Cafiero aseveró que durante el peronismo la represión fue legal
El concepto de aniquilar la subversión estaba limitado por la Constitución, dijo el justicialista. El ex senador justicialista descalificó a las cúpulas de los grupos guerrilleros. "No había ninguna justificación para el golpe de Estado".
16 Junio 2010 Seguir en 
"El objetivo del Gobierno de María Estela Martínez de Perón fue detener la acción de la guerrilla mediante las Fuerzas Armadas, combatirlas dentro de la Constitución y de la Ley. Nunca se utilizó ni se pensó en autorizar procedimientos fuera de las normas", aseveró ayer Antonio Cafiero en el proceso por el funcionamiento de un centro clandestino de detención de la ex Jefatura de Policía.
El testimonio del ex senador del PJ ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF) giró sobre los alcances de las instrucciones de represión en el Gobierno peronista de 1975, con respuestas directas de Luciano Benjamín Menéndez (ver "Cruces..."). Siempre insistió en el respeto a las disposiciones vigentes y en los límites fijados al accionar represivo.
El ex gobernador bonaerense recordó que el clima en esa época era muy agitado, con muertes, heridos y atentados que afectaron la paz pública y preocuparon hondamente al Gobierno. Aseguró que el objetivo político de los insurgentes era derribar a la Presidenta e instalar un nuevo tipo de República, orientados por las corrientes más extremas de la ideología: "al principio mostraron un poder insospechado para dañar pero sin poder para gobernar; sus medios eran violentos, habían estudiando el accionar de la guerrilla en América Latina, organizando grupos en Cuba y superando a las policías".
Cafiero aclaró varias veces que, si bien formalmente integraba el Consejo de Seguridad de la Nación, no participó de ninguna reunión y que se desempeñaba como ministro de Economía.
"La misión militar estaba clara en el decreto en el cual se les encomienda aniquilar el accionar de la subversión; no se habla de eliminar al subversivo, sino que es una expresión castrense que quiere decir desarmar al enemigo, no exterminarlo. Implica dejarlo inerme para que no pueda seguir actuando. De ninguna manera había carta blanca para violar derechos", aseveró.
Remarcó que el objetivo se fue cumpliendo en forma paulatina gracias al respaldo popular al Gobierno peronista. "No se justificaba el accionar de grupos armados contra quienes habían sido elegidos libremente. Peligraba la seguridad de la Nación", puntualizó.
"Huyeron como ratas"
El veterano peronista fustigó la prédica guerrillera: "no calaban en la gente ni tenían apoyo; los jóvenes tenían gran capacidad de combate pero no experiencia y fueron perdiendo su ánimo a medida que sus líderes mostraron que no tenían coraje ya que huyeron como ratas mientras sus conducidos eran abatidos o detenidos". Negó que la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) fuera creada o respaldada desde el Gobierno y señaló que duró hasta 1979 o 1980.
"No había ninguna justificación para el golpe de Estado del 76, salvo el miedo que los militares le tenían a la guerrilla. Eligieron acabarla de cualquier manera y forma, aún violando la ley y con técnicas de exterminio del rival. Querían impunidad para que nadie se atreviese a criticarlos o a denunciarlos porque funcionaba la Justicia, el parlamento y la prensa independiente", concluyó, en respuesta a una pregunta del juez Gabriel Casas.
El testimonio del ex senador del PJ ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF) giró sobre los alcances de las instrucciones de represión en el Gobierno peronista de 1975, con respuestas directas de Luciano Benjamín Menéndez (ver "Cruces..."). Siempre insistió en el respeto a las disposiciones vigentes y en los límites fijados al accionar represivo.
El ex gobernador bonaerense recordó que el clima en esa época era muy agitado, con muertes, heridos y atentados que afectaron la paz pública y preocuparon hondamente al Gobierno. Aseguró que el objetivo político de los insurgentes era derribar a la Presidenta e instalar un nuevo tipo de República, orientados por las corrientes más extremas de la ideología: "al principio mostraron un poder insospechado para dañar pero sin poder para gobernar; sus medios eran violentos, habían estudiando el accionar de la guerrilla en América Latina, organizando grupos en Cuba y superando a las policías".
Cafiero aclaró varias veces que, si bien formalmente integraba el Consejo de Seguridad de la Nación, no participó de ninguna reunión y que se desempeñaba como ministro de Economía.
"La misión militar estaba clara en el decreto en el cual se les encomienda aniquilar el accionar de la subversión; no se habla de eliminar al subversivo, sino que es una expresión castrense que quiere decir desarmar al enemigo, no exterminarlo. Implica dejarlo inerme para que no pueda seguir actuando. De ninguna manera había carta blanca para violar derechos", aseveró.
Remarcó que el objetivo se fue cumpliendo en forma paulatina gracias al respaldo popular al Gobierno peronista. "No se justificaba el accionar de grupos armados contra quienes habían sido elegidos libremente. Peligraba la seguridad de la Nación", puntualizó.
"Huyeron como ratas"
El veterano peronista fustigó la prédica guerrillera: "no calaban en la gente ni tenían apoyo; los jóvenes tenían gran capacidad de combate pero no experiencia y fueron perdiendo su ánimo a medida que sus líderes mostraron que no tenían coraje ya que huyeron como ratas mientras sus conducidos eran abatidos o detenidos". Negó que la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) fuera creada o respaldada desde el Gobierno y señaló que duró hasta 1979 o 1980.
"No había ninguna justificación para el golpe de Estado del 76, salvo el miedo que los militares le tenían a la guerrilla. Eligieron acabarla de cualquier manera y forma, aún violando la ley y con técnicas de exterminio del rival. Querían impunidad para que nadie se atreviese a criticarlos o a denunciarlos porque funcionaba la Justicia, el parlamento y la prensa independiente", concluyó, en respuesta a una pregunta del juez Gabriel Casas.
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