Falleció el escritor y sociólogo Rodolfo Fogwill, a los 70 años

El autor de "Muchacha punk" padecía una grave infección pulmonar

22 Ago 2010
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ESTILO PARTICULAR. Fogwill también trabajó en publicidad.

BUENOS AIRES.- A los 70 años, falleció en la mañana de ayer el escritor y sociólogo Rodolfo Fogwill, quien estaba internado desde hace varios días por una grave infección pulmonar, fruto de su adicción al cigarrillo, según informaron varios medios de prensa porteños.

Autor de novelas como "Los Pichiciegos" y "Una pálida historia de amor ", además de libros de cuentos y poesía, Fogwill trabajó también como directivo de publicidad y marketing. En 1980, por su cuento "Muchacha punk" obtuvo un importante premio que le permitió renunciar a su trabajo y dedicarse a la escritura. Recibió la beca Guggenheim, en 2003, y el Premio Nacional de Literatura, al año siguiente.

En los últimos tiempos, escribía columnas de opinión para el diario Perfil. Era padre de Andy Fogwill, uno de los directores publicitarios más premiados del mundo, y de la actriz Vera Fogwill, conocida por sus papeles en cine y televisión.

Textos suyos integran diversas antologías publicadas en Cuba, México, España y Estados Unidos. Según la crítica, "Fogwill es dueño de un estilo que se maneja con igual soltura en la ternura y en la ferocidad y que no tiene quién le gane en su capacidad de intimidar, irritar, seducir, imponer respeto". De él se ha dicho además que es uno de los narradores más originales de América Latina. "Es un escritor violento y nato que debería ocupar el tan disputado lugar que dejó vacante Roberto Arlt" , aseguró Héctor Libertella.

Un simple nombre

Rodolfo Enrique Fogwill es conocido como Fogwill y así firma sus libros, a secas ("como Sócrates, Platón, Aristóteles, entendés", dijo en una oportunidad). Además de ser sociólogo, fue publicitario y autor de eslóganes y campañas publicitarias como "Suaves pero con sabor, el equilibro justo" para los recordados cigarrillos Jockey. De esa experiencia dijo: "por veinte años fui consultor de una tabacalera y pude librarme -en orden- primero del cine, después del dinero, del alcohol, de la marihuana y finalmente de la cocaína, pero aún sigo dependiendo de la estúpida nicotina".

Uno de los temas que abordó recurrentemente en sus novelas es el del amor. "No sé qué es el amor, pero sé que si hay algo que te puede salvar es el amor. Creo que tiene que ver con el amor propio, una cuestión neurofisiológica que te produce una sensación de totalidad; nada lo puede remplazar. Inmediatamente después de salir por la televisión y tener éxito los cinco minutos de gloria de todos en la sociedad democrática, te das cuenta de que no existió, que fue sólo una puesta en escena y que está terriblemente desarticulado... El amor, en cambio, produce un bienestar casi neurológico", comentó en una entrevista.

En sus textos tampoco evitó la crítica a la cultura. "En la etapa de la transición democrática en la Argentina escribí durante dos años más de 250 columnas sobre política cultural. Me sentí muy frustrado porque era el centro de la prensa, me copiaban fatal y sin entenderme, y dejé de pensar en ese tema. Pasados veinte años vuelvo a pensar en ello y no tengo ninguna idea nueva, porque nada cambió: aquellas ideas siguen vigentes", argumentó.

Su muerte dejó al mundo de la cultura huerfana de un intelectual que no hace concesiones y que defiende hasta el final sus convicciones. (Especial)

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