La aventura de romper el mito del "Malevo"

La historia del ex comisario Ferreyra suscitó curiosidad y despertó pasiones encontradas. La periodista porteña Sibila Camps da su versión del personaje, en "El sheriff".

08 Nov 2009

"Empecé a plantearme preguntas en forma sistemática a mediados de 1994, cuando el ex comisario inspector Mario Oscar Ferreyra comenzaba por fin a cumplir una pena, después de una espectacular fuga televisada en directo para todo el país", cuenta la periodista Sibila Camps, remontándose al momento en el que una información llegada de Tucumán la tentaba como para convertirla en historia.
Pasaron 15 años desde entonces, y el suicidio de Ferreyra, el 21 de noviembre de 2008, fue la señal de que había que concluir el libro en el que indaga en la biografía del hombre que en 1993 se fugó, luego de haber sido condenado a cadena perpetua, acusado por la muerte de tres delincuentes, en el paraje llamado Laguna de Robles, y que luego cumplió parcialmente su condena como "preso VIP" (es la opinión de Camps) hasta su suidicio.
 En "El Sheriff", que a mediados de este mes estará en todas las librerías del país, la periodista invita a una travesía por el Tucumán del siglo XX, el de la crónica socioeconómica del azúcar, el de la crónica política de los años 70, el de la crónica roja de las luchas entre bandos, el de la historia de un hombre polémico al que una parte de la sociedad tucumana pretende convertir en mito.

- ¿Cuál fue el disparador para querer investigar y contar esta historia?
- Esto empezó el día en el que Ferreyra se fugó, en diciembre de 1993. Más allá de que estábamos pendientes de la fuga, de que la estábamos siguiendo por televisión,  yo no podía entender cómo un policía, un ex comisario, un funcionario público, había tenido tantas denuncias, y recién ahora llegaba a juicio. También me preguntaba cómo era posible que pudiera tener semejante consenso alguien que tenía una triple condena por homicidio, agravado con alevosía, y comprobado. Conocía antecedentes de él, recordaba la imagen de los motines policiales y la de la fuga, con el malevo con su clásico sombrero de sheriff y y el cabo Vairetti  enarbolando  una ametralladora, manteniendo en vilo a la población. Empecé a investigar, y me encontré con que para poder explicar cómo había surgido un personaje como este, y cómo tenía semejante consenso, había que explicar la historia de Tucumán de los últimos 70 años. El libro es más que una biografía. La vida de él es una especie de línea conductora, que a veces está del lado de las consecuencias y a veces está del lado de las causas.

-¿En qué sentido?
- Porque, por ejemplo, él viene de una familia de cañeros independientes de Los Pereyra, al este de Tucumán. Era el tercero de cinco hermanos varones, que trabajaron muy duro cuando niños. El padre era un minifundista; tenía 500 surcos, y tiraba caña para un par de ingenios. Todos los problemas del azúcar los vivió la familia Ferreyra. Tan es así que cuando Onganía cierra los 11 ingenios, entre la gran diáspora de tucumanos están los padres de Ferreyra con los dos hermanos más chicos. Uno se encuentra con una policía adiestrada por el Ejército, pero ya de antes del Operativo Independencia, donde él se ofreció como voluntario. Era una policía que estaba al servicio de los dueños de los ingenios, y en contra de los sindicalistas.

- ¿Cómo era el "Malevo" en su trato personal?
- Depende con quiénes. Conmigo estaba chocho, porque yo estaba haciendo un libro sobre él. El tenía un gran ego y se sentía muy halagado de que una periodista de Buenos Aires escribiera un libro sobre él. En una de nuestras entrevistas, le pregunté quiénes eran las personas más allegadas a él, quiénes eran los que más lo conocían. Y vi que, salvo su amigo Juan Domínguez, nadie lo conocía del todo, ni sus mujeres. Unos le conocían un aspecto: otros, otro. Y él nunca juntó esos pedazos. El tenía una gran habilidad para fabricarse enemigos, y venderlos como tales.

-¿Qué le ha quedado en limpio de Tucumán, después de este libro?
- Me quedó en limpio que en una provincia con 707 desaparecidos ha faltado la capacidad de debate y de esclarecimiento. Creo que eso, en parte, explica por qué un personaje como el Malevo reúne tanto consenso.

- ¿Por qué se suicida?
-No es que estuviera especialmente deprimido. No se mata por depresión. Lo que me dice Eduardo Rosenzwaig, que en mi criterio hizo una interpretación brillante sobre este tema, y que no la voy a contar ahora, es que Ferreyra no se suicida, sino que se mata en un acto de combate. Incluso, la manera como él arma la puesta en escena y prepara ese suicidio; se sube a una torre y espera el momento en que entra la Gendarmería; que, por otra parte, entra caminando, no apuntando con las armas, como si fuera un operativo comando. Pero él vende la historia de esa manera; y tiene que ver también con el hecho de que había pasado su cuarto de hora. El soñaba con ser jefe de policía de Tucumán, pero ya no era el momento para él.

- ¿Le ha servido haber escrito con la mirada distanciada del forastero?
-Creo que sí, que me ha servido para no naturalizar las cosas, por ejemplo, el voto a Bussi. Creo que el hecho de no haber naturalizado me puede haber permitido ahondar en esas cosas.

- Hay un capítulo del libro al que usted titula "El jardín de los senderos que se entreveran". ¿A qué se refiere?
- Me sorprendió cómo el libro tiene personajes que se van cruzando, que aparecen y desaparecen, como los Ale y los "Gardelitos" o como el comando "Atila". Para dar una idea, yo estaba cerrando la corrección del libro, me faltaban corregir dos párrafos, y en el penúltimo párrafo hablaba del "niño" Gómez, integrante del comando Atila. Era el 12 de octubre, y justo en ese momento sale la información sobre el "niño"  Gómez, acusado de haber asesinado a Javier Chocobar, de la comunidad diaguita. Me llevé una sorpresa enorme y tuve que agregar un par de párrafos más.

- ¿Podría haber surgido en otra provincia un personaje como el "Malevo"?
- Me parece que no, y por varios motivos: una, la incidencia de la policía ha sido muy fuerte en la vida cotidiana de los ingenios, en una buena parte del siglo XX; igualmente fuerte ha sido la incidencia del Ejército. Otro motivo que yo he trabajado es el peso de los mitos populares en la cultura tucumana, como el del Familiar, que al fin de cuentas produce los primeros desaparecidos, ya mucho antes de 1974. El perfil del "Malevo", como el de los bandidos populares de Tucumán, no es el de los bandidos rurales convencionales.  Creo que ese tipo de mitos que existen en Tucumán han sido caldo de cultivo como para que la gente confíe en su honestidad.

Comentarios