Somos la diversión de los demás

Muchos artistas, como otras personas, trabajan en las fiestas de Fin de Año y en la mayoría de los casos brindan lejos de sus seres queridos. "Uno se acostumbra a hacer la cuenta regresiva desde el escenario", sintetizó la cantante Betty Pláate. Algunos humoristas vivieron desconcertantes experiencias en celebraciones muy lejos de casa.

27 Dic 2009

Lo admite sin mucho pesar: "para mí, las fiestas son un evento laboral fuerte". Es que el actor y director Manuel Villarrubia Norri trabaja para que otros se diviertan y la pasen bien, desde un par de horas antes de la medianoche del 24 y del 31 de diciembre, hasta algunas después del brindis, cuando es Navidad o cuando ya empezó un nuevo año.
"Estoy acostumbrado a lo largo del año a vivir así: no existe primero de mayo, ni cumpleaños, porque mi trabajo lo requiere, y yo lo agradezco; tengo que hacer ese tipo de sacrificios, 'gajes del oficio' que le dicen. Por eso, los pocos momentos que me quedan libres se aprenden a vivir más intensamente: lo aprovechás más", reflexiona el actor.
Villarrubia Norri fue la estrella del 24 y del 31 el año pasado en la minera La Alumbrera. "Fue una experiencia inolvidable y todo un desafío, porque, por algunas horas, allá tenés que hacer que un grupo de trabajadores se olvide de esa fecha, en la que están lejos de sus familias. En la mina es un día de trabajo más", dice. Por supuesto, se vive una situación especial; por eso es que el artista cuenta que no se podían hacer chistes sobre "cuernos" ni nada de eso, y que la exigencia era que haya "mucha fiesta", con monólogos armados repartidos en bloques desde temprano, las 20.30, hasta no más de la una de la madrugada.

-¿Cómo fue el show?
- La coyuntura que debíamos enfrentar era la de crear un clima festivo y brindar a la vez con ellos sin que esta fecha pasara inadvertida, representando a La Alumbrera, para que recepcionen que la mina les da algo para distraerse en las duras jornadas de trabajo. La hora estaba cambiada: cuando allá eran las 23, aquí ya eran las 24, la hora del nuevo año; ni aún así equiparábamos a la hora de llegar con nuestras familias. El show empezó, y aquí comienza un capítulo particular, porque ni en la televisión con el minuto a minuto se vive como en este lugar el ritmo del espectáculo; detrás estaban los encargados, los gerentes, también de la contratista (porque éramos tercerizados), midiendo la euforia, esperando distraerlos en el 'minuto fatal', cuando llegaran las 23 de allá, para que no salieran del salón como estampida a las cabinas telefónicas a llamar a sus familias. Esto lo logramos parcialmente, porque es el único momento en que la mitad del auditorio se fue del comedor. Allí tuvimos que cambiar el repertorio: estrenamos un varieté minero con "Kristina, Iris la chacón, la Bomba,  Lía Crucet y el médico de la risa, hoy autoconvocados". A pedido de la gerencia, debimos recurrir a "Moria, Susana" para levantar con sus juegos y monólogos, porque ellas llevan alegría y glamour, y no se permiten el bajón, y hacer que vuelvan al salón. Finalmente todos terminamos bailando y la participación fue increíble después de la medianoche, cuando ya se habían relajado.

-En momentos como esos, ¿qué es lo que tiene más demanda?
- Ellos quieren el show de transformismo de las despedidas de solteros, "picadito y arriba", porque además la mayoría eran varones. La presencia femenina de sus compañeras no se hizo notar ya que no quisieron integrarse en la participación, pero sí observaban desde su lugar. En ningún momento hubo borrachos o cargosos porque no se servía alcohol. El transformismo tuvo excelente aceptación entre los mineros durante el show, y eso se notaba en cada ingreso al escenario. También, cuando al final pedían fotografías compartidas con los personajes, y los personajes brindaron con ellos y nosotros con los personajes, y así con los mineros.

- ¿Cómo fue el brindis?
-Ellos y nosotros compartimos el brindis. Y siempre hay una lagrimita que se pianta, contagiosa, pero ahí es donde uno debe recordar que estamos trabajando, y nos resguardamos en un personaje. Como ocurre en estas ocasiones, compartimos estos momentos con personas circunstanciales de nuestra vida, y nos conectamos. A la semana siguiente, y con un cuarto intermedio de siete días, subimos para celebrar el año nuevo. En idéntico procedimiento. Y como el teatro es tan maravilloso que nos da una nueva chance (no como la televisión), no repetimos los errores y aplicamos una secuencia certera para esa ocasión.

- ¿Se pagan bien las fiestas?
- Estas fiestas se cobran bien, porque si no, no es redituable, por las fechas y por la distancia. Y porque además cuando vas afuera tenés que equiparar a la cantidad de shows que hacés en tu lugar. Años anteriores me pasó vivir el fin de año en Catamarca y en Neuquén. En todas el intercambio es hermoso, porque la Navidad la viven como en "la casa" de uno; nos abren las puertas de su intimidad y renuevan su deseo en un brindis, como si nos conociéramos de toda la vida; porque ya estas ahí no te queda otra, ya hay que brindar y compartir. Imaginate con este raid, recordé a mi familia al amanecer, cuando arribamos a la ciudad muerto de cansancio, y noté los últimos estertores de las fiestas, en las calles y espacios públicos como plazas.

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