su inauguración en la sede de la Fundación TEM en Buenos Aires. Quienes hayan recorrido la muestra tal vez hayan percibido aquella dualidad inesperada que se reparte entre su obra pública y retazos de su vida familiar. Ojalá así sea: por más cabeza que se le ponga, nada puede transmitir tanta intensidad como la que sale del corazón.

© LA GACETA

Ezequiel Martínez - Editor general

adjunto de la Revista Ñ. Presidente

de la Fundación Tomás Eloy Martínez.

Temas

Buenos Aires
Comentarios