La condena a perpetua ahogó las palabras de Lai

La imputada fue hallada culpable de homicidio agravado por el vínculo, al haber asesinado a su esposo, Eduardo Salas, en julio de 2007. La mujer permaneció impávida mientras la fiscala dio su alegato, en el que sostuvo que el asesinato fue planificado por ella. Piccinetti, aún prófugo, también fue protagonista.

24 Mar 2011
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CON SU FAMILIA. Lai despidió a sus hijos que, desconsolados, la vieron partir del tribunal con las manos esposadas. LA GACETA / FOTOS DE ANALIA JARAMILLO

Congelar el calor que sofocaba la madrugada parecía imposible. Pero cuando decidió romper el silencio, la sala mayor del Palacio de Tribunales se convirtió en un freezer. La temblorosa voz de Silvia Raquel Lai se esparció por el recinto a través de los altoparlantes. "Señores jueces, yo estoy acá porque creo en la Justicia y quiero Justicia. Desde el día 15 de julio de 2007 he sufrido, junto con mis hijos, la peor pérdida: la de mi marido, la persona a la que he amado desde los 13 años", susurró. No obstante, los jueces no se conmovieron. Ayer, la coimputada por el crimen del agricultor tranqueño Eduardo José Salas fue sentenciada a prisión perpetua y deberá cumplir una larga condena tras las rejas.

El rostro de Lai permaneció interpérrito luego de escuchar el veredicto de boca de la doctora María del Pilar Prieto, presidenta del tribunal, que está conformado además por los vocales Horacio Lázaro Villalba y Marta Cavallotti. Antes de recibir la pena, la acusada tomó la palabra durante un minuto. "Muchos se preguntan por qué no he hablado hasta este momento y yo quiero que conozcan mis sentimientos. Durante todo este tiempo me he sometido al proceso porque soy inocente y quiero Justicia, como también lo han pedido mis hijos. Quiero saber quién mató a ?Pepe?", dijo. Pero la incertidumbre que ella decía tener desapareció una vez transcurrido el segundo cuarto intermedio, cuando los vocales la encontraron culpable de homicidio agravado por el vínculo.

Previo a los alegatos, Manuel Pedernera, abogado defensor de Lai, había solicitado la invalidez del juicio. A su entender, durante el proceso no se respetaron las condiciones legales de suspensión de las audiencias y los requisitos de oralidad. El tribunal rechazó el planteo del letrado y prosiguió con la causa.

Le envió 79 SMS

La fiscala de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, fue tajante con su alegato. "El señor Salas es atacado con un elemento contundente que lo lleva a la muerte. Se le imputa a la señora Lai haber sido partícipe necesaria de este hecho que determina la muerte de su esposo por haber tenido confidencia con la persona que llevó a cabo este hecho", explicó. Así, la fiscala defendió la hipótesis que siguió la fiscala de Instrucción Adriana Giannoni. Según esta versión, la viuda y Luis Rafael Piccinetti, prófugo desde hace un mes y coimputado de haber sido el autor material del hecho, eran amantes. De acuerdo al expediente, Salas descubrió la infidelidad de su esposa y discutió con Piccinetti dos días antes de que los acusados lo ultimaran en su domicilio en Trancas, el 15 de julio de 2007.

En su declaración, Lai contó que la noche del crimen escuchó fuertes ruidos en la casa pero que se asustó y no quiso ir a ver qué pasaba. "Ella dijo que primero lo llamó a su hermano cuando escuchó los ruidos (...) Si vemos el informe de la compañía celular, encontramos en ese período que la señora (Lai) conoce a esta persona (Piccinetti) y comienza su relación con ella; en el plazo de un mes ella lo llamó todos los días por teléfono. El 14 de julio, un día antes de que ocurra esto, la señora le mandó 79 mensajes sólo a él, y no a otra persona", reveló Jerez de Rivadeneira.

El semblante inexpresivo de la imputada empezó a mutar ante estos datos. Mientras la fiscala alegaba, se puso pálida. "El primero de esos mensajes fue a las 7.22. Los dos últimos mensajes que manda a su cómplice fueron a las 4.20 y a las 4.29 (del 15 de julio). Pero he aquí que a las 4.27 ella lo llama por teléfono a su hermano y le dice ?vení que algo grave pasa?. Acababa de hablar con la otra persona (Piccinetti) hacía unos cuatro minutos", continuó la fiscala. Según la pesquisa, el deceso del agricultor ocurrió entre las 3.30 y las 4, luego de recibir múltiples golpes en la cabeza con una mancuerna.

A esta altura de la jornada, las sospechas se transformaban en certezas. "A las 4.35 vuelve a llamar a su hermano para decirle que suba con la Policía. El círculo cierra totalmente. Es decir, la razón de estos mensajes eran para mantenerlo al tanto (al amante) de todos y cada uno de los movimientos de la víctima y el núcleo familiar. Le informaba cuándo estaba comiendo, cuándo estaba por dormir o cuándo se iba a una reunión. Lo tenía al tanto de cada uno de los movimientos de la víctima para analizar cuál era el momento exacto de dar un golpe certero y llevar a cabo el propósito planeado", disparó la letrada.

La atención del público estaba centrada en el relato. Los hijos de la condenada derramaban lágrimas. Jerez de Rivadeneira también incriminó a Lai con el testimonio de dos testigos que afirmaron haberla visto junto a otro hombre en un negocio deportivo comprando elementos para un gimnasio y en un colectivo. "(Lai) sabía que se había cumplido su objetivo por eso no bajó (según su declaración, ella dormía en el dormitorio de uno de sus hijos, ubicado en la planta alta de su casa). Tiene responsabilidad como partícipe necesaria; si bien no fue la ejecutora del hecho, fue quien planificó todo. Sin su colaboración esa persona (Piccinetti) no habría llevado a cabo su macabro cometido", dijo, y solicitó que se imponga a Lai la pena de prisión perpetua y que se revoque el cese de prisión preventiva que se le había concedido.

"Lenguaraz ausente"

El alegato de Pedernera, pidiendo la absolución de su defendida, también fue duro. Los allegados de la viuda se limitaron a cruzar los dedos. El letrado aseveró que a él no le asusta que le manden 79 mensajes en un día, recalcó que hubo mucho esfuerzo, pero pocas pruebas en la investigación, y que a lo largo del debate nunca se dijo cómo participó su cliente en el asesinato. "Los hijos están preocupados por saber quién mató a su padre y qué pasará con su madre", insistió. Y se refirió al evadido como "un lenguaraz hoy ausente, con un modo de ser pedante y de un rufianismo encubierto".

Después de un receso de 30 minutos, el tribunal impuso el castigo. "A la prensa la vengo siguiendo constantemente, dice ?la viuda de Salas?; no sé si es en forma irónica, pero yo les digo que estoy orgullosa de ser la viuda de Salas, y hasta la muerte voy a ser la viuda de Salas". Esas fueron las últimas palabras de Lai, antes del veredicto. Luego salió de la sala, abrazó a sus hijos y los uniformados la trasladaron a la cárcel. Caminaba con las manos esposadas.

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