"Más que ganada o perdida, fue una década en la que se desaprovecharon oportunidades"

Según el presidente de Shell Argentina, no hay posibilidades de continuar con medidas como la de los topes máximos para las naftas. El país que se viene.

17 Nov 2013
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EN LA GACETA. Juan José Aranguren dijo que en la Argentina hace falta diálogo; hablar claro y de frente. LA GACETA / JFOTOS DE OSCAR FERRONATO

Cuenta la historia que el protagonista de esta entrevista "osó" negarle el número de su celular al secretario del supersecretario kirchnerista. Y que, por esa razón, nunca recibió esas llamadas que son un mito urbano kirchneristas, en la que -del otro lado del teléfono- el funcionario en cuestión suele sugerirle acciones a los CEO de grandes empresas radicadas en la Argentina. El hombre en cuestión es Juan José Aranguren, el presidente de Shell Argentina que ha cargado durante gran parte de la década kirchnerista más de medio centenar de pedidos de prisión y de boicot contra los productos de la petrolera de capitales anglo-holandeses. "Nunca me llamó; siempre dije que me iban a encontrar en la compañía. Se ve que no consiguió el número. Y si lo tuvo, fue discreto", recuerda Aranguren sobre le accionar del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, el encargado de los cepos, las trabas y los controles. Aranguren vino a Tucumán, en el marco del primer año de la Fundación Federalismo y Libertad. Lo hizo en carácter de invitado de honor, una semana después de haber sido elegido -por 200 ejecutivos, empresarios y economistas del país- como el CEO de 2013, instituido por "El Cronista", Revista Apertura y la consultora PWC. Y le dio la siguiente entrevista a LA GACETA.

- ¿Cómo ha logrado resistir tantos embates del Gobierno y, por sobre todo, decir lo que piensa respecto de los intereses de la compañía que preside?

- Yo llegué a la presidencia de Shell Argentina cinco meses antes de la asunción del ex presidente Néstor Kirchner. Y lo que intentamos, en todo momento, fue tratar de marcar el rumbo de lo que se debe hacer para el desarrollo energético. En el interin, en algún momento hubo problemas con la gestión Kirchner, pero siempre nuestra intención fue indicar puntos de vistas para el desarrollo del sector.

- Siempre se dijo que, si subía la nafta, también se incrementaban los otros precios...

- Es una idea un tanto equivocada. Las naftas no son específicamente el combustible que mueve la economía. Sí el gasoil. Pero más allá de eso, vemos que en los últimos meses los precios, si bien no están congelados, están regulados por valores máximos, a partir de resoluciones que son ilegales porque los productos siguen subiendo. Creo que, a veces, aquello es una excusa, porque la realidad es que la energía atraviesa a todos los sectores de la economía; son costos para todos. Ahora, sin no se paga un precio justo por esa energía, se llega a un momento en que se mandan dos señales al mercado: a la demanda le dicen que consuman porque el precio está bajo y a la oferta que este es un momento para invertir, pero la rentabilidad no es la adecuada. No hay oferta y aumenta la demanda y llegamos a una situación en la que no tenemos energía. Hoy debemos importar el 20% de la energía que requiere el país. Estamos pagando precios más altos y no tenemos un escenario futuro de hidrocarburos en la Argentina que nos permita un desarrollo sostenible.

- Pero el acuerdo que establece los topes máximos para la nafta está a punto de vencer...

- No es un acuerdo; es una decisión del secretario de Comercio, con la resolución 35 del 9 de abril que duró hasta el 10 de octubre y que fue extendida ahora hasta el 25 de este mes. No se congelan, ni siquiera se conocen cuáles son los precios máximos y tampoco hay certezas acerca de si fueron respetados o no. Es una realidad difícil de respetar y más difícil de cumplir. - ¿Y después qué? - No hay más lugar para continuar con una medida que, a todas luces, es ilegítima (por la resolución 35). Nosotros hicimos reclamos ante la justicia, vía amparos, que todavía no se ha decidido y esperamos que, si hay otras medidas similares, sean verificadas si está conforme a derecho, o no. La normativa vigente es clara. Por sí, Moreno no puede tomar medidas porque la Ley de Abastecimiento debe ser aplicada por una comisión que también integran el secretario de Políticas Económicas, Axel Kicillof, y el de Energía, Daniel Cameron. Esas cosas pasan en Argentina.

- ¿Cómo se sobrevive con tantos choques con el Gobierno?

- Este ciclo (la década kirchnerista) es parte de los 100 años que llevamos dentro del país. Más importante es evaluar lo que sucederá hacia adelante. En este sentido, sigo siendo optimista. Creo que hemos llegado a una situación en la que debe producirse un giro de 180 grados en la forma de administrar la energía en el país. Estamos invirtiendo en explotación de recursos no convencionales, que es una posibilidad para poder revertir la declinación de la producción de petróleo y gas en la Argentina. Tenemos la oportunidad de transformar nuestro potencial en una realidad, pero depende de todos: empresarios y funcionarios. Debemos lograr que el país sea atractivo para las inversiones.

- Hay un debate acerca de cómo fue la década kirchnerista, ¿cree que fue una ganada o perdida?

- Más que ganada o perdida, creo que fue una década en la que desaprovechamos oportunidades. Alguien, tal vez, la puede ver como ganada porque le trajo algún tipo de beneficios; al fomentar el consumo se pudo haber distribuido el ingreso. Pero cuando uno ve el mundo, con precios del primer commodity que pasó de U$S 170 a casi U$S 500 la tonelada de soja, cuando uno ve que hay liquidez impresionante en el mundo y tasas de interés bajas, me digo que hemos desaprovechado una oportunidad con el potencial que tenemos. El problema no es saber si estamos mejor, sino si estamos mejor de lo que podríamos haber estado mejor. En función de eso, digo que desaprovechamos varias oportunidades y el estado actual del sector energético es un claro indicativo de ello. Tenemos un período de tres o cuatro años por delante para una nueva oportunidad con el fin de desarrollar la riqueza no convencional. Y esa sí que no debemos perderla.

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